El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha embarcado en una compleja maniobra política al comprometerse a enviar tropas españolas a Ucrania, una decisión que marca un giro radical en la postura de España y que le obliga a buscar un inusual consenso parlamentario. Este anuncio, que llega un año y medio después de que la ministra de Defensa, Margarita Robles, rechazara tajantemente una propuesta similar, sitúa a Sánchez en una encrucijada: sin los «atajos» legislativos previos, deberá acercarse al Partido Popular para conseguir la aprobación de una misión que Podemos ya ha adelantado que no apoyará y que, además, generará profundas tensiones internas en Sumar y con el resto de sus socios de investidura, poniendo a prueba la estabilidad de la coalición.
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El Giro Inesperado de España: De la Reticencia al Compromiso
La política exterior española ha experimentado un cambio drástico en lo que respecta a la intervención militar en Ucrania. En junio de 2024, la ministra de Defensa, Margarita Robles, fue explícita al advertir que «enviar tropas a Ucrania puede servir de pretexto a Putin para escalar el conflicto», en respuesta a la propuesta francesa de desplegar militares de la Unión Europea. Sin embargo, un año y medio después, con un nuevo presidente en Estados Unidos y un impulso renovado por alcanzar la paz, España ha modificado radicalmente su postura, con el presidente Sánchez anunciando el inicio de una ronda de contactos para una posible misión en suelo ucraniano.
Fuentes de Defensa han confirmado que esta nueva aproximación se justifica bajo la premisa de que la misión «sería solo cuando haya paz», diferenciándola de la propuesta inicial francesa y del contexto en el que Robles expresó su rechazo. Se especula que, de materializarse, esta misión podría comenzar a mediados de año, posiblemente en verano, y se asemejaría a la que actualmente se mantiene en Líbano, operando bajo la bandera de Naciones Unidas o de la Unión Europea. Este cambio de perspectiva responde a un escenario internacional en evolución, donde la búsqueda de un plan de paz cobra fuerza y redefine las condiciones para una intervención militar.
Históricamente, el Gobierno de Sánchez ha utilizado el envío de material y soldados a misiones internacionales como una herramienta para consolidar la imagen de España como «un socio fiable de la OTAN». Durante el pasado verano, cazas españoles realizaron labores de vigilancia aérea en Islandia por primera vez, y la Infantería de Marina lideró una misión en Rumanía. Estos despliegues, que refuerzan la presencia española en el ámbito de la defensa colectiva, se llevaron a cabo sin la necesidad de pasar por el Congreso de los Diputados, justificándose bajo el paraguas de misiones ya aprobadas, como la ‘Policía Aérea del Báltico’.
Sin embargo, la misión propuesta para Ucrania se presenta en un contexto legal y político completamente diferente. Al tratarse de una operación «completamente nueva» y que se desarrollaría «fuera del territorio OTAN o Unión Europea», el Ejecutivo no podrá recurrir a los «atajos» parlamentarios utilizados en ocasiones anteriores. Esta distinción es crucial y eleva significativamente el listón de la aprobación legislativa, forzando al Gobierno a buscar consensos que hasta ahora había podido eludir en determinadas operaciones militares internacionales.
El Artículo 2 de la Ley de Defensa Nacional establece con claridad que «al Congreso de los Diputados le corresponde autorizar, con carácter previo, la participación de las Fuerzas Armadas en misiones fuera del territorio nacional, de acuerdo con lo establecido en esta Ley». Esta disposición legal es el motivo fundamental por el que el presidente Sánchez se ve obligado a iniciar una ronda de conversaciones con los grupos parlamentarios, un escenario que, hasta el momento, había intentado evitar debido a las previsibles dificultades políticas que implica someter a votación una medida de tal envergadura.
- El cambio de postura de España refleja una adaptación al nuevo escenario geopolítico y al impulso por la paz.
- La misión en Ucrania se plantea bajo un marco de «paz» y con un posible inicio en verano, bajo bandera de la ONU o la UE.
- A diferencia de misiones previas, esta operación no podrá eludir la votación parlamentaria debido a su naturaleza y alcance.
- El Artículo 2 de la Ley de Defensa Nacional exige la autorización previa del Congreso para misiones fuera del territorio nacional.
