Comportamientos Autodestructivos: Origen en Instintos de Supervivencia

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El psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland, reconocido por su trabajo en el King’s College de Londres y Oxford, ha desvelado una perspectiva fascinante sobre los comportamientos que a menudo consideramos autodestructivos, como morderse las uñas, la procrastinación o los atracones de comida. En su nuevo libro «Controlled Explosions in Mental Health», Heriot-Maitland argumenta que estas acciones, aparentemente perjudiciales, en realidad tienen su origen en profundos instintos de supervivencia arraigados en nuestro cerebro. Según su teoría, el cerebro humano utiliza estos «pequeños daños» como una dosis protectora, una estrategia evolutiva diseñada para evitar amenazas mayores e impredecibles, priorizando así nuestra existencia sobre la búsqueda de la felicidad o el bienestar óptimo.

El Cerebro: Una Máquina Prioritariamente de Supervivencia

La premisa central de la investigación de Charlie Heriot-Maitland es que nuestro cerebro no está diseñado fundamentalmente para maximizar la felicidad o el bienestar, sino para asegurar la supervivencia. Esta máquina biológica, fruto de millones de años de evolución, opera bajo la lógica de mantenernos con vida en un entorno que, históricamente, ha sido impredecible y lleno de peligros. El cerebro busca la existencia en un mundo predecible, detestando las sorpresas y la vulnerabilidad de ser cogidos desprevenidos. Esta necesidad de control se manifiesta en una serie de comportamientos que, a primera vista, podrían parecer contraproducentes para nuestra salud o progreso personal.

Según Heriot-Maitland, la clave reside en la preferencia del cerebro por ser «árbitro de nuestra propia caída» antes que arriesgarse a ser derribado por factores externos e incontrolables. Esta estrategia se traduce en la adopción de pequeños daños autoinfligidos o elecciones aparentemente subóptimas, que actúan como una «dosis protectora». Al infligirnos un daño menor y conocido, nuestro sistema nervioso intenta sortear la posibilidad de un daño mayor y desconocido, manteniendo una sensación de control sobre la situación, incluso si ese control es ilusorio o perjudicial a largo plazo.

El psicólogo explica que estar expuesto a amenazas y peligros es, sin duda, una experiencia negativa, pero el estado más vulnerable para cualquier ser humano es enfrentarse a amenazas impredecibles. Ante esta perspectiva, el cerebro interviene activamente para ofrecernos «versiones más controladas y predecibles de la amenaza». Esto significa que prefiere la certeza de un problema que podemos manejar, aunque sea a costa de nuestro bienestar inmediato, en lugar de la incertidumbre que podría llevar a un desenlace catastrófico y fuera de nuestro alcance.

Esta teoría, que Heriot-Maitland detalla en su libro «Explosiones controladas en la salud mental», se fundamenta en sus más de 12 años de experiencia médica en la Sanidad pública del Reino Unido (NHS) y su labor docente en la Universidad de Stanford. Sus observaciones clínicas le han permitido conectar patrones de comportamiento aparentemente dispares con esta raíz biológica común, proporcionando una nueva lente a través de la cual entender la complejidad de la mente humana. La comprensión de estos mecanismos es crucial para abordar de manera efectiva los comportamientos autodestructivos.

  • El cerebro prioriza la supervivencia sobre la felicidad o el bienestar.
  • Busca un mundo predecible y evita sorpresas o situaciones incontrolables.
  • Prefiere infligirse pequeños daños conocidos para evitar daños mayores e impredecibles.
  • El estado más vulnerable para el ser humano es la exposición a amenazas inesperadas.
  • Las acciones autodestructivas pueden ser un intento de mantener el control ante la incertidumbre.
💡 Dato: El psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland explora las necesidades biológicas que hay detrás de algunas conductas lesivas: «El cerebro usa los pequeños daños como dosis protectora para evitar daños mayores»

