Los venezolanos, desde Caracas hasta Apure, han suspendido abruptamente los festejos navideños para encerrarse en sus hogares, sumidos en una mezcla de silencio y un miedo palpable ante la incertidumbre que se cierne sobre el país. Tras la reciente captura de Nicolás Maduro, la euforia inicial ha dado paso a una profunda zozobra, alimentada por el resurgimiento de los temidos paramilitares chavistas, conocidos como colectivos, que patrullan las calles armados y sembrando temor. «Estamos asustados, no sabemos qué va a pasar», confiesa Marielbis, madre de dos hijas en Lara, reflejando el sentir nacional mientras las colas para comprar alimentos básicos se multiplican y la población busca refugio en casa, recordando el pánico vivido tras episodios de fraude y represión. La presencia de estos grupos armados en ciudades clave como Valencia y Maracaibo, pese a los llamados a la calma, refuerza la parálisis y la desconfianza generalizada.
Índice de Contenidos
El Miedo Silencioso: Calles Vacías y Compras de Pánico
La atmósfera en Venezuela ha cambiado drásticamente en los últimos días. Lo que debían ser jornadas de celebración y alegría navideña, que tradicionalmente se extienden hasta después del Día de Reyes, se han transformado en un ambiente de aprehensión y recogimiento forzado. La noticia de la captura de Nicolás Maduro, que inicialmente provocó una ola de esperanza y euforia en muchos sectores de la población, se ha visto rápidamente eclipsada por la incertidumbre y el resurgimiento de viejos temores. Las calles, que deberían estar llenas de música y reuniones familiares, ahora exhiben un silencio inquietante, interrumpido solo por el murmullo ansioso de quienes buscan provisiones.
Marielbis, una madre de 30 años con dos gemelas tiktokeras, resume el sentir general desde su municipio en el estado Lara, a tres horas de Caracas: «Estamos asustados, como dicen, en una zozobra, porque no sabemos qué va a pasar. Está todo el mundo desesperado comprando comida. Y después de gastar el día en las colas, todos nos encerramos. ¡Se acabó la parranda, todos enconchados!». Su testimonio refleja una situación que se repite a lo largo y ancho del país, donde la preocupación por el futuro inmediato ha desplazado cualquier atisbo de festividad. La memoria colectiva recuerda episodios previos de represión y escasez tras eventos políticos significativos, lo que amplifica la cautela actual.
Las escenas de personas haciendo largas colas para adquirir productos básicos se han vuelto cotidianas. Las conservas, como las latas de atún, y la emblemática Harina Pan, ingrediente fundamental de las arepas, son algunos de los productos más demandados. La gente busca abastecerse, anticipando posibles conflictos o interrupciones en el suministro. Este comportamiento de compra de pánico no solo es una respuesta a la crisis política, sino también un reflejo de la fragilidad económica que ha caracterizado a Venezuela durante años, donde la inflación y la escasez han sido una constante. La experiencia previa ha enseñado a los ciudadanos a estar preparados para lo peor, incluso cuando la esperanza de un cambio se vislumbra en el horizonte.
La caraqueña Jenny Lozano, trabajadora del sector salud, describe una situación similar en la capital: «Por aquí estamos contentos, obviamente que estamos contentos. Pero nada de celebración en la calle ni nada de eso, porque los colectivos revolucionarios están en las calles y tenemos que estar lo más resguardados posible. Hoy pudimos colocar gasolina y vamos ahorita a un supermercado. Hay colas en todos, pero en realidad vimos que avanzan rápido. Las panaderías también están abiertas». A pesar de la operatividad de algunos servicios esenciales, la cautela domina, y la alegría de un posible cambio se vive de puertas adentro, bajo la sombra de la vigilancia y el miedo.
- Abandono generalizado de festejos navideños por la incertidumbre política.
- Compras de pánico y largas colas para adquirir alimentos básicos como conservas y Harina Pan.
- Sentimiento de zozobra y miedo generalizado entre la población venezolana.
- Recuerdo de episodios pasados de represión y escasez tras eventos políticos.
- Celebraciones de puertas adentro debido a la presencia de grupos armados.
El Retorno de los Colectivos: ¿Seguridad o Amenaza?
