Enrique Santiago, actual líder del Partido Comunista de España (PCE) y ex secretario de Estado para la Agenda 2030, se ha posicionado firmemente como el principal defensor del régimen chavista en el seno de Sumar, el espacio político al que pertenece. Su reciente actividad, marcada por una visita a la embajada de Venezuela en España el sábado pasado –coincidiendo con la detención de Nicolás Maduro– y su papel como figura destacada de los partidos de Gobierno en la concentración antiTrump celebrada ayer en Madrid, subraya su inquebrantable amor ideológico por el sistema caribeño y su convicción de que Estados Unidos es el «mayor enemigo para la paz mundial». Estas acciones, publicitadas incluso en sus redes sociales, lo consolidan como un actor clave en la política exterior española, forzando una aproximación cada vez mayor del presidente Pedro Sánchez a sus controvertidas posturas.
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Enrique Santiago: Un perfil ideológico y político inquebrantable
Enrique Santiago, figura prominente en la izquierda española, no es un actor nuevo en el escenario político, pero su influencia y visibilidad han crecido exponencialmente en los últimos años. Como líder del Partido Comunista de España (PCE) desde 2018 y ex secretario de Estado para la Agenda 2030 en la legislatura anterior, Santiago encarna una línea ideológica clara y definida que rara vez se desvía de sus principios fundamentales. Su amor ideológico por el régimen chavista, que él mismo ha manifestado en diversas ocasiones, no es una postura reciente, sino una convicción arraigada que ha marcado gran parte de su trayectoria política y profesional. Esta fidelidad a ciertos preceptos de la izquierda más tradicional lo distingue dentro del panorama político español, incluso dentro de la propia coalición de Sumar.
La detención de Nicolás Maduro ha servido como un catalizador para que Santiago exponga públicamente su postura sin ambages. Mientras que una parte de la izquierda española ha optado por la cautela o el silencio ante lo que consideran una «herida» ideológica, Santiago ha elegido «pasar los dedos por la herida», según sus propias palabras, reafirmando su apoyo explícito a Maduro y al régimen venezolano. Esta acción no es meramente simbólica; la visita a la embajada de Venezuela en Madrid, publicitada en sus redes sociales, no solo fue un gesto de solidaridad, sino una declaración de principios que busca legitimar la postura del chavismo en un momento de crisis internacional. Su decisión de presentarse como vicepresidente de la Comisión de Exteriores del Congreso, en lugar de solo como secretario general del PCE, añade una capa de solemnidad institucional a lo que, para muchos, es una iniciativa partidista o personal.
La visión de Santiago sobre la política internacional está profundamente marcada por una crítica vehemente a Estados Unidos, al que considera el «mayor enemigo para la paz y la estabilidad mundial». Esta perspectiva no es una novedad en su discurso, sino una constante que permea sus análisis y propuestas. Para él, la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos representa una amenaza directa al Derecho Internacional, buscando sustituirlo por «la ley del más fuerte». Esta convicción no solo fundamenta su rechazo a las acciones de Washington contra Venezuela, sino que también lo impulsa a buscar alternativas geopolíticas y a abogar por un cambio radical en las relaciones internacionales de España, incluyendo su papel dentro de la OTAN. Su firmeza en estas convicciones, incluso cuando generan fricciones dentro de su propio espacio político, es una de sus características más definitorias.
Además de su rol político, la trayectoria profesional de Santiago como abogado y especialista en Derecho Internacional y Humanitario le confiere una autoridad particular en estos debates. Su experiencia en el equipo jurídico de las FARC entre 2012 y 2016, que culminó en los Acuerdos de Paz en Colombia, es un testimonio de su compromiso con la resolución de conflictos desde una perspectiva legal y multilateral. Esta experiencia transfronteriza y su conocimiento profundo de las dinámicas internacionales le permiten argumentar sus posturas con una base sólida, aunque controvertida para algunos. Su capacidad para articular complejas visiones geopolíticas, como su defensa de los BRICS, lo convierte en un interlocutor influyente en la discusión sobre el futuro de la política exterior española.
- Enrique Santiago es líder del PCE desde 2018 y ex secretario de Estado para la Agenda 2030.
- Mantiene una postura firme y explícita de apoyo al régimen chavista en Venezuela.
- Considera a Estados Unidos el «mayor enemigo para la paz y la estabilidad mundial».
- Su visita a la embajada de Venezuela tras la detención de Maduro fue una declaración política.
- Su experiencia como abogado internacional y en las FARC refuerza su perfil en política exterior.