Procrastinación y Perfeccionismo: Escudos contra el Fracaso

Entre los ejemplos más claros de cómo estos instintos de supervivencia se manifiestan en la vida cotidiana, Heriot-Maitland destaca la procrastinación. Esta tendencia a posponer tareas importantes, que a menudo genera culpa y estrés, puede interpretarse como un mecanismo de defensa del cerebro. Alguien que posterga el inicio de un proyecto, por ejemplo, se está causando un daño a sí mismo (retraso, posible mala calidad), pero lo hace para evitar un daño que percibe como potencialmente mayor: el fracaso o el rechazo. Si no se intenta, no se puede fallar, y si se falla, la culpa puede atribuirse a la falta de tiempo o esfuerzo, y no a la falta de capacidad, salvaguardando así la autoestima.

Este enfoque del cerebro de «más vale prevenir que curar» se extiende a otros comportamientos autodestructivos comunes. El perfeccionismo, por ejemplo, aunque a menudo se valora positivamente, puede ser una forma de evitar la crítica o el juicio. Si una tarea nunca se considera «suficientemente buena» para ser completada, nunca se expone al riesgo de ser evaluada negativamente. De manera similar, el pesimismo puede ser una estrategia para gestionar las expectativas; si siempre se espera lo peor, cualquier resultado menos negativo puede sentirse como un alivio, y se evita la decepción de las expectativas no cumplidas.

La ingesta de atracones de comida ultraprocesada, como patatas fritas o dulces, también puede encajar en esta categoría. Aunque conscientemente sabemos que no es beneficioso para nuestra salud, el acto de comer puede ofrecer una gratificación instantánea y una distracción del estrés o la ansiedad. El cerebro, en su búsqueda de control, opta por un «daño» conocido y manejable (el atracón y sus consecuencias a corto plazo) para evitar enfrentarse a una amenaza emocional más profunda e incontrolable, como la vergüenza, el aburrimiento o la frustración.

El mecanismo de protección descrito por el psicólogo, que también imparte clases en la Universidad de Stanford, opera bajo un principio fundamental: el cerebro prefiere lidiar con la certeza de una amenaza controlada y conocida que hacer frente a la posibilidad de una amenaza desconocida y fuera de control. Esto explica por qué, incluso cuando sabemos que algo no es sensato, como comer una bolsa de bombones entera, lo hacemos de todos modos para evitar una vergüenza aún mayor de un posible fracaso en otra área de nuestra vida, o para mitigar una sensación de vacío o ansiedad.

  • La procrastinación puede ser un mecanismo para evitar el fracaso o el rechazo.
  • El perfeccionismo actúa como un escudo contra la crítica y el juicio negativo.
  • El pesimismo gestiona las expectativas para evitar la decepción.
  • Los atracones de comida pueden ser una forma de distracción y control ante el estrés.
  • El cerebro elige un «daño» conocido para evitar una amenaza emocional incontrolable.
💡 Dato: El psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland explora las necesidades biológicas que hay detrás de algunas conductas lesivas: «El cerebro usa los pequeños daños como dosis protectora para evitar daños mayores»

La Evolución Humana y la Percepción de Amenazas Constantes

La ciencia que sustenta la teoría de Heriot-Maitland se basa en cómo ha evolucionado el cerebro humano a lo largo de milenios. Nuestros cerebros se desarrollaron principalmente enfocados en la supervivencia de la especie, no en nuestra felicidad individual. En un pasado lejano, la capacidad de detectar el peligro en todas partes, incluso cuando no era inmediatamente obvio, era una ventaja evolutiva crucial. Aquellos individuos que eran más sensibles a las posibles amenazas tenían más probabilidades de sobrevivir y reproducirse, transmitiendo esos genes a las generaciones futuras.

Esta programación ancestral sigue activa en nuestros cerebros modernos. Aunque ya no nos enfrentamos a depredadores en la sabana, nuestro cerebro sigue escaneando constantemente el entorno en busca de cualquier señal de daño potencial, ya sea físico, social o emocional. Esto significa que estamos intrínsecamente más atentos a los riesgos y las amenazas que a las oportunidades o los aspectos positivos, una característica que, si bien fue vital para la supervivencia de nuestra especie, ahora puede manifestarse en formas que complican nuestra vida diaria y nuestra salud mental.