Uno de los factores que más contribuye al ambiente de miedo y silencio en las calles venezolanas es la visible reaparición de los llamados «colectivos revolucionarios». Estos grupos, a menudo descritos como paramilitares al servicio del gobierno chavista, han vuelto a desplegarse en puntos estratégicos del país. Su presencia no es nueva; han sido históricamente utilizados para la represión de protestas y la intimidación de la población civil. Su actuación más reciente a sangre y fuego fue tras las elecciones del 28 de julio, cuando arremetieron contra jóvenes que protestaban por el presunto fraude electoral, consolidando su reputación de fuerza de choque leal al régimen.
Los colectivos, aunque no son numerosos en comparación con las fuerzas militares y policiales regulares, ejercen una influencia desproporcionada debido a su naturaleza violenta y su licencia para actuar con impunidad. Van armados, se movilizan en motocicletas haciendo rugir sus motores y se apostan en lugares públicos, como algunos negocios, generando una percepción de amenaza más que de seguridad. Su despliegue ha sido observado en importantes ciudades como Caracas, Valencia, Barquisimeto y Maracaibo, áreas clave para el control político y social. Este accionar contrasta fuertemente con los llamados a la normalidad realizados por figuras del alto mando militar, como el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa.
La historia de los colectivos en Venezuela se remonta a los inicios del chavismo, evolucionando de grupos de base comunitaria a organizaciones armadas con una agenda política y de control territorial. Su financiación y armamento son opacos, pero su lealtad al proyecto bolivariano es indiscutible. La población los percibe como una fuerza intimidatoria, capaz de actuar fuera de la ley con la anuencia del poder. Su retorno a las calles, especialmente tras la captura de Maduro, es interpretado como un mensaje claro de que, a pesar de los cambios en la cúpula, una parte del aparato de control sigue activa y dispuesta a defender el legado chavista por cualquier medio. Para comprender más sobre su origen y evolución, se puede consultar Wikipedia sobre los colectivos en Venezuela.
La presencia de estos grupos genera un dilema moral y de seguridad para los ciudadanos. Por un lado, la necesidad de un cambio es palpable; por otro, el miedo a las represalias es real y justificado. «Todos nos miramos como con cara de que lo logramos, pero no decimos nada», concluye Jenny, ilustrando perfectamente el ambiente de alegría contenida y silencio forzado. El temor a hablar, a celebrar abiertamente, o incluso a protestar, es una estrategia de supervivencia ante una fuerza que ha demostrado no dudar en usar la violencia para mantener el orden establecido por el chavismo.
- Reaparición de los colectivos chavistas, grupos paramilitares armados.
- Actuación previa de los colectivos en la represión de protestas.
- Despliegue en ciudades clave como Caracas, Valencia, Barquisimeto y Maracaibo.
- Contraste entre su presencia intimidatoria y los llamados a la normalidad.
- Percepción de los colectivos como una fuerza de choque leal al régimen.
Incertidumbre Regional: De Guatire a la Frontera con Colombia
La incertidumbre y el miedo no son fenómenos exclusivos de las grandes ciudades venezolanas, sino que se extienden a cada rincón del país, adoptando matices específicos según la región. En Guatire, una ciudad dormitorio cercana a Caracas, la maestra Jhilmaris Espinoza expresa una frustración profunda y un temor palpable a hablar libremente. «Para mí esto que pasó fue aún peor, porque igual quedaron los maduristas. Delcy sigue, Diosdado sigue, pero todo esto lo hablamos sólo en casa. Fuera, sólo hay silencio, nadie se atreve a protestar», se queja a este periódico. Su testimonio subraya la persistencia de figuras clave del chavismo en el poder, lo que alimenta la sensación de que, a pesar de la captura de Maduro, la estructura de control y represión sigue intacta, obligando a la población a mantener un perfil bajo y a la autocensura.
La situación en las zonas fronterizas presenta complejidades adicionales. Alejandra, residente de Apure, un estado limítrofe con Colombia, relata una realidad donde el Estado revolucionario comparte poder y territorio con grupos irregulares. «Hoy [por ayer] nos han sacado para hacer marchas a favor de Maduro, pero tenemos que hacer una cola super larga para comprar gasolina. Todo el mundo anda desesperado comprando cosas para comer, por si al final hay peo [conflicto]», desvela la joven, que trabaja en una finca de ganado de la zona. Este testimonio pone de manifiesto cómo la población es instrumentalizada para fines políticos, mientras sus necesidades básicas, como el acceso a la gasolina y los alimentos, siguen siendo una lucha diaria. La cohabitación con la guerrilla colombiana del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en estas zonas introduce un elemento adicional de inestabilidad y violencia, ya que estas organizaciones también tienen intereses y control territorial que podrían verse afectados por los recientes cambios políticos.
