Geopolítica: La fuerza en Mar-a-Lago y el Sánchez First

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El 3 de enero de 2026, Venezuela fue el epicentro de un evento geopolítico sin precedentes, cuando el presidente Donald Trump, operando desde Mar-a-Lago, orquestó la expulsión de Nicolás Maduro del poder. Este movimiento, que sorprendió a la comunidad internacional por su cruda unilateralidad y la ausencia de un paraguas legal internacional, marca un giro radical en la doctrina de fuerza estadounidense. A diferencia de intervenciones pasadas en Serbia, Libia o Irak, la estrategia de Trump se desvincula de las convenciones del siglo XX, priorizando el «America First» y dictando sus propias reglas. La decisión generó confusión entre los defensores de la libertad en Venezuela, especialmente tras conocerse negociaciones con Delcy Rodríguez, figura clave del régimen depuesto, en un escenario que promete un futuro incierto para la nación sudamericana.

Geopolítica del Siglo XXI: La Doctrina Trump y la Fuerza

Las operaciones militares destinadas a derrocar regímenes tiránicos no son un fenómeno reciente; la historia reciente está salpicada de ejemplos que van desde Slobodan Milošević en Serbia hasta Muamar Gadafi en Libia, pasando por los talibanes en Afganistán, Sadam Huseín en Irak o el Estado Islámico en Siria. Estas intervenciones han adoptado diversas formas: directas o indirectas, con bombardeos propios o subvencionados, con tropas sobre el terreno o ataques aéreos. Sin embargo, una característica común a todas ellas ha sido la de desembocar en finales inciertos, a menudo desastrosos, que rara vez han cumplido las expectativas iniciales de estabilidad o democracia.

Lo que aconteció el 3 de enero de 2026 en Venezuela, con la expulsión de Nicolás Maduro del poder, representa un paradigma distinto. En esta ocasión, Estados Unidos ni siquiera se ha molestado en simular la búsqueda de un paraguas legal internacional para legitimar una acción que, en cualquier caso, estaba decidido a llevar a cabo. El presidente Trump opera bajo unos parámetros geopolíticos completamente nuevos, para los cuales los filtros y las convenciones del siglo XX resultan obsoletos. Su enfoque redefine la geopolítica del siglo XXI, marcando una ruptura clara con las estrategias tradicionales de intervención.

La confusión entre los defensores de la libertad en Venezuela fue palpable el sábado 3 de enero. Muchos habían iniciado celebraciones al anticipar un cambio, pero se quedaron mudos al escuchar el «bofetón» desde Mar-a-Lago a María Corina Machado y la noticia de negociaciones en curso con Delcy Rodríguez. Esta última, figura históricamente asociada al régimen bolivariano y tan ilegítima como el propio Maduro, fue parte de un diálogo que desconcertó a la oposición. Sin embargo, en el juego de Trump, solo él dicta las reglas, y estas nunca están escritas de antemano, lo que hace impredecible cada movimiento.

Hace casi dos siglos, el filósofo John Stuart Mill nos advertía sobre la importancia de distinguir entre los auténticos valedores de la libertad y aquellos que son meramente «campeones de la fuerza». Esta distinción cobra una relevancia particular en la era Trump. Mientras que su resolución en Oriente Próximo puede ser admirada por algunos, la aplicación de un proceder similar en Ucrania ha generado un profundo temor en las cancillerías europeas y de otras partes del mundo. La «fuerza», tal como el propio Trump la ha definido en su Estrategia de Seguridad Nacional, no aspira a alcanzar un ideal democrático universal ni a construir un mundo mejor en términos globales, sino que está orientada exclusivamente al «America First».

Esta fuerza es real y decidida, desplegada con una crudeza que resulta difícil de asimilar para aquellos que aún confían en la operatividad de la Organización de las Naciones Unidas o en el derecho internacional tradicional. Lo ocurrido en Venezuela es el inicio de un proceso cuyo desenlace aún es desconocido, pero que, con certeza, no dejará las cosas como estaban. La expulsión de Maduro ha encendido una esperanza en el pueblo venezolano, que fácilmente podría transformarse en ansiedad si no se producen avances concretos y perceptibles en un corto plazo.

  • La doctrina Trump prioriza la acción unilateral y el «America First» sobre el consenso internacional.
  • Las negociaciones con figuras del antiguo régimen, como Delcy Rodríguez, generaron confusión y escepticismo.
  • La «fuerza» de Trump no busca ideales democráticos universales, sino intereses nacionales específicos.
  • La intervención en Venezuela marca un precedente en la geopolítica del siglo XXI.
💡 Dato: La estrategia de seguridad nacional de Trump se desmarca de la búsqueda de un «mundo mejor» para enfocarse explícitamente en los intereses de Estados Unidos, redefiniendo el uso de la fuerza en la política exterior.