La defensa del chavismo y la confrontación con Estados Unidos
La postura de Enrique Santiago frente a la situación en Venezuela y su enérgica condena a la política exterior de Estados Unidos no son meras opiniones coyunturales, sino pilares de su ideología política. Su visita a la embajada venezolana en Madrid, justo después de la detención de Nicolás Maduro, no fue un acto discreto. Al contrario, fue publicitada por él mismo en Instagram, utilizando su cargo de vicepresidente de la Comisión de Exteriores del Congreso para otorgar una pátina de oficialidad a lo que podría interpretarse como una acción puramente partidista. Este gesto subraya su profundo compromiso con la narrativa chavista, que considera a Maduro una víctima de una estrategia de desestabilización orquestada desde Washington. Para Santiago, la indiferencia de una parte de la izquierda ante el «secuestro y la toma como rehén» de Maduro es casi tan irritante como una deserción moral, una traición a los principios de solidaridad internacional.
La argumentación de Santiago se fundamenta en la creencia de que la «estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos pone negro sobre blanco» la intención de Washington de «acabar con el Derecho Internacional» y «sustituirlo por la ley del más fuerte, por los antojos de los Estados Unidos y de Trump». Esta visión conspirativa, aunque arraigada en ciertos sectores de la izquierda, le sirve para justificar su apoyo incondicional a gobiernos y movimientos que se oponen a la hegemonía estadounidense, independientemente de sus características internas. La detención de Maduro es, en esta lectura, una prueba irrefutable de la agresividad imperialista de EE. UU., que no duda en violar la soberanía de las naciones para imponer sus intereses. Su firmeza en esta convicción demuestra que, para el veterano comunista, la coherencia ideológica prima sobre cualquier consideración pragmática o crítica interna.
La concentración antiTrump en Madrid, en la que Santiago fue uno de los rostros más visibles de los partidos de Gobierno, sirvió como otro escenario para exponer su visión. Junto a un millar de personas frente a la embajada de Estados Unidos, Santiago se pronunció contra la «incursión trumpista», el «colonialismo norteamericano» y la «OTAN», consignas que forman parte del repertorio clásico de la izquierda más radical y que él se encarga de «desempolvar cada tiempo». Este evento no solo fue una protesta contra una figura política específica, sino una reafirmación de su rechazo a todo un sistema de alianzas y políticas que, a su juicio, perpetúan la dominación occidental. Su presencia y discurso en esta manifestación refuerzan su imagen como un activista comprometido con una agenda antiimperialista y anticolonialista.
La exigencia de Santiago al presidente Sánchez de una «condena» explícita a la ofensiva de Estados Unidos demuestra su intención de influir directamente en la política exterior española. Aunque Sánchez respondió con un comunicado contra la acción de Trump, firmado junto a otros países latinoamericanos, la «liberación de Maduro» que reclama Santiago es un paso más allá que el presidente español, al menos hasta el momento, no ha querido dar. Esta diferencia marca la línea roja entre la postura más radical de Santiago y la pragmática necesidad de mantener equilibrios diplomáticos por parte del Gobierno español. No obstante, la presión ejercida por Santiago y su capacidad para movilizar a una parte de la izquierda, sin duda, influyen en la retórica y las acciones del Ejecutivo, evidenciando su poder como «alfil» dentro de la coalición.
- Santiago visitó la embajada de Venezuela tras la detención de Maduro, publicitando el acto.
- Su postura se basa en la creencia de que EE. UU. busca reemplazar el Derecho Internacional por la ley del más fuerte.
- Fue una figura clave en la concentración antiTrump en Madrid, criticando el «colonialismo norteamericano» y la OTAN.
- Exige al Gobierno español una condena explícita a Estados Unidos y la liberación de Maduro.
- Considera la indiferencia ante la situación de Maduro como una «deserción moral» de la izquierda.
Trayectoria política: Del PCE a Sumar y la relación con el Gobierno
La trayectoria política de Enrique Santiago es un reflejo de los vaivenes y las alianzas cambiantes dentro de la izquierda española. Como líder del Partido Comunista de España, ha sido una figura fundamental en la articulación de espacios de unidad, demostrando una notable capacidad para adaptarse a nuevas configuraciones políticas sin renunciar a sus principios ideológicos. Su participación activa en la unión de las izquierdas, que finalmente derivó en la formación de Unidas Podemos y, posteriormente, en Sumar, evidencia su compromiso con la construcción de frentes amplios. Sin embargo, esta fidelidad a la unidad no ha estado exenta de desafíos y tensiones, tanto dentro de su propio partido como en sus relaciones con otros actores políticos.