Heriot-Maitland sugiere que esta aplicación evolutiva del principio de «más vale prevenir que curar» nos lleva a comportamientos aparentemente irracionales. Por ejemplo, incluso si sabemos que alguien no nos «odia» realmente, es posible que sigamos evitándolo en lugar de enfrentarnos al mayor rechazo potencial, reforzando así una percepción de amenaza que quizás no exista en la realidad. Los cerebros han evolucionado para favorecer la percepción de amenazas, incluso cuando no las hay, con el fin de provocar una respuesta protectora.

Todos heredamos un sistema altamente sensible de detección y respuesta a los peligros. Este sistema es tan refinado que puede generar respuestas protectoras ante amenazas percibidas, incluso si no son objetivamente reales o inminentes. La ansiedad, por ejemplo, puede ser vista como una manifestación de este sistema hiperactivo, donde el cerebro genera un estado de alerta constante ante peligros futuros imaginarios. Entender esta base evolutiva es fundamental para desestigmatizar y comprender mejor por qué ciertos patrones de comportamiento persisten a pesar de nuestra conciencia de que son perjudiciales.

  • El cerebro humano evolucionó para priorizar la supervivencia.
  • La detección de peligros era una ventaja evolutiva clave.
  • Nuestros cerebros modernos aún escanean constantemente en busca de amenazas.
  • Esta programación puede llevarnos a percibir amenazas donde no las hay.
  • Un sistema de detección de peligros hipersensible es una herencia evolutiva común.
💡 Dato: El psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland explora las necesidades biológicas que hay detrás de algunas conductas lesivas: «El cerebro usa los pequeños daños como dosis protectora para evitar daños mayores»

Intervenciones Psicológicas: Entender para Sanar

A pesar de la conciencia de que estos comportamientos no son útiles o incluso perjudiciales, abordarlos de manera efectiva requiere una comprensión profunda de su función protectora subyacente. Heriot-Maitland enfatiza que simplemente intentar eliminar estos hábitos sin entender por qué existen es una estrategia incompleta y a menudo ineficaz. Es como intentar apagar una alarma de incendios sin averiguar la causa del humo; la alarma podría volver a sonar o el fuego podría crecer sin control.

Las intervenciones psicológicas eficaces, según el experto, deben centrarse en procesar el dolor emocional subyacente que estos comportamientos están intentando «proteger». Esto implica una exploración cuidadosa de las experiencias pasadas, los miedos y las inseguridades que llevan al cerebro a activar estas estrategias defensivas. No se trata de juzgar el comportamiento, sino de comprender su origen y la necesidad que está intentando satisfacer, por muy disfuncional que parezca a primera vista.

Heriot-Maitland reconoce que este proceso es una «decisión difícil» y que es poco probable que sea una «solución rápida». Desaprender patrones de comportamiento arraigados durante años, y que tienen una base biológica profunda, requiere tiempo, paciencia y, a menudo, el apoyo de un profesional de la salud mental. El objetivo no es simplemente dejar de morderse las uñas o de procrastinar, sino transformar la relación con la propia mente, aprendiendo a gestionar las amenazas percibidas de una manera más saludable y constructiva.

El libro «Controlled Explosions in Mental Health» ofrece una guía sobre cómo llevar a cabo este proceso, destacando la importancia de la autocompasión y la validación de las propias experiencias. Al reconocer que los comportamientos autodestructivos son, en esencia, intentos de protegernos, podemos empezar a desmantelar la vergüenza y la culpa asociadas a ellos, abriendo el camino hacia una sanación genuina. El enfoque de Heriot-Maitland subraya que la verdadera fortaleza radica en enfrentar y procesar el dolor, en lugar de evitarlo a través de mecanismos de defensa inconscientes.