Venezuela Post-Maduro: Entre la Esperanza y la Incertidumbre Transicional

La expulsión de Nicolás Maduro del poder ha sido recibida con una oleada de esperanza en el pueblo venezolano, que ha soportado 25 años de dictadura bajo el chavismo. Sin embargo, esta esperanza, aunque vibrante, es intrínsecamente frágil y podría transformarse rápidamente en ansiedad si los avances prometidos no se materializan con la celeridad esperada. El contexto de un posible «gobierno bolivariano tutelado», tal como se ha planteado en algunas conversaciones, genera una profunda preocupación. Las palabras utilizadas para describir esta fase, como «adecuada» o «sensata», suenan huecas y no auguran una transición que realmente responda a las profundas aspiraciones de libertad y democracia de los venezolanos.

Tras un cuarto de siglo bajo un régimen autoritario, los ciudadanos de Venezuela no están en posición de esperar. La paciencia se ha agotado y la necesidad de un cambio genuino y rápido es imperiosa. En España, tenemos una experiencia histórica que nos enseña lo complejas que pueden ser las transiciones políticas, especialmente cuando deben satisfacer altas expectativas en un período de tiempo limitado. La transición española, aunque exitosa, no estuvo exenta de desafíos y requirió un consenso y una visión a largo plazo que hoy parecen esquivos en el caso venezolano. La polarización y la falta de un rumbo claro pueden ser obstáculos insuperables.

A la complejidad de la transición política en Venezuela se añade la enorme dificultad de una transición económica. Este no es un asunto menor; de hecho, es uno de los pilares fundamentales para la reconstrucción de cualquier sociedad post-dictatorial. Muchos países han emprendido la desgraciada senda del capitalismo al socialismo, con resultados generalmente negativos en términos de prosperidad y libertad individual. Sin embargo, son muy pocos los que han intentado el camino inverso, es decir, revertir un sistema socialista hacia una economía de mercado, y menos aún con éxito inmediato.

La magnitud del desafío económico en Venezuela es colosal. Implica la reconstrucción de un tejido productivo devastado, la estabilización de una moneda hiperinflacionaria, la atracción de inversiones en un entorno de profunda desconfianza y la garantía de servicios básicos que hoy son prácticamente inexistentes. Estas tareas no solo requieren una voluntad política firme, sino también un plan económico coherente y el apoyo técnico y financiero de la comunidad internacional. Sin una hoja de ruta económica clara y creíble, cualquier avance político estará en riesgo de colapsar bajo el peso de la insatisfacción social.

La historia nos muestra que las transiciones de sistemas centralizados a economías de mercado son procesos largos y dolorosos. La falta de experiencia institucional, la corrupción arraigada y la resistencia de los grupos beneficiados por el antiguo régimen son solo algunos de los obstáculos. La esperanza generada por la salida de Maduro debe ser gestionada con realismo y acompañada de un compromiso serio con reformas estructurales profundas, tanto políticas como económicas, para evitar que la frustración dé paso a nuevas formas de inestabilidad.

  • La esperanza venezolana es frágil y requiere avances rápidos para no degenerar en ansiedad.
  • Un «gobierno bolivariano tutelado» plantea serias dudas sobre la legitimidad y profundidad del cambio.
  • Las transiciones políticas con altas expectativas en poco tiempo son inherentemente complejas, como demuestra la experiencia española.
  • La reconstrucción económica de Venezuela es un desafío sin precedentes, con pocos ejemplos exitosos de reversión del socialismo.
💡 Dato: Venezuela enfrenta el desafío de una transición económica sin precedentes, con más de 25 años de políticas socialistas que han desmantelado su aparato productivo y generado una de las peores crisis humanitarias de la región.

El Desafío de la Transición Económica: Lecciones de Europa Oriental

El camino de la transición económica de un modelo socialista a uno capitalista es notoriamente arduo y plagado de dificultades. Mientras que la historia está llena de ejemplos de países que adoptaron el socialismo, a menudo con resultados desastrosos, los casos exitosos de reversión de esa senda son escasos y complejos. Para comprender la magnitud del reto que enfrenta Venezuela, es útil mirar el precedente de Europa Oriental tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. En esta región, encontramos historias de éxito, pero estas no se lograron de la noche a la mañana.

Países como Polonia, la República Checa o Hungría experimentaron un proceso de transformación que duró muchos años, caracterizado por esfuerzos sostenidos y durísimos ajustes económicos. La implementación de terapias de choque, privatizaciones masivas, liberalización de mercados y la construcción de nuevas instituciones democráticas y económicas fueron necesarias. A pesar de los logros, las disfunciones del pasado socialista son aún perceptibles hoy en día, desde la desigualdad creciente hasta la persistencia de oligarquías y la corrupción. Estos países, además, contaron con ventajas significativas que Venezuela no posee actualmente.