La presencia del ELN en la frontera venezolana no es un secreto, y su relación con el régimen chavista ha sido objeto de debate y denuncia internacional. Estos grupos no solo operan en actividades ilícitas como el narcotráfico y la minería ilegal, sino que también ejercen una forma de control social y político en las comunidades donde tienen influencia. En un escenario de vacío de poder o reconfiguración política tras la captura de Maduro, la dinámica en estas zonas podría volverse aún más volátil, afectando directamente la seguridad y el sustento de miles de venezolanos que residen en estas áreas vulnerables. Para más información sobre el ELN, se puede consultar la página de Wikipedia sobre el ELN.
La disparidad en las reacciones y las circunstancias entre las distintas regiones de Venezuela es notable. Mientras que en algunas áreas puede haber una esperanza latente de cambio, en otras, como Guatire, persiste la sensación de que las estructuras de poder se mantienen, y en la frontera, la amenaza de grupos armados y la obligación de participar en actos políticos forzados son la norma. Esta fragmentación de la experiencia nacional subraya la complejidad del desafío que enfrenta el país y la necesidad de soluciones diferenciadas que aborden las realidades locales y las influencias de actores externos.
- Persistencia de figuras clave del chavismo en el poder, generando escepticismo.
- Autocensura y miedo a protestar o hablar libremente en zonas como Guatire.
- Instrumentalización de la población en actos políticos forzados en Apure.
- Convivencia con grupos guerrilleros como el ELN en estados fronterizos.
- Lucha diaria por necesidades básicas como gasolina y alimentos en regiones vulnerables.
Entre la Euforia y la Realidad: El Futuro Incierto de Venezuela
El anuncio de los ataques estadounidenses y la subsiguiente captura de la pareja Maduro Flores desataron inicialmente una ola de euforia y esperanza entre muchos venezolanos. La posibilidad de un cambio real, después de años de crisis política, económica y social, se sintió tangible. Sin embargo, esa euforia inicial ha sido rápidamente absorbida por un mar de dudas y la cruda realidad de la situación en el terreno. La incertidumbre, el miedo y el silencio se han convertido en los denominadores comunes del estado de ánimo nacional. La pregunta que flota en el aire es: ¿qué pasará ahora? La respuesta no es sencilla y está cargada de múltiples interrogantes.
La cautela en la respuesta de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, descrita como «mesurada y hasta tímida» en comparación con sus habituales proclamas incendiarias, fue un indicio temprano de la complejidad de la situación. Si bien la detención de Maduro es un evento sísmico, la permanencia de otras figuras clave del chavismo, como la propia Delcy Rodríguez o Diosdado Cabello, sugiere que la estructura de poder no ha sido completamente desmantelada. Este hecho genera escepticismo y desconfianza en la población, que teme que los cambios sean superficiales o que deriven en una nueva fase de represión y control por parte de quienes aún ostentan el poder. Un comprador de atún en una panadería portuguesa expresaba sarcásticamente: «Nos tocará hablar en inglés entonces, ahora que vamos a ser parte de Estados Unidos», reflejando una mezcla de resignación y escepticismo ante los posibles escenarios futuros.
La comunidad internacional observa atentamente los acontecimientos en Venezuela. La intervención de Estados Unidos, aunque celebrada por algunos, también plantea interrogantes sobre la soberanía nacional y el camino hacia una transición democrática sostenible. La historia de intervenciones extranjeras en la región es compleja y a menudo ha tenido consecuencias imprevistas. El desafío ahora es cómo consolidar un cambio real que beneficie a la población venezolana, garantice la estabilidad y evite una escalada de violencia. La capacidad de los actores internos y externos para coordinar esfuerzos y establecer una hoja de ruta clara será crucial en los próximos días y semanas. La comunidad internacional, incluyendo organizaciones como la Organización de los Estados Americanos (OEA), seguramente desempeñará un papel en el monitoreo y la posible mediación.