  • Es crucial comprender la función protectora de los comportamientos autodestructivos.
  • Intentar eliminar los hábitos sin entender su origen es ineficaz.
  • Las intervenciones deben procesar el dolor emocional subyacente.
  • El proceso de cambio es difícil y no ofrece soluciones rápidas.
  • La autocompasión y la validación son clave para la sanación.
💡 Dato: El psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland explora las necesidades biológicas que hay detrás de algunas conductas lesivas: «El cerebro usa los pequeños daños como dosis protectora para evitar daños mayores»

Preguntas Frecuentes

¿Por qué mi cerebro elige comportamientos aparentemente dañinos?

Según Charlie Heriot-Maitland, el cerebro elige estos comportamientos como una estrategia de supervivencia. Prefiere infligirse pequeños daños conocidos y controlables para evitar la posibilidad de enfrentarse a amenazas mayores, impredecibles y fuera de control, priorizando así la existencia sobre el bienestar.

¿Qué relación tienen la procrastinación y los instintos de supervivencia?

La procrastinación puede ser un mecanismo de defensa. Al posponer una tarea, el cerebro intenta evitar un daño mayor, como el fracaso o el rechazo, que percibe como más amenazante. Se crea una excusa potencial para el resultado, protegiendo así la autoestima y la vulnerabilidad.

¿Cómo influye la psicología evolutiva en estos comportamientos?

Nuestros cerebros evolucionaron para detectar peligros constantemente, una habilidad crucial para la supervivencia ancestral. Esta programación nos hace estar más atentos a amenazas potenciales, incluso si son emocionales o sociales, lo que puede manifestarse en comportamientos que buscan prevenir un daño percibido.

¿Cuál es el primer paso para abordar estos comportamientos autodestructivos?

El primer paso es comprender su función protectora. En lugar de simplemente intentar eliminarlos, es vital reconocer que son intentos del cerebro de mantenernos a salvo. Esta comprensión permite abordar el dolor emocional subyacente que los origina, en lugar de solo los síntomas.

¿Qué es «Controlled Explosions in Mental Health»?

Es el nuevo libro del psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland. En él, explora en profundidad la teoría de que los comportamientos autodestructivos tienen sus raíces en instintos de supervivencia y ofrece perspectivas sobre cómo entender y abordar estas conductas desde una perspectiva de salud mental evolutiva.

¿Es posible cambiar estos patrones de comportamiento?

Sí, es posible, pero Heriot-Maitland advierte que no es una «solución rápida». Requiere un proceso consciente para entender y procesar el dolor emocional subyacente. Las intervenciones psicológicas que se centran en esta comprensión son las más eficaces para lograr un cambio duradero.

Conclusión

La perspectiva de Charlie Heriot-Maitland sobre los comportamientos autodestructivos, desde morderse las uñas hasta la procrastinación o los atracones de comida, ofrece una visión reveladora sobre la complejidad de la mente humana. Al enmarcar estas acciones como estrategias de supervivencia arraigadas en la evolución de nuestro cerebro, Heriot-Maitland nos invita a una comprensión más compasiva y menos punitiva de nosotros mismos. Nuestro cerebro, una máquina diseñada primordialmente para mantenernos con vida, a menudo opta por «pequeños daños» controlados para evitar la incertidumbre y el dolor de amenazas mayores e impredecibles.

Esta teoría subraya que la búsqueda de la felicidad no es el objetivo principal de nuestro cerebro, sino un subproducto deseable. Al reconocer que nuestros instintos de supervivencia pueden manifestarse de formas que hoy consideramos problemáticas, se abre una puerta a intervenciones psicológicas más efectivas. El camino hacia la sanación no pasa por la simple eliminación de los síntomas, sino por una profunda exploración y procesamiento del dolor emocional subyacente que estos comportamientos intentan proteger. Es un recordatorio de que, incluso en nuestras acciones más auto-saboteadoras, subyace un intento intrínseco de cuidarnos, aunque sea de una manera desactualizada.

Palabras clave: Comportamientos autodestructivos, Instintos de supervivencia, Psicología evolutiva, Salud mental, Procrastinación

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