En primer lugar, las naciones de Europa Oriental se beneficiaron de un apoyo masivo de Occidente, tanto en términos de asesoramiento técnico como de financiación. La Unión Europea y diversas instituciones financieras internacionales invirtieron recursos considerables para facilitar su integración en la economía global. En segundo lugar, esta transición se produjo en una época de gran optimismo global y estabilidad política, lo que creó un entorno propicio para la inversión y el crecimiento. La perspectiva de la adhesión a la UE actuó como un poderoso incentivo para la reforma y la convergencia institucional.

Sin embargo, incluso con todas esas ventajas, no todos los casos en Europa Oriental fueron éxitos rotundos. La propia Rusia, bajo la dirección de Vladímir Putin, es un ejemplo de cómo una transición puede descarrilarse. Tras un período inicial de reformas y privatizaciones caóticas en los años 90, que generaron una inmensa desigualdad y el surgimiento de poderosos oligarcas, el país regresó a un modelo más centralizado y autoritario, donde el Estado y los intereses cercanos al Kremlin controlan los sectores estratégicos. La promesa de una democracia de mercado plena se diluyó, dando paso a un sistema híbrido que combina elementos capitalistas con un fuerte control político y una economía dominada por el sector energético.

Para Venezuela, el desafío es aún mayor. Carece del apoyo masivo y coordinado que recibió Europa Oriental, no se encuentra en una época de gran optimismo global y su estabilidad política es extremadamente precaria. La reconstrucción económica no solo implica un cambio de modelo, sino también la superación de una crisis humanitaria profunda, la recuperación de la confianza de los inversores y la reestructuración de una deuda externa monumental. El camino será largo y doloroso, y requerirá un liderazgo visionario y un consenso nacional que, en el panorama actual, parecen difíciles de forjar.

  • Las transiciones de socialismo a capitalismo son históricamente difíciles y lentas.
  • Europa Oriental se benefició de apoyo masivo occidental, optimismo global y estabilidad política.
  • Aun con ventajas, hubo fracasos notables, como el caso de Rusia bajo Putin.
  • Venezuela carece de las condiciones favorables que tuvieron los países de Europa Oriental.
💡 Dato: Las transiciones económicas de Europa Oriental, aunque con casos de éxito, duraron décadas y requirieron un apoyo masivo de Occidente y un contexto global optimista, condiciones que Venezuela no posee actualmente.

Europa y el ‘Sánchez First’: Una Oportunidad Perdida en el Escenario Global

Ante la magnitud de la crisis venezolana y la audaz intervención estadounidense, Europa, con España a la cabeza, debería haber desempeñado un papel clave en la ayuda al país para construir una sociedad libre y democrática. La historia, la cultura y los lazos humanos entre España y Venezuela ofrecen una base única para liderar un esfuerzo de reconstrucción y estabilización. Sin embargo, la reacción de la Unión Europea y, en particular, del gobierno español, ha sido profundamente decepcionante, situándose en el peor de los lugares posibles en el escenario internacional.

Las declaraciones europeas del fin de semana, calificadas de anodinas, revelaron una lamentable combinación de desconocimiento sobre lo que realmente estaba ocurriendo y una excesiva prudencia que rozaba la inacción. Estas respuestas vuelven a constatar la dificultad crónica de Europa para ocupar un lugar relevante y cohesionado en el mundo, especialmente en momentos de crisis geopolítica. La falta de una voz unificada y una estrategia clara debilita su influencia y la convierte en un actor secundario cuando debería ser un líder. Esta inercia contrasta fuertemente con la decisión unilateral y contundente de Estados Unidos.

En este contexto de perplejidad europea, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, no ha tardado ni 24 horas en utilizar la crisis en Venezuela para polarizar aún más la política interna. Las primeras declaraciones de su Gobierno ya invitaban a la sospecha, con afirmaciones vagas como «España siempre ha apoyado las iniciativas para alcanzar una solución democrática», una frase que, en el contexto de la ambigüedad histórica del PSOE hacia el régimen de Maduro, suena más a excusa que a un compromiso firme. La ambigüedad ha sido una constante en la política exterior española respecto a Venezuela, lo que ha erosionado su credibilidad como un actor imparcial y comprometido con la democracia.

Sin embargo, la situación escaló cuando el propio líder dio un paso al frente al día siguiente. En lugar de adoptar una postura de Estado que buscara el consenso nacional y ofreciera una ayuda constructiva a Venezuela, Sánchez se erigió como el principal intérprete de la crisis, utilizándola como herramienta para consolidar su posición política interna y atacar a la oposición. Este enfoque, que algunos críticos denominan «Sánchez First», prioriza los intereses partidistas y personales sobre la necesidad de una política exterior coherente y unificada, perdiendo así una oportunidad histórica para España de liderar un proceso de estabilización y apoyo democrático en un país hermano.

