Tras la inesperada caída de Nicolás Maduro, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, delineó este domingo la compleja y pragmática estrategia de Washington para Venezuela, defendiendo una cooperación a corto plazo con Delcy Rodríguez y el chavismo, a quienes considera interlocutores viables para la transición. Rubio, señalado por Donald Trump como figura clave en el futuro venezolano, enfatizó que, aunque reconoce el liderazgo de María Corina Machado como «fantástica», la «triste realidad» es que la mayoría de la oposición ya no está presente en el país. Esta situación obliga a EE.UU. a abordar «asuntos a corto plazo» con los actores actuales, aunque el objetivo final sea un cambio radical «social y político» bajo la dirección estadounidense, considerando las elecciones como «prematuras» en este momento de incertidumbre.
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La Nueva Realidad en Venezuela y el Rol de Marco Rubio
La caída de Nicolás Maduro, ocurrida apenas un día antes de las declaraciones de Marco Rubio, ha abierto un nuevo capítulo en la turbulenta historia política de Venezuela. Este domingo, 4 de enero de 2026, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, emergió como una figura central en la configuración del futuro del país sudamericano, una responsabilidad que le había sido directamente atribuida por el presidente Donald Trump el día anterior. La administración estadounidense ha dejado claro que su objetivo primordial es un «cambio de rumbo» a nivel «social y político» en Venezuela, y Rubio ha comenzado a trazar las líneas maestras de cómo se espera lograr esta transformación.
En declaraciones a la cadena CBS, Rubio sorprendió al legitimar a Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela y sucesora constitucional tras la salida de Maduro, como una interlocutora válida para negociaciones. Esta postura marca un giro significativo en la política exterior de EE.UU. hacia Venezuela, que durante años mantuvo una línea de no reconocimiento de la legitimidad del régimen chavista. La clave de esta distinción, según Rubio, radica en la diferencia entre Maduro y Rodríguez. «La diferencia es que la persona que estaba a cargo (Maduro), aunque no legítimamente en el pasado, no era alguien con quien se pudiera trabajar. Simplemente no podíamos trabajar con él», manifestó Rubio, subrayando una frustración acumulada por la falta de cumplimiento de acuerdos por parte del expresidente.
Esta declaración no solo otorga una legitimidad tácita a Rodríguez en el contexto de la transición, sino que también señala un pragmatismo estratégico por parte de Washington. La incapacidad de trabajar con Maduro, descrita por Rubio como una barrera insuperable, contrasta con la aparente disposición a entablar diálogo con la actual vicepresidenta. Esta apertura sugiere que EE.UU. está priorizando la estabilidad y la posibilidad de un avance, por mínimo que sea, sobre la adhesión estricta a principios de no reconocimiento que caracterizaron la era anterior. La urgencia de la situación en Venezuela, sumida en una profunda crisis, parece haber catalizado esta reevaluación de las tácticas diplomáticas.
El rol de Rubio, como el principal diplomático de EE.UU. y una voz influyente en la política exterior hacia América Latina, se vuelve crucial en este delicado momento. Su capacidad para articular una estrategia que combine la presión externa con la apertura a ciertos actores internos del chavismo definirá, en gran medida, los próximos pasos de la transición venezolana. La designación por parte del presidente Trump lo posiciona como el arquitecto de esta nueva fase, con la tarea de navegar un terreno político extremadamente complejo y volátil, donde los intereses de EE.UU. y las necesidades de Venezuela deben encontrar un punto de convergencia.
- Marco Rubio asume un papel central en la transición venezolana tras la caída de Maduro.
- EE.UU. busca un «cambio de rumbo social y político» en Venezuela.
- Delcy Rodríguez es considerada una interlocutora viable para negociaciones, a diferencia de Maduro.
- El pragmatismo estadounidense prioriza la posibilidad de avance sobre el no reconocimiento.
- Rubio es el arquitecto de la nueva fase de la política exterior hacia Venezuela.
Cooperación con el Chavismo: Una Estrategia de Corto Plazo
La defensa de Marco Rubio de una cooperación con el chavismo, específicamente con Delcy Rodríguez, no es una aceptación de la ideología o del sistema, sino una estrategia pragmática dictada por la «realidad inmediata» post-Maduro. En una entrevista en la NBC, el secretario de Estado explicó que si bien figuras como María Corina Machado y el movimiento opositor son valorados y conocidos por él, las circunstancias actuales exigen un enfoque diferente. «María Corina Machado es fantástica, y es alguien a quien conozco desde hace mucho tiempo, al igual que todo el movimiento (opositor), pero estamos lidiando con la realidad inmediata», afirmó Rubio, encapsulando la difícil disyuntiva entre ideales y pragmatismo político.