La apuesta de Santiago por el proyecto de Sumar liderado por Yolanda Díaz fue un punto de inflexión. Esta decisión, si bien estratégica para el PCE, casi le cuesta la secretaría general del partido, revalidando su cargo con un ajustado 54% de los votos. Este resultado subraya las divisiones internas y las reticencias de una parte de la militancia a las alianzas con formaciones más amplias y menos ideologizadas. La «fidelidad a la gallega», como se describe su apoyo a Díaz, también tuvo consecuencias en su relación con Podemos, el partido morado liderado por Pablo Iglesias. El «divorcio mal digerido» entre Podemos y Sumar se tradujo en una «castigo» para Santiago, quien fue destituido como secretario de Estado para la Agenda 2030, un puesto al que había llegado precisamente tras la retirada de su entonces amigo Pablo Iglesias del gobierno.
A pesar de estos contratiempos, Santiago ha demostrado una resiliencia política considerable. Su capacidad para mantener su influencia, incluso fuera de un cargo gubernamental directo, es notable. Su papel como vicepresidente de la Comisión de Exteriores del Congreso le permite seguir siendo una voz activa y autorizada en los debates sobre política internacional, un ámbito en el que se siente especialmente cómodo y para el que posee una sólida formación. La destitución como secretario de Estado, lejos de silenciarlo, parece haber reafirmado su independencia y su determinación de seguir defendiendo sus convicciones, incluso si eso significa ir a contracorriente de las posturas más moderadas dentro de la coalición de gobierno.
La relación de Santiago con el presidente Pedro Sánchez es compleja y se define por una combinación de colaboración forzosa y presión ideológica. Aunque forma parte de la coalición de gobierno, Santiago no duda en exigir a Sánchez una línea más firme y radical en política exterior, especialmente en lo que respecta a Estados Unidos y la OTAN. La coincidencia en el tiempo entre sus demandas públicas de una «condena» a la ofensiva de Estados Unidos y la respuesta del presidente español en una carta a los militantes del PSOE, demuestra la capacidad de Santiago para influir en la agenda y la retórica del Ejecutivo. Aunque Sánchez no ha llegado tan lejos como Santiago en la exigencia de la «liberación de Maduro», la presión ejercida por el líder del PCE es un factor que el presidente debe considerar en su estrategia diplomática, evidenciando una aproximación progresiva a posturas que antes podrían considerarse marginales.
- Santiago ha sido clave en la unión de las izquierdas, incluyendo su apuesta por Sumar.
- Su apoyo a Yolanda Díaz le costó un ajustado 54% en la revalidación de su cargo en el PCE.
- Fue destituido como secretario de Estado tras el «divorcio» entre Podemos y Sumar.
- Mantiene su influencia desde la vicepresidencia de la Comisión de Exteriores del Congreso.
- Ejerce presión sobre el Gobierno de Sánchez en temas de política exterior, especialmente respecto a EE. UU. y Venezuela.
Geopolítica: Multilateralismo, BRICS y el papel de España en la OTAN
La visión geopolítica de Enrique Santiago se caracteriza por una profunda crítica al orden mundial unipolar dominado por Estados Unidos y una defensa activa del multilateralismo y de nuevas alianzas emergentes. Para Santiago, el actual sistema internacional, con la OTAN como uno de sus pilares, es obsoleto y perjudicial para la paz y la estabilidad global. Su insistencia en que «España no pinta nada en la OTAN» y que es necesario «buscar otro tipo de relaciones internacionales» no es solo una declaración retórica, sino una propuesta para reorientar la política exterior española hacia un escenario más equitativo y menos dependiente de las potencias occidentales tradicionales. Esta perspectiva se alinea con su convicción de que la «estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos» amenaza directamente el Derecho Internacional.
En este contexto, Santiago ve en los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) un ejemplo paradigmático de cómo el «multilateralismo está siendo defendido por otros organismos internacionales». Su argumento es que mientras Occidente se aferra a estructuras de poder tradicionales, «avanza Asia, en países africanos y países de América Latina», quienes están construyendo un nuevo orden basado en la cooperación y el respeto mutuo. Al animar al Gobierno español a buscar otras alianzas y a mirar hacia estos bloques emergentes, Santiago no solo propone un cambio de socios, sino una transformación profunda en la concepción misma de la diplomacia española. Los BRICS, en su visión, representan una alternativa viable y necesaria al modelo hegemónico occidental, ofreciendo un camino hacia un equilibrio de poder más justo y una mayor autonomía para las naciones.
La experiencia de Santiago como abogado internacional y su participación en el equipo jurídico de las FARC, que culminó en los Acuerdos de Paz de Colombia, le otorgan una perspectiva única sobre las dinámicas de poder y la resolución de conflictos a nivel global. Esta vivencia, forjada durante más de tres décadas de vinculación con el país cafetero, lo ha convertido en un experto en Derecho Internacional y Humanitario, lo que refuerza la solidez de sus argumentos sobre la necesidad de respetar la legalidad internacional. Su mirada «transfronteriza» le permite analizar los acontecimientos mundiales desde una óptica que va más allá de los intereses nacionales inmediatos, enfocándose en las implicaciones globales de las acciones de las grandes potencias.