El «madrugonazo del sábado», como se describe el anuncio de la detención, ha dejado a la población en un limbo. Por un lado, la esperanza de un futuro mejor se ha encendido; por otro, la sombra de los colectivos, la persistencia de la cúpula chavista y la incertidumbre sobre la respuesta del ejército y las instituciones, mantienen a la gente en un estado de alerta. La expectación se mezcla con el temor a que la situación pueda degenerar en un conflicto aún mayor. El silencio en las calles no es solo una señal de miedo, sino también de una profunda reflexión sobre el futuro del país, un futuro que, por primera vez en mucho tiempo, parece abierto, pero también peligrosamente incierto.
- Transformación de la euforia inicial en dudas y escepticismo.
- Permanencia de figuras clave del chavismo en el poder, generando desconfianza.
- Incertidumbre sobre la soberanía nacional tras la intervención extranjera.
- Necesidad de consolidar un cambio real y sostenible en el país.
- La población en un estado de limbo entre la esperanza y el temor a la escalada de conflicto.
Preguntas Frecuentes
¿Qué ha provocado el miedo y la incertidumbre en Venezuela?
La captura de Nicolás Maduro, los ataques estadounidenses que la precedieron y la posterior reaparición de los paramilitares chavistas (colectivos) en las calles han generado un ambiente de miedo y gran incertidumbre. La población teme por el futuro y por posibles represalias.
¿Quiénes son los colectivos chavistas y por qué son temidos?
Los colectivos chavistas son grupos armados, a menudo descritos como paramilitares, leales al régimen. Son temidos por su historial de violencia y represión contra opositores, operando con impunidad. Su presencia en las calles infunde temor y silencia la protesta.
¿Cómo ha reaccionado la población venezolana a la captura de Maduro?
Inicialmente, hubo euforia y esperanza de cambio. Sin embargo, esta emoción fue rápidamente reemplazada por incertidumbre, miedo y silencio. La gente se ha encerrado en casa, abandonando los festejos navideños y realizando compras de pánico ante un futuro incierto.
¿Cuál es la situación en las regiones fronterizas como Apure?
En regiones fronterizas como Apure, la situación es aún más compleja. Además de la incertidumbre general, la población debe lidiar con la presencia de grupos irregulares como el ELN y, en algunos casos, son forzados a participar en actos políticos, todo ello mientras enfrentan escasez.
¿Por qué la población habla en silencio sobre estos eventos?
El silencio es una estrategia de supervivencia. La persistencia de figuras chavistas en el poder y la presencia intimidatoria de los colectivos hacen que la gente tema represalias por expresar sus opiniones o celebrar abiertamente. La autocensura es una respuesta directa al miedo.
¿Qué significa el abandono de los festejos navideños para Venezuela?
El abandono de los festejos navideños, que suelen extenderse hasta después de Reyes, es un indicador sombrío de la gravedad de la crisis. Refleja un profundo estado de zozobra, donde la preocupación por la seguridad y el futuro ha eclipsado cualquier espíritu festivo tradicional.
Conclusión
La captura de Nicolás Maduro ha sumido a Venezuela en un complejo panorama de incertidumbre y miedo. La euforia inicial por la posibilidad de un cambio ha sido mitigada por la cruda realidad de la persistencia de estructuras de poder chavistas y la reaparición de los temidos colectivos paramilitares. El silencio en las calles, el abandono de las festividades navideñas y las compras de pánico son síntomas de una sociedad en zozobra, que navega entre la esperanza de una nueva era y el temor a la repetición de ciclos de represión y escasez. Las particularidades regionales, desde el control de grupos armados en la frontera hasta la autocensura en las ciudades dormitorio, demuestran la complejidad del desafío.
El futuro de Venezuela es, en este momento, un lienzo en blanco, lleno de interrogantes. La capacidad de los actores políticos internos para consolidar una transición pacífica y democrática, y el rol de la comunidad internacional en apoyar este proceso, serán determinantes. La población, aunque cautelosa y asustada, mantiene una llama de esperanza, esperando que el silencio y el miedo den paso a una verdadera paz y estabilidad. Los próximos días y semanas serán cruciales para definir el rumbo de una nación que anhela desesperadamente un cambio significativo y duradero.
Palabras clave: Venezuela, colectivos chavistas, captura Maduro, miedo, incertidumbre, paramilitares, crisis venezolana, festejos navideños.