La «realidad inmediata» a la que se refiere Rubio es contundente: «desafortunadamente, y tristemente, la gran mayoría de la oposición ya no está presente en Venezuela. Tenemos asuntos a corto plazo que deben abordarse de inmediato». Esta ausencia de una oposición cohesionada y con capacidad operativa dentro del país, a raíz de años de represión, exilio y fragmentación, ha forzado a Washington a reconsiderar sus opciones. La estrategia de EE.UU. parece ser la de estabilizar la situación y sentar las bases para un cambio más profundo, incluso si eso implica interactuar con elementos del mismo sistema que ha criticado durante años. Este enfoque es un reconocimiento tácito de que, sin actores internos con quienes negociar, cualquier intento de transición sería inviable o mucho más violento.
Los «asuntos a corto plazo» que necesitan ser abordados de inmediato son multifacéticos. Podrían incluir la estabilización de la situación política tras la salida de Maduro, la prevención de un vacío de poder que podría degenerar en mayor caos, la gestión de la crisis humanitaria que aún asola al país, y la garantía de la seguridad regional, particularmente en lo que respecta a la migración y el crimen organizado. La cooperación con Delcy Rodríguez, por lo tanto, no se ve como una validación de su régimen, sino como un medio para alcanzar estos objetivos críticos y urgentes, mientras se planifica una transición más integral a largo plazo.
Este enfoque, aunque controvertido para algunos sectores de la oposición venezolana y analistas internacionales, subraya la prioridad de EE.UU. en la estabilidad y la seguridad regional. La experiencia de años de sanciones y presión sin un cambio de régimen efectivo ha llevado a una reevaluación de las herramientas diplomáticas. La política de «máxima presión» ha evolucionado hacia una estrategia que busca, en primera instancia, desmantelar la estructura de poder más recalcitrante (Maduro) y luego trabajar con los elementos restantes que muestren alguna apertura, por limitada que sea, hacia un futuro diferente para Venezuela. La mención de María Corina Machado y la oposición, aunque con reservas sobre su presencia actual en el país, también sirve para mantener vivas las aspiraciones democráticas a largo plazo.
- La cooperación con el chavismo es una estrategia pragmática de corto plazo.
- Marco Rubio reconoce a María Corina Machado como «fantástica», pero lamenta la ausencia de la oposición en Venezuela.
- La «realidad inmediata» fuerza a EE.UU. a interactuar con los actores internos disponibles.
- Los «asuntos a corto plazo» incluyen la estabilización y la gestión de la crisis humanitaria.
- Este enfoque busca sentar las bases para una transición más profunda.
La Oposición Venezolana y el Camino a la Transición
La situación de la oposición venezolana es un punto crítico en la estrategia delineada por Marco Rubio. Aunque el secretario de Estado expresó admiración por María Corina Machado y su movimiento, sus palabras revelan una dura verdad sobre la capacidad actual de la oposición para liderar una transición desde dentro del país. La frase «la gran mayoría de la oposición ya no está presente en Venezuela» es un reconocimiento de las profundas consecuencias de la represión política, el exilio masivo y la fragmentación interna que han debilitado significativamente a las fuerzas democráticas en el terreno. Este diagnóstico subraya la razón por la cual EE.UU. se ve compelido a buscar alternativas pragmáticas en el corto plazo.
En cuanto a la posibilidad de unas elecciones, una demanda central de muchos países y actores internacionales tras el «fraude del 28-J» de 2025, Rubio fue cauteloso y categórico: es «prematuro en este momento» porque «queda mucho trabajo por delante». Esta afirmación sugiere que, si bien las elecciones son un componente fundamental de una futura democracia, no son la prioridad inmediata para EE.UU. en esta fase de transición. La administración estadounidense parece creer que se deben establecer ciertas condiciones fundamentales de seguridad, estabilidad y gobernabilidad antes de que unos comicios puedan ser considerados justos y libres, y por ende, legítimos. La mención del 28-J y la victoria de Edmundo González, cuyo nombre no ha sido citado directamente por Rubio, resalta la complejidad y el escepticismo en torno a procesos electorales bajo las estructuras chavistas preexistentes.
