En 2025, España registró la cifra más baja de asesinatos machistas desde que existen registros, con 46 víctimas confirmadas por el Ministerio de Igualdad, tres menos que en 2024 y 25 menos que en 2003. Sin embargo, este aparente avance en la lucha contra la violencia de género esconde una realidad preocupante: el año concluyó con un tope histórico de víctimas que convivían con su agresor, alcanzando un alarmante 82,6%, y un mínimo en las denuncias previas, con el 78,3% de las mujeres asesinadas sin haber interpuesto ninguna. La comunidad autónoma de Andalucía concentró el 31% de estos crímenes, revelando un patrón de riesgo significativo en el ámbito doméstico y una persistente falta de confianza en el sistema de protección.
Índice de Contenidos
- Análisis del Mínimo Histórico de Femicidios y sus Contradicciones
- La Ausencia de Denuncias: Un Antídoto Ineficaz y Desatendido
- Convivencia con el Agresor: Un Riesgo Creciente en el Hogar
- Nacionalidad y Violencia Machista: Desmontando Prejuicios
- Preguntas Frecuentes
- Conclusión: Desafíos y Perspectivas en la Lucha contra la Violencia de Género
Análisis del Mínimo Histórico de Femicidios y sus Contradicciones
El año 2025 marcó un hito en la estadística de violencia de género en España, al registrar la cifra más baja de asesinatos machistas desde 2003, año en que se inició el registro oficial. Un total de 46 mujeres fueron víctimas mortales de sus parejas o exparejas, una reducción de tres casos respecto a 2024 y de 25 en comparación con el pico de 71 asesinatos en 2003. Estos crímenes, confirmados por el Ministerio de Igualdad, elevan el recuento acumulado a 1.342 víctimas desde el inicio de la serie histórica. Nombres como Karilenia, asesinada en Sama (Asturias) el 31 de enero, o Lina, quien murió en Benalmádena nueve días después a manos de su marido a pesar de denuncias previas, y Doreen, fallecida en Martos (Málaga) en un supuesto accidente que resultó ser un crimen perpetrado por su esposo, son solo algunos ejemplos del horror detrás de estas cifras.
Sin embargo, esta aparente mejora numérica esconde una realidad sombría y compleja. El mismo balance que celebra el mínimo histórico de asesinatos revela dos tendencias alarmantes que actúan como «antídotos» ineficaces: la baja tasa de denuncias y la persistencia de la convivencia con el agresor. En 2025, el 78,3% de las víctimas no había interpuesto ninguna denuncia previa por violencia de género, la cifra más alta en cuatro años. Este dato sugiere una profunda desconfianza en el sistema o una barrera insuperable para que las mujeres busquen ayuda, dejando a la inmensa mayoría de las víctimas desprotegidas ante la amenaza.
Aún más preocupante es el porcentaje de víctimas que convivían con su agresor en el momento del asesinato, que alcanzó un histórico 82,6%. Esta cifra supera incluso los niveles de la pandemia (78,8%) y se sitúa muy por encima del 77% registrado en 2003. Esta tendencia subraya que el hogar, lejos de ser un refugio, se convierte en el escenario principal del riesgo mortal para un número creciente de mujeres. La proximidad constante con el agresor, a menudo sin que exista una denuncia que active los mecanismos de protección, agrava la vulnerabilidad y dificulta la detección temprana de las situaciones de peligro extremo.
Los medios empleados en estos crímenes son variados y brutales, desde fingidas sobredosis de medicamentos hasta martillazos, puñaladas, estrangulamientos o golpes con objetos contundentes, según recogen los atestados policiales. La diversidad de métodos refleja la premeditación y la brutalidad con la que se cometen estos actos. La concentración geográfica también es un factor relevante; Andalucía, por ejemplo, registró el 31% de los asesinatos machistas del año pasado, destacando la necesidad de reforzar las estrategias de prevención y protección en esta región. Casos como el de Pilar en Málaga, sin registro en el sistema VioGén ni denuncias previas, son una muestra de la invisibilidad de muchas de estas tragedias hasta que es demasiado tarde.
- Balance de 2025: 46 asesinatos machistas, la cifra más baja desde 2003.
- Total acumulado: 1.342 víctimas desde 2003.
- Sin denuncia previa: El 78,3% de las víctimas no había denunciado, el porcentaje más alto en cuatro años.
- Convivencia con el agresor: El 82,6% de las víctimas convivía con su agresor, el tope histórico.
- Concentración geográfica: El 31% de los asesinatos se cometió en Andalucía.
La Ausencia de Denuncias: Un Antídoto Ineficaz y Desatendido
La estadística de 2025 pone de manifiesto una debilidad crítica en la lucha contra la violencia de género: la alarmante falta de denuncias previas por parte de las víctimas. Un 78,3% de las mujeres asesinadas no había interpuesto una denuncia, un porcentaje que representa el máximo de los últimos cuatro años. Esta cifra es un claro indicador de que la confianza en el sistema de protección o la capacidad de las víctimas para buscar ayuda sigue siendo insuficiente, dejando a una gran mayoría de mujeres sin el «antídoto» que podría haber activado los mecanismos de seguridad y prevención.
Las razones detrás de esta ausencia de denuncias son múltiples y complejas. El miedo, la vergüenza, la dependencia económica, el aislamiento social, la esperanza de que el agresor cambie, o la desconfianza en la eficacia del sistema judicial son factores que contribuyen a que las víctimas no den el paso. Los familiares de Sayuri, una mujer de 36 años asesinada en Barcelona, relataron que ella «tenía miedo», pero nunca denunció. De manera similar, en el caso de Bouchura, de 36 años, fallecida en Tarragona, tampoco constaban registros de denuncia, evidenciando una barrera silenciosa pero mortal que impide a muchas mujeres escapar del ciclo de violencia.
La denuncia y la distancia se presentan como los principales antídotos contra la violencia machista, pero la realidad muestra que estas herramientas no están siendo utilizadas o no son accesibles para todas las víctimas. Si bien es cierto que en un pequeño porcentaje de casos sí existía una alerta policial, las cifras globales sugieren que se necesita un esfuerzo mucho mayor para empoderar a las mujeres y garantizar que se sientan seguras al denunciar. En los casos donde sí había intervención policial, seis víctimas habían solicitado medidas de protección (cuatro de ellas vigentes), tres no lo hicieron y en un caso ya existían medidas de oficio. Esto demuestra que, cuando el sistema se activa, puede ofrecer un nivel de protección, aunque no siempre sea suficiente.
Un aspecto crítico es el quebrantamiento de las órdenes de alejamiento, que en 2025 se dio hasta en cuatro ocasiones. El caso de Marta, una joven de 21 años asesinada en Villaverde (Madrid), es un trágico recordatorio de que incluso con medidas de protección activas, el riesgo persiste y los fallos en el cumplimiento y seguimiento pueden tener consecuencias fatales. Sin embargo, la estadística también revela que la distancia física es un factