El líder supremo de Irán, Ali Jamenei, ha emitido una contundente orden para actuar con mano dura contra los «disturbios» que han sacudido el país recientemente, instando a las autoridades a «poner en su sitio» a los alborotadores. Durante un acto conmemorativo por el sexto aniversario de la muerte del general Qasem Soleimani, el 3 de enero de 2026, Jamenei calificó estas acciones como intentos de desestabilizar la República Islámica y atribuyó la responsabilidad a «actores de países enemigos», en clara alusión a Israel y Estados Unidos. Aunque reconoció las legítimas protestas de comerciantes por la deteriorada situación económica, el líder supremo enfatizó la necesidad de distinguir entre los manifestantes genuinos y aquellos que, bajo su percepción, buscan provocar inseguridad y atentar contra el sistema islámico, aprovechándose de la coyuntura de descontento social. Las protestas, inicialmente lideradas por comerciantes del Gran Bazar de Teherán, se han extendido rápidamente por decenas de ciudades.
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La Firmeza del Líder Supremo ante la Inseguridad
El líder supremo de Irán, Ali Jamenei, ha emitido una clara directriz para que las autoridades del país actúen con una firmeza inquebrantable frente a lo que él describe como «disturbios» y «actos de destrucción». En un discurso pronunciado durante la conmemoración del sexto aniversario de la muerte del general de la Guardia Revolucionaria, Qasem Soleimani, Jamenei subrayó la importancia de mantener el orden y la seguridad en la nación. Su llamado a «poner en su sitio» a los alborotadores refleja una postura intransigente contra cualquier intento de desestabilización que, según él, busca socavar los cimientos de la República Islámica.
Jamenei no dudó en señalar a fuerzas externas como los instigadores de estos disturbios, considerándolos «actores de países enemigos». Hizo una alusión directa a Israel y Estados Unidos, a quienes acusa de instrumentalizar las protestas internas para sus propios fines geopolíticos. Esta narrativa de injerencia extranjera es una constante en el discurso oficial iraní, especialmente en momentos de tensión interna, y sirve para consolidar el apoyo a la cúpula dirigente y deslegitimar la disidencia, presentándola como una amenaza patrocinada desde el exterior.
El líder supremo enfatizó que es inaceptable que «algunas personas, bajo diversos títulos y nombres, actúen con el objetivo de destruir y generar inseguridad, colocándose detrás de comerciantes creyentes y revolucionarios y abusando de sus protestas para provocar disturbios». Esta declaración evidencia la preocupación del régimen por la capacidad de las protestas legítimas de ser cooptadas o transformadas en movimientos más amplios de descontento político. La referencia a los comerciantes como «creyentes y revolucionarios» busca establecer una distinción entre los manifestantes genuinos y aquellos considerados agentes externos.
Para Jamenei, la situación es «verdaderamente grave» cuando «un grupo de individuos incitados, mercenarios del enemigo, se coloquen detrás de los comerciantes y lancen consignas contra el islam, contra Irán y contra la República Islámica». Esta retórica subraya la gravedad con la que el régimen percibe cualquier desafío a su autoridad y a sus principios fundacionales. La asociación de la disidencia con la traición y la conspiración extranjera es una herramienta poderosa para justificar la represión y movilizar a las bases leales al sistema.
- Ali Jamenei ordena mano dura contra los «disturbios».
- Acusa a «países enemigos» como Israel y EE. UU. de instigar la inestabilidad.
- Distingue entre comerciantes legítimos y «mercenarios del enemigo».
- Considera inaceptable el abuso de las protestas para generar inseguridad.
- Reafirma la necesidad de proteger los principios de la República Islámica.
Disturbios y Protestas: Un Análisis de las Motivaciones
Las recientes movilizaciones en Irán presentan una compleja dinámica que requiere una cuidadosa distinción entre los distintos grupos y sus motivaciones. Aunque el líder supremo Ali Jamenei ha condenado enérgicamente a los «alborotadores» y los ha vinculado con intereses extranjeros, también ha instado a las autoridades a diferenciar entre estos y los comerciantes que han salido a las calles para protestar por el deterioro de la situación económica del país. Esta matización sugiere un reconocimiento implícito de las causas socioeconómicas subyacentes que alimentan el descontento popular.
Las protestas se iniciaron el domingo pasado en el Gran Bazar de Teherán, un centro neurálgico del comercio iraní y un barómetro tradicional del pulso económico y social del país. Lo que comenzó como una manifestación de comerciantes afectados por la inflación y la devaluación del rial, rápidamente trascendió su origen gremial. En cuestión de días, las concentraciones se extendieron a otras urbes y barrios de la capital, involucrando a diversos sectores de la sociedad que comparten un malestar generalizado por la situación económica.
La rápida propagación de las movilizaciones indica que el descontento va más allá de las preocupaciones específicas de los comerciantes. Si bien el bazar ha sido históricamente un actor influyente y conservador, su participación en las protestas envía un mensaje potente sobre la amplitud del desafío económico que enfrenta el gobierno. La frase de Jamenei, «No se puede confrontar a la República Islámica ni al sistema islámico en nombre del bazar y de los comerciantes», revela la preocupación del régimen por la legitimidad que las protestas podrían adquirir si se perciben como un movimiento amplio y orgánico respaldado por un sector tradicionalmente conservador.
En las manifestaciones, se han coreado consignas que van más allá de las demandas económicas, dirigiéndose directamente contra la República Islámica. Esto es lo que Jamenei considera inaceptable y lo que atribuye a la injerencia de «mercenarios del enemigo». Sin embargo, la dificultad para discernir entre las quejas legítimas y la supuesta agenda de desestabilización extranjera complica la respuesta del gobierno, que debe equilibrar la necesidad de controlar el orden público con el riesgo de alienar a segmentos importantes de la población que sufren las consecuencias de la crisis.
- Jamenei pide distinguir entre alborotadores y comerciantes genuinos.
- Las protestas se originaron en el Gran Bazar de Teherán por motivos económicos.
- Se extendieron rápidamente a decenas de ciudades y diversos sectores sociales.
- Se han escuchado consignas directas contra la República Islámica.
- La participación del bazar es un indicador clave del descontento generalizado.
La Profunda Crisis Económica de Irán y sus Implicaciones
Las protestas que han sacudido Irán no pueden entenderse plenamente sin considerar el telón de fondo de una profunda y persistente crisis económica. El país atraviesa un periodo de severas dificultades financieras, que se manifiestan en indicadores macroeconómicos alarmantes. La inflación es uno de los problemas más acuciantes, afectando directamente el poder adquisitivo de los ciudadanos y el costo de vida diario. En el último año, la inflación anual ha alcanzado un preocupante 42%, pulverizando los ahorros y dificultando la subsistencia de muchas familias.
Más allá de la inflación anual, la situación se agrava al observar la inflación punto a punto, que en diciembre superó el 52% respecto al mismo periodo del año anterior. Este indicador refleja la velocidad a la que los precios de bienes y servicios están aumentando en un corto lapso, generando una enorme incertidumbre económica y erosionando la confianza en el futuro. Los comerciantes, en particular, se ven atrapados entre el aumento de los costos de los productos y la disminución del poder de compra de sus clientes.
Otro factor crucial en la crisis es la devaluación constante del rial, la moneda nacional iraní. La debilidad del rial tiene múltiples efectos negativos, encareciendo las importaciones, aumentando la deuda externa y disminuyendo el valor de los ingresos y ahorros de los ciudadanos. Esta devaluación está directamente relacionada con las sanciones internacionales impuestas sobre Teherán, principalmente por Estados Unidos y la ONU, debido a su controvertido programa nuclear. Estas sanciones restringen severamente la capacidad de Irán para comerciar internacionalmente, acceder a mercados financieros y vender su petróleo, su principal fuente de ingresos.
La combinación de alta inflación, devaluación monetaria y el impacto de las sanciones crea un círculo vicioso que dificulta enormemente la recuperación económica. Los pequeños comerciantes y los trabajadores son los más afectados por esta situación, lo que los empuja a la desesperación y, en muchos casos, a la protesta. La crisis económica no solo genera descontento social, sino que también pone a prueba la legitimidad y la capacidad del gobierno para abordar los problemas fundamentales que afectan a su población, intensificando la presión sobre el liderazgo político y religioso del país.
- Irán enfrenta una crisis económica con una inflación anual del 42%.
- La inflación punto a punto en diciembre superó el 52%.
- El rial se devalúa constantemente, afectando el poder adquisitivo.
- Las sanciones de EE. UU. y la ONU por el programa nuclear son un factor clave.
- La crisis genera descontento social y presiona al gobierno iraní.
Represión y Víctimas: El Costo Humano de la Disidencia
Las movilizaciones en Irán, aunque inicialmente pacíficas en su origen, han escalado en tensión y, lamentablemente, han dejado un rastro de víctimas. En los primeros seis días de estas protestas, que se extendieron desde el Gran Bazar de Teherán a otras decenas de ciudades, al menos ocho personas han perdido la vida en enfrentamientos directos con las fuerzas de seguridad del Estado. Esta cifra, proporcionada por la ONG opositora Hrana, con sede en Estados Unidos, subraya la gravedad de la respuesta oficial a la disidencia y el alto costo humano de la represión.
Los reportes de la ONG Hrana y de otros activistas que han difundido material a través de redes sociales ofrecen una ventana a la brutalidad de los encuentros entre manifestantes y fuerzas antimotines. En varios vídeos que han circulado ampliamente, se pueden escuchar disparos de las fuerzas de seguridad dirigidos contra los participantes en las protestas. Estas imágenes, aunque difíciles de verificar de forma independiente en un entorno de estricto control informativo, son consistentes con patrones previos de respuesta a grandes manifestaciones en Irán.
La existencia de víctimas mortales y el uso de fuerza letal por parte de las fuerzas de seguridad intensifican el ciclo de violencia y desconfianza. Cada vida perdida en las calles no solo genera indignación entre los manifestantes, sino que también endurece la postura de las autoridades, que a menudo justifican la represión como una medida necesaria para restaurar el orden y proteger la seguridad nacional frente a lo que perciben como amenazas internas y externas. La postura del líder supremo, Ali Jamenei, al calificar a algunos manifestantes de «mercenarios del enemigo», refuerza esta narrativa.
La información sobre las víctimas y los enfrentamientos es crucial para entender la magnitud del desafío que enfrenta el gobierno iraní. La disparidad entre las cifras oficiales, si las hubiera, y los informes de organizaciones como Hrana, pone de manifiesto la opacidad en la gestión de este tipo de crisis. La comunidad internacional y los grupos de derechos humanos monitorean de cerca la situación, instando a la contención y al respeto de los derechos fundamentales de los ciudadanos, mientras la tensión sigue creciendo en las calles de Irán.
- Al menos ocho personas han muerto en seis días de movilizaciones.
- Las muertes ocurrieron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
- La ONG opositora Hrana (EE. UU.) ha reportado las víctimas.
- Vídeos en redes sociales muestran disparos de fuerzas antimotines.
- La represión con víctimas aumenta la tensión y la indignación.
Preguntas Frecuentes
¿Quién es Ali Jamenei y cuál es su rol en Irán?
Ali Jamenei es el líder supremo de Irán, la máxima autoridad política y religiosa del país. Su cargo le otorga un poder considerable sobre todas las ramas del gobierno, incluyendo la política exterior, la defensa y el poder judicial. Es la figura central en la toma de decisiones estratégicas.
¿Cuál fue el motivo inicial de las protestas en Irán?
Las protestas se iniciaron principalmente por el descontento de los comerciantes del Gran Bazar de Teherán y otros centros comerciales debido al deterioro de la situación económica, marcada por una elevada inflación y la devaluación del rial. Posteriormente, se unieron otros sectores de la sociedad.
¿Qué países acusa Irán de estar detrás de los «disturbios»?
El líder supremo Ali Jamenei ha acusado directamente a «países enemigos», haciendo alusión específica a Israel y Estados Unidos, de incitar y apoyar a los «alborotadores» con el objetivo de desestabilizar la República Islámica y aprovecharse de las legítimas protestas económicas.
¿Cómo ha afectado la crisis económica a los ciudadanos iraníes?
La crisis económica ha impactado gravemente a los iraníes a través de una inflación anual del 42% (y 52% punto a punto), lo que ha reducido drásticamente su poder adquisitivo. La devaluación del rial y las sanciones internacionales también han encarecido productos básicos y limitado las oportunidades económicas.
¿Cuántas víctimas se han reportado en las protestas?
Según la ONG opositora Hrana, al menos ocho personas han perdido la vida en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad durante los primeros seis días de movilizaciones. Se han difundido vídeos que muestran a las fuerzas antimotines disparando contra los manifestantes en diversas ciudades.
¿Qué papel juegan las sanciones internacionales en la economía iraní?
Las sanciones impuestas por Estados Unidos y la ONU, principalmente por el programa nuclear de Teherán, han sido un factor determinante en la crisis económica. Han limitado la capacidad de Irán para exportar petróleo y acceder a los mercados financieros globales, presionando fuertemente al rial y a la economía en general.
Conclusión
La orden del líder supremo Ali Jamenei de actuar con mano dura contra los «disturbios» en Irán subraya la gravedad de la situación que atraviesa la nación. En un contexto de profundas dificultades económicas, marcadas por una inflación descontrolada y la devaluación del rial, las protestas inicialmente lideradas por comerciantes se han transformado en un reflejo de un descontento social más amplio. El régimen iraní, al tiempo que reconoce las quejas legítimas de los comerciantes, insiste en la narrativa de la injerencia extranjera, particularmente de Estados Unidos e Israel, para deslegitimar los desafíos a su autoridad.
La respuesta de las autoridades, que ha incluido el uso de la fuerza y ha resultado en la muerte de al menos ocho personas según informes de la ONG Hrana, pone de manifiesto la tensión inherente entre el mantenimiento del orden por parte del Estado y el derecho a la protesta de los ciudadanos. La capacidad del gobierno para diferenciar entre el descontento genuino y la supuesta desestabilización externa será crucial para determinar la evolución de esta crisis. Sin una solución a los problemas económicos subyacentes y una gestión más dialogante de las demandas sociales, el riesgo de futuras escaladas y de un mayor costo humano y social permanece latente en Irán, un país en la encrucijada entre la represión y la reforma.
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