Las advertencias de Santiago a los países europeos sobre la necesidad de «tomar nota después de leer la estrategia de Seguridad Nacional de Trump y tras ver los llamamientos a la apropiación clarísima de Groenlandia» son un llamado a la acción. Para él, estos hechos demuestran la peligrosidad de la política exterior estadounidense y la urgencia de que Europa defienda sus propios intereses y principios. Al enfocar la atención en estos «caramelos» geopolíticos, Santiago busca sensibilizar sobre la fragilidad del Derecho Internacional y la necesidad de una respuesta coordinada por parte de los estados. Su insistencia en «restablecer la legalidad» y la «liberación de Maduro» se enmarca en esta visión más amplia de defensa de la soberanía y el Derecho Internacional frente a las injerencias externas, una posición que, aunque no compartida plenamente por el Gobierno, resuena en parte de la opinión pública. Para más información sobre el multilateralismo, puede consultar este enlace de las Naciones Unidas.
- Santiago critica el orden mundial unipolar y la OTAN, abogando por «otro tipo de relaciones internacionales».
- Defiende el multilateralismo y ve en los BRICS un ejemplo de nuevas alianzas.
- Su experiencia en las FARC y el Derecho Internacional fundamenta su visión geopolítica.
- Advierte a Europa sobre la peligrosidad de la estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU.
- Propone una reorientación de la política exterior española hacia un modelo más autónomo y global.
Preguntas Frecuentes
¿Quién es Enrique Santiago?
Enrique Santiago es el actual líder del Partido Comunista de España (PCE), ex secretario de Estado para la Agenda 2030 y vicepresidente de la Comisión de Exteriores del Congreso. Es conocido por su firme postura ideológica en política internacional y su defensa del multilateralismo.
¿Cuál es la postura de Enrique Santiago sobre Venezuela?
Santiago es un firme defensor del régimen chavista. Visitó la embajada de Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro y exige su liberación, criticando las acciones de Estados Unidos como una agresión contra el Derecho Internacional y la soberanía del país caribeño.
¿Qué papel juega Santiago en la política exterior española?
Como vicepresidente de la Comisión de Exteriores del Congreso y figura influyente en Sumar, Santiago presiona al Gobierno español para adoptar una política exterior más crítica con Estados Unidos y la OTAN, y más alineada con el multilateralismo y nuevas alianzas como los BRICS.
¿Cómo se relaciona Santiago con Sumar y el PSOE?
Santiago apostó por el proyecto de Sumar de Yolanda Díaz, lo que le generó tensiones internas en el PCE y la destitución como secretario de Estado por el «divorcio» con Podemos. Ejerce presión sobre el PSOE y Pedro Sánchez para que el Gobierno adopte posturas más afines a su ideología.
¿Qué son los BRICS y por qué los defiende Santiago?
Los BRICS son un grupo de economías emergentes (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) que Santiago defiende como un ejemplo de multilateralismo. Los ve como una alternativa al orden mundial dominado por Occidente y un modelo para «otro tipo de relaciones internacionales» para España.
¿Cuál es la crítica de Santiago a Estados Unidos y la OTAN?
Santiago considera a Estados Unidos el «mayor enemigo para la paz mundial» y cree que su estrategia de seguridad nacional busca imponer la «ley del más fuerte», en detrimento del Derecho Internacional. Sostiene que España no debería formar parte de la OTAN y debe buscar nuevas alianzas.
Conclusión
Enrique Santiago emerge como una figura central y controvertida en la política española, un auténtico «alfil» del chavismo dentro de Sumar, cuya influencia parece ir en aumento. Su inquebrantable adhesión a una línea ideológica claramente antiimperialista y pro-chavista, manifestada en acciones como su visita a la embajada venezolana y su liderazgo en la concentración antiTrump, no solo reafirma sus propias convicciones, sino que también ejerce una presión considerable sobre el Gobierno de Pedro Sánchez. La convergencia, aunque parcial, entre las demandas de Santiago y las respuestas del Ejecutivo español en política exterior sugiere una aproximación progresiva a posturas que antes podrían haber sido consideradas marginales. Su trayectoria, marcada por la defensa del Derecho Internacional y su visión de un multilateralismo emergente a través de los BRICS, lo posiciona como un actor clave en la redefinición de la política exterior española. La tensión entre su firmeza ideológica y las necesidades pragmáticas del Gobierno seguirá siendo un punto de interés en el devenir político del país.
Palabras clave: Enrique Santiago, Sumar, Chavismo, Venezuela, Pedro Sánchez, BRICS, OTAN, Política Exterior España, PCE, Multilateralismo