El Laberinto Parlamentario: La Votación Ineludible
La decisión de Pedro Sánchez de enviar tropas a Ucrania, aunque condicionada a un escenario de paz, se enfrenta a un escrutinio parlamentario ineludible, lo que lo sitúa en una posición de vulnerabilidad política significativa. La claridad del Artículo 2 de la Ley de Defensa Nacional, que exige la autorización previa del Congreso para misiones militares fuera del territorio español que no estén ya enmarcadas en acuerdos preexistentes de la OTAN o la UE, elimina cualquier posibilidad de un despliegue sin el respaldo de la Cámara Baja. Este requisito legal transforma la iniciativa en una prueba de fuego para la capacidad de negociación del Gobierno y la cohesión de sus alianzas.
El escenario parlamentario se perfila como un verdadero laberinto para el presidente. La necesidad de someter a votación una nueva misión militar internacional evidenciará la obligatoriedad de buscar el apoyo de formaciones conservadoras, principalmente el Partido Popular y, potencialmente, Vox. Esta situación es particularmente espinosa para Sánchez, quien ha construido su estrategia política sobre la demarcación de una clara distancia ideológica con la derecha, llegando a referirse a ella como «el muro» en ocasiones. Tener que negociar con Núñez Feijóo para sacar adelante una medida de política exterior representa un desafío retórico y práctico para su narrativa.
La dificultad se agrava considerablemente por la previsible negativa de Podemos. La formación morada ha mantenido históricamente una postura crítica hacia las intervenciones militares y el aumento del gasto en Defensa, especialmente si están vinculadas, directa o indirectamente, a la OTAN. Su ‘no’ no solo restaría votos cruciales al Gobierno, sino que también podría generar una cascada de desaprobaciones en otros grupos parlamentarios que, aunque no forman parte de la coalición, son socios de investidura y comparten ciertas sensibilidades con Podemos en esta materia.
Además de Podemos, la iniciativa de Sánchez podría encontrar resistencias en otros socios esenciales para la estabilidad del Gobierno. Es poco probable que formaciones nacionalistas e independentistas como Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) o EH Bildu vean con buenos ojos una misión militar española en Ucrania. Estos partidos, a menudo críticos con la política exterior del Estado y con un fuerte componente pacifista en sus plataformas, podrían optar por la abstención o el voto en contra, lo que complicaría aún más la aritmética parlamentaria y obligaría a Sánchez a depender casi exclusivamente del apoyo del Partido Popular.
La necesidad de pactar con el PP, su principal adversario político, para una cuestión de esta relevancia, no solo comprometería la estabilidad del bloque de investidura que sostiene al Gobierno, sino que también podría ser interpretada como una debilidad o una cesión ideológica. Esta situación forzaría a Sánchez a un diálogo y una negociación directa con Núñez Feijóo, lo que podría implicar concesiones o la adopción de una agenda compartida en un tema tan sensible como la defensa y la política internacional, reconfigurando, al menos temporalmente, las dinámicas políticas en el Congreso.
- El Artículo 2 de la Ley de Defensa Nacional es el pilar legal que exige la votación en el Congreso.
- Sánchez debe negociar con el Partido Popular y Vox para asegurar la aprobación, rompiendo su «muro» político.
- Podemos se posicionará en contra, complicando la mayoría y evidenciando fisuras en el bloque de investidura.
- ERC y Bildu son otros socios con posturas previsiblemente desfavorables a la misión.
- La aprobación de la misión requerirá una gestión política delicada y potencialmente costosa para el Gobierno.
Tensiones en el Bloque de Gobierno: El Desafío de Sumar y los Socios
La propuesta de enviar tropas a Ucrania no solo obliga a Pedro Sánchez a buscar el apoyo del Partido Popular, sino que también amenaza con abrir profundas grietas dentro de su propio bloque de gobierno y, en particular, en la plataforma Sumar. Aunque la portavoz del grupo parlamentario Sumar expresó una postura que, a primera vista, parecía conciliadora al decir que votarían en contra del aumento del gasto en Defensa pero a favor del envío de tropas a Ucrania «para garantizar la paz», la realidad interna de la coalición de Yolanda Díaz es mucho más compleja y heterogénea.
Dentro del conglomerado que conforma Sumar, existen diversas sensibilidades ideológicas que dificultan una postura unánime. Diputados adscritos a formaciones como Izquierda Unida (IU) o el Partido Comunista de España (PCE) mantienen una tradición de pacifismo y una marcada crítica hacia cualquier iniciativa que pueda ser percibida como amparada, directa o indirectamente, por la OTAN o que implique una escalada militar. Para estos sectores, el envío de tropas, incluso bajo una bandera de paz, puede ser visto como una contribución a una lógica de bloques militares que contradice sus principios fundamentales.