La instrumentalización de una crisis internacional de tal magnitud para fines de política interna es un flaco favor no solo a Venezuela, sino también a la propia imagen de España en el ámbito global. Un liderazgo responsable habría buscado el diálogo con todas las fuerzas políticas españolas y habría impulsado una iniciativa europea sólida. En cambio, la respuesta de España ha reforzado la percepción de una Europa dividida e ineficaz, y de un gobierno español más preocupado por la polarización interna que por la estabilidad y la democracia en la región.

  • Europa ha demostrado ineficacia y falta de unidad ante la crisis venezolana.
  • Las declaraciones europeas fueron anodinas, combinando desconocimiento y excesiva prudencia.
  • Pedro Sánchez utilizó la crisis para polarizar la política interna española en menos de 24 horas.
  • El enfoque «Sánchez First» prioriza los intereses partidistas sobre la política exterior coherente.
💡 Dato: Las primeras declaraciones del Gobierno español sobre la crisis en Venezuela fueron recibidas con escepticismo debido a la ambigüedad histórica de España frente al régimen de Maduro, minando su potencial liderazgo en la región.

Preguntas Frecuentes

¿Cuál fue la fecha clave de los eventos en Venezuela?

Los eventos clave relacionados con la expulsión de Nicolás Maduro del poder se desarrollaron el 3 de enero de 2026, marcando un punto de inflexión en la geopolítica regional y la situación interna de Venezuela.

¿Cómo se diferencia la intervención de Trump en Venezuela de otras operaciones militares?

La intervención de Trump se distingue por la ausencia de un paraguas legal internacional simulado y por operar bajo una doctrina de «America First», redefiniendo la geopolítica del siglo XXI al dictar sus propias reglas sin adherirse a las convenciones previas.

¿Qué impacto tuvo la noticia de negociaciones con Delcy Rodríguez en la oposición venezolana?

La noticia de negociaciones con Delcy Rodríguez, una figura asociada al régimen depuesto, generó una profunda confusión y desilusión entre los defensores de la libertad en Venezuela, quienes vieron sus celebraciones iniciales empañadas por la incertidumbre y la percepción de ilegitimidad.

¿Cuáles son los principales desafíos de la transición en Venezuela?

Los principales desafíos incluyen la gestión de las altas expectativas populares, la dificultad de una transición política post-dictadura de 25 años y, crucialmente, la reversión de una economía socialista a una de mercado, un proceso históricamente complejo y con pocos precedentes exitosos.

¿Qué papel ha jugado Europa y España en la crisis venezolana?

Europa ha mostrado una respuesta anodina y dividida, evidenciando su dificultad para posicionarse globalmente. España, en particular, bajo el liderazgo de Pedro Sánchez, ha sido criticada por instrumentalizar la crisis para la polarización política interna, perdiendo una oportunidad de liderazgo constructivo.

¿Se puede comparar la transición económica de Venezuela con la de Europa Oriental?

Aunque ambas implican el paso de socialismo a capitalismo, Venezuela carece de las ventajas que tuvo Europa Oriental, como el apoyo masivo de Occidente, un optimismo global y una estabilidad política duradera, lo que hace su desafío aún más complejo.

Conclusión

La expulsión de Nicolás Maduro del poder el 3 de enero de 2026 marca un hito en la geopolítica contemporánea, liderado por un Donald Trump que redefine las reglas del juego internacional con su doctrina «America First». Este evento en Venezuela, lejos de ser una intervención convencional, ha puesto de manifiesto una nueva era de la fuerza unilateral, desprovista de las pretensiones de legalidad internacional del siglo XX. La esperanza generada en el pueblo venezolano es inmensa, pero también frágil, enfrentándose a la monumental tarea de una doble transición: política, tras 25 años de dictadura, y económica, de un socialismo devastador a una economía de mercado, un camino históricamente complejo y lleno de escollos.

Mientras Venezuela se asoma a un futuro incierto, con la posibilidad de un «gobierno tutelado» y la dificultad de reconstruir un país desde sus cimientos, la respuesta de la comunidad internacional ha sido variada. Europa, en particular, ha mostrado una preocupante ineficacia y falta de unidad, mientras que España, con el «Sánchez First», ha optado por la instrumentalización política interna de la crisis, perdiendo una valiosa oportunidad de liderar un esfuerzo humanitario y democrático. El desenlace de esta nueva etapa en Venezuela no solo determinará el destino de su gente, sino que también sentará un precedente crucial para las dinámicas de poder en el siglo XXI y el papel de las naciones en la defensa de la libertad y la democracia.

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