Las prioridades de EE.UU. en esta etapa inicial se centran en aspectos fundamentales de seguridad y bienestar, más allá de la instauración inmediata de un proceso electoral. «Nos importan las elecciones, nos importa la democracia (…) Pero lo que más nos importa, ante todo, es la seguridad, el bienestar y la prosperidad de Estados Unidos», añadió Rubio. Esta declaración pone de manifiesto que los intereses nacionales de EE.UU., que incluyen la estabilidad regional, la contención de flujos migratorios masivos, la lucha contra el narcotráfico y la seguridad energética, son los motores principales de su política hacia Venezuela. La democracia y las elecciones son objetivos a largo plazo, pero supeditados a la consecución de una base de estabilidad.
La aparente relegación de las elecciones a un segundo plano, al menos temporalmente, y la mención de María Corina Machado pero no para liderar el país en esta etapa, refuerzan la idea de que EE.UU. se ve a sí mismo como el principal gestor de la «dirección» de Venezuela. Esta postura, ya anticipada por el presidente Trump, implica una intervención activa en la configuración del futuro político venezolano, aunque sin despliegue de tropas, como aclaró Rubio. La estrategia es influir en las decisiones de los «otras personas a cargo del aparato militar y policial allí (en Venezuela)» para que elijan una «dirección diferente a la que eligió Nicolás Maduro», esperando que esto conduzca a una «transición integral». Este enfoque subraya la dificultad de una solución puramente interna para Venezuela y la necesidad de un catalizador externo fuerte.
- Rubio lamenta la ausencia de la mayoría de la oposición venezolana en el país.
- Las elecciones son consideradas «prematuras» por EE.UU. en esta etapa.
- Las prioridades de EE.UU. son la seguridad, el bienestar y la prosperidad de su propio país.
- EE.UU. busca gestionar la «dirección» de Venezuela, sin despliegue de tropas.
- Se espera que los nuevos líderes militares y policiales elijan un camino diferente al de Maduro.
La Dirección de EE.UU. y la Presión Continua sobre Venezuela
La visión de Marco Rubio para Venezuela es clara: EE.UU. no solo busca un cambio, sino que activamente gestionará la «dirección» que tome el país. En la misma entrevista con NBC News, el secretario de Estado enfatizó que, aunque no hay tropas estadounidenses en territorio venezolano, la influencia de Washington será determinante. La estrategia se basa en presionar a los nuevos líderes del aparato militar y policial para que tomen decisiones que se alineen con los objetivos de EE.UU. «Ahora hay otras personas a cargo del aparato militar y policial allí (en Venezuela). Tendrán que decidir ahora qué dirección quieren tomar, y esperamos que elijan una dirección diferente a la que eligió Nicolás Maduro. En última instancia, esperamos que esto conduzca a una transición integral en Venezuela», agregó Rubio.
Esta declaración revela una estrategia de influencia indirecta pero contundente. Al reconocer que el control efectivo reside en el aparato militar y policial, EE.UU. busca persuadir a estos actores clave de que el camino de Maduro era insostenible y que un cambio de rumbo es en su propio interés y en el del país. La «transición integral» a la que se refiere Rubio no se limita a un mero cambio de persona en el poder, sino a una reestructuración profunda de las instituciones y políticas venezolanas que aborden los problemas subyacentes que llevaron a la crisis actual. Esto implica una transformación que va más allá de lo superficial, buscando una Venezuela más estable, democrática y próspera.
La presión de EE.UU. sobre Venezuela no cesará hasta que estos problemas estructurales sean abordados de manera efectiva. «Hasta que Venezuela aborde los problemas que tenía bajo el Gobierno de Maduro, que aún persisten, seguirá enfrentando presión por parte de EE.UU.», insistió el secretario de Estado. Esta continuidad en la presión es un mecanismo para asegurar que los nuevos actores en el poder no solo se desmarquen del legado de Maduro, sino que implementen reformas genuinas. La amenaza de mantener las sanciones y otras medidas coercitivas sirve como un incentivo para la cooperación y el cambio, dejando claro que la relación bilateral está condicionada a avances concretos.
Además de la presión política y diplomática, EE.UU. ha confirmado que seguirá empleando medidas de seguridad y control, incluso con el uso de la fuerza si es necesario. Rubio confirmó que EE.UU. continuará «atacando narcolanchas e incautando petroleros si es necesario». Estas acciones son parte de una política más amplia de combate al crimen organizado transnacional y de interrupción de las fuentes de financiación ilícita que han sostenido al régimen chavista. La intersección entre la política exterior, la seguridad nacional y la lucha contra el narcotráfico es evidente en esta estrategia, donde la desestabilización de las redes criminales se considera esencial para la promoción de la estabilidad y la gobernabilidad en Venezuela. La prioridad final, reiterada por Rubio, es y seguirá siendo «la seguridad, el bienestar y la prosperidad de EE.UU.», un principio rector que guía todas las decisiones de Washington respecto a la transición venezolana.