La simple negativa de Podemos a apoyar la misión ya aboca a Sánchez a negociar con la derecha, pero las divisiones en Sumar podrían exacerbar aún más la situación. Un voto dividido o una abstención significativa dentro del grupo parlamentario que lidera la vicepresidenta segunda no solo debilitaría la posición del Gobierno en el Congreso, sino que también generaría fricciones internas con el socio preferente del PSOE. Estas tensiones podrían traducirse en dificultades para sacar adelante otras iniciativas legislativas y erosionar la confianza dentro de la coalición, que ya ha experimentado momentos de discrepancia en otras materias.
Más allá de Sumar y Podemos, el Ejecutivo también enfrenta la reticencia de otras formaciones que han sido clave para la investidura y la estabilidad del Gobierno, como Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y EH Bildu. Estos partidos, con agendas políticas centradas en sus respectivos territorios y con un historial de cautela ante las intervenciones militares, probablemente no darán un cheque en blanco a una misión de este tipo. Su apoyo no es garantizado y su posible negativa añadiría más presión al Gobierno, obligándolo a buscar aún más respaldo fuera de su bloque natural.
En este contexto, la decisión de Sánchez no solo es una cuestión de política exterior, sino un catalizador de profundos reajustes en la política interna. Comprometerse a una misión de este calado sin un consenso previo en el seno de la coalición y con la oposición frontal de algunos de sus socios más cercanos, evidencia la magnitud del riesgo político asumido. La negociación con el Partido Popular no solo sería una medida de necesidad, sino un gesto que podría redefinir las alianzas y las tensiones dentro del hemiciclo, poniendo a prueba la resiliencia del Gobierno de coalición en un tema de alta sensibilidad internacional.
- Sumar enfrenta divisiones internas significativas entre su portavoz y sectores como IU o el PCE.
- La postura de Podemos en contra de la misión fuerza a Sánchez a buscar apoyo en la derecha.
- ERC y Bildu son socios clave cuyo apoyo no está asegurado, aumentando la presión sobre el Gobierno.
- Las tensiones internas podrían generar fricciones en la coalición y dificultar otras iniciativas legislativas.
- La situación revela la complejidad de gobernar con un bloque de investidura tan heterogéneo en temas de defensa.
La Estrategia de Sánchez: Objetivos Internacionales y Riesgos Domésticos
La arriesgada apuesta de Pedro Sánchez por el envío de tropas a Ucrania, aunque supeditada a un escenario de paz, responde a una estrategia multifacética que busca alcanzar objetivos tanto en el ámbito internacional como en el doméstico. Más allá de la ayuda directa a Ucrania, el presidente del Gobierno persigue consolidar el liderazgo español en el escenario europeo y reafirmar la posición de España como un actor fiable y comprometido en la comunidad internacional, un rol que podría haberse visto mermado con el ascenso de figuras como Donald Trump y el reajuste de prioridades globales.
Desde el inicio de su mandato, Sánchez ha procurado proyectar a España como un «socio fiable de la OTAN» y un actor relevante en la Unión Europea. La participación activa en misiones internacionales, el aumento del gasto en defensa y la alineación con las políticas de seguridad colectiva han sido pilares de esta estrategia. El compromiso con Ucrania, especialmente en un momento en que se busca una resolución pacífica del conflicto, podría permitirle a España ganar peso diplomático y posicionarse como un mediador o un contribuyente activo a la estabilidad regional, reforzando su imagen en foros internacionales y ante aliados clave.
Sin embargo, los beneficios internacionales conllevan riesgos domésticos considerables. La necesidad de pactar con el Partido Popular para sacar adelante la medida es un arma de doble filo. Si bien un acuerdo con el principal partido de la oposición podría dotar a la misión de una mayor legitimidad y consenso de Estado, también podría debilitar la cohesión del bloque de investidura que sostiene al Gobierno. Núñez Feijóo podría exigir concesiones políticas o aprovechar la situación para marcar la agenda en otros temas, poniendo a Sánchez en una posición complicada y obligándole a ceder terreno en aspectos que hasta ahora había defendido férreamente.
El impacto en la estabilidad del Gobierno de coalición es otra preocupación central. Las profundas diferencias ideológicas en materia de defensa y política exterior entre el PSOE y sus socios de Sumar, Podemos, ERC y Bildu, podrían llevar a una crisis interna. Un «no» rotundo de Podemos y las divisiones en Sumar no solo forzarían a Sánchez a buscar apoyos en la derecha, sino que también podrían fracturar la confianza dentro del propio Ejecutivo. Esto podría dificultar la gobernabilidad a medio plazo, generando un clima de inestabilidad que afectaría la capacidad del Gobierno para impulsar su programa legislativo y hacer frente a otros desafíos económicos y sociales.
En última instancia, la maniobra de Sánchez es un delicado equilibrio entre la ambición internacional y la pragmática necesidad doméstica. El éxito de la misión no solo dependerá de su aprobación en el Congreso, sino también de cómo el presidente gestione las tensiones internas y las negociaciones con la oposición. La capacidad de Sánchez para tejer un consenso en un tema tan sensible será una prueba crucial de su liderazgo y de la resiliencia de su gobierno, en un momento en que el tablero geopolítico global exige a los líderes europeos tomar decisiones audaces y, a menudo, controvertidas.
- Sánchez busca escalar en el terreno internacional y consolidar el liderazgo de España, especialmente tras cambios en la política estadounidense.
- La misión reforzaría la imagen de España como «socio fiable de la OTAN» y actor comprometido con la estabilidad.
- La necesidad de pactar con el PP implica riesgos domésticos, incluyendo posibles concesiones políticas.
- Las tensiones con los socios de investidura podrían desestabilizar la coalición y afectar la gobernabilidad.
- La gestión de este compromiso será una prueba de fuego para el liderazgo de Sánchez y la cohesión de su gobierno.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué España ha cambiado su postura sobre el envío de tropas a Ucrania?
El cambio responde a un nuevo contexto internacional, con el impulso de un «plan de paz» y el papel de Donald Trump en la búsqueda de una resolución. La misión se plantea bajo la condición de que «sería solo cuando haya paz», diferenciándola de propuestas anteriores.
¿Qué tipo de misión militar se plantea en Ucrania?
Se especula con una misión de paz similar a la de Líbano, que operaría bajo la bandera de Naciones Unidas o de la Unión Europea. Su inicio podría ser a mediados de año, posiblemente en verano, una vez se consolide el plan de paz.
¿Por qué Pedro Sánchez necesita la aprobación del Congreso para esta misión?
Porque la misión sería completamente nueva y fuera del territorio de la OTAN o la UE. El Artículo 2 de la Ley de Defensa Nacional exige la autorización previa del Congreso de los Diputados para la participación de las Fuerzas Armadas en misiones fuera del territorio nacional en estas circunstancias.
¿Qué impacto tendrá esta decisión en la coalición de gobierno?
Generará tensiones significativas. Podemos ya ha anunciado su ‘no’, y es probable que haya divisiones internas en Sumar y reticencias de otros socios como ERC y Bildu. Esto podría debilitar la cohesión del Gobierno y dificultar la aprobación de otras iniciativas.
¿Qué papel juega el Partido Popular en esta situación?
El Partido Popular será clave, ya que Sánchez necesitará su apoyo para obtener la mayoría parlamentaria. Esta necesidad obligará al presidente a negociar con la principal fuerza de la oposición, lo que representa un giro estratégico y un riesgo político considerable para el Ejecutivo.
¿España ha enviado tropas a misiones internacionales sin el Congreso antes?
Sí, en el pasado, el Gobierno ha desplegado tropas en misiones como la ‘Policía Aérea del Báltico’ o en Islandia y Rumanía, bajo el pretexto de que formaban parte de misiones ya aprobadas o de carácter rutinario dentro de la OTAN, lo que permitía evitar la votación parlamentaria.
Conclusión
La decisión del presidente Pedro Sánchez de comprometer a España con el envío de tropas a Ucrania, aunque condicionada a un futuro escenario de paz, representa una de las apuestas políticas más arriesgadas de su mandato. Este giro estratégico en la política exterior española, que busca reafirmar el liderazgo del país en el ámbito internacional, se topa con un laberinto parlamentario sin precedentes. La imposibilidad de eludir la votación en el Congreso, debido a la naturaleza de la misión, fuerza a Sánchez a buscar el apoyo del Partido Popular, su principal adversario político, ante la previsible negativa de Podemos y las profundas tensiones que esta iniciativa generará dentro de Sumar y entre el resto de los socios de investidura.
La capacidad del Gobierno para navegar estas aguas turbulentas dependerá de su habilidad para tejer consensos en un tema de alta sensibilidad, poniendo a prueba la cohesión de la coalición y la resiliencia del liderazgo de Sánchez. Este movimiento no solo redefinirá la posición de España en el tablero geopolítico, sino que también tendrá profundas implicaciones en la política doméstica, reconfigurando alianzas y evidenciando las complejidades de gobernar con un bloque parlamentario tan diverso. El debate en el Congreso no será solo sobre Ucrania, sino sobre la estabilidad del Gobierno y la dirección de la política exterior española en los próximos años.
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