- EE.UU. busca gestionar la «dirección» de Venezuela a través de la influencia sobre el aparato militar y policial.
- El objetivo es una «transición integral» que aborde los problemas estructurales del país.
- La presión de EE.UU. continuará hasta que se logren reformas genuinas.
- EE.UU. seguirá combatiendo el narcotráfico y confiscando petroleros si es necesario.
- La seguridad y prosperidad de EE.UU. son la prioridad fundamental en la política hacia Venezuela.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué EE.UU. considera negociar con Delcy Rodríguez después de la caída de Maduro?
Marco Rubio indicó que, a diferencia de Maduro, Delcy Rodríguez es vista como alguien con quien se puede trabajar y negociar acuerdos. Esta postura es una estrategia pragmática para abordar «asuntos a corto plazo» y sentar las bases para una transición, dada la ausencia de una oposición fuerte en Venezuela.
¿Cuál es la postura de Marco Rubio sobre María Corina Machado y la oposición venezolana?
Rubio considera a María Corina Machado «fantástica» y reconoce al movimiento opositor. Sin embargo, lamenta que la «gran mayoría de la oposición ya no está presente en Venezuela», lo que limita su capacidad para liderar la transición inmediata y obliga a EE.UU. a buscar otras vías.
¿Cuándo se esperan elecciones en Venezuela según EE.UU.?
El secretario de Estado Marco Rubio ha calificado la idea de celebrar elecciones en Venezuela como «prematura en este momento». Argumenta que «queda mucho trabajo por delante» y que las prioridades inmediatas de EE.UU. son la seguridad, el bienestar y la prosperidad, antes que los comicios.
¿Qué significa el «cambio de rumbo social y político» que busca EE.UU. en Venezuela?
El «cambio de rumbo» implica una transformación integral que aborde los problemas estructurales de Venezuela bajo el gobierno de Maduro. EE.UU. busca que los nuevos líderes del aparato militar y policial elijan una dirección diferente, que conduzca a una Venezuela más estable, democrática y próspera a largo plazo.
¿Seguirá EE.UU. aplicando presión sobre Venezuela después de la salida de Maduro?
Sí, Marco Rubio ha confirmado que la presión de EE.UU. sobre Venezuela continuará «hasta que Venezuela aborde los problemas que tenía bajo el Gobierno de Maduro, que aún persisten». Esto incluye la posibilidad de seguir atacando narcolanchas e incautando petroleros si es necesario, como parte de la estrategia.
¿Desplegará Estados Unidos tropas en Venezuela para gestionar la transición?
Marco Rubio aclaró en su entrevista que EE.UU. no mantiene tropas en territorio venezolano. La gestión de la «dirección» de Venezuela se realizará a través de la influencia política y diplomática sobre los nuevos responsables del aparato militar y policial, sin una intervención militar directa.
Conclusión
La estrategia delineada por el secretario de Estado Marco Rubio marca un giro pragmático en la política de EE.UU. hacia Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro. Reconociendo la compleja «realidad inmediata» y la debilitada presencia de la oposición dentro del país, Washington ha optado por una vía de cooperación a corto plazo con figuras del chavismo como Delcy Rodríguez, a quien considera una interlocutora viable. Este enfoque, aunque distante de las aspiraciones democráticas inmediatas, busca estabilizar la situación y sentar las bases para un cambio más profundo, dejando claro que el objetivo final es una «transición integral» y un «cambio de rumbo social y político».
Sin embargo, la hoja de ruta estadounidense no es una renuncia a sus principios, sino una reconfiguración de sus tácticas. Las elecciones se consideran «prematuras» por ahora, y la prioridad se centra en la seguridad y el bienestar, tanto de Venezuela como de EE.UU. La influencia de Washington se ejercerá sobre el aparato militar y policial venezolano, esperando que tomen una dirección diferente a la de Maduro. La presión, incluyendo acciones contra el narcotráfico y el comercio ilícito, continuará hasta que los problemas estructurales del país sean abordados. Este escenario dibuja una transición larga y compleja, donde EE.UU. se posiciona como el gestor principal de los cambios, en un intento por guiar a Venezuela hacia un futuro más estable y democrático, aunque el camino sea tortuoso y requiera alianzas inesperadas.
Palabras clave: Marco Rubio, Venezuela, Chavismo, Transición Venezuela, María Corina Machado, Política Exterior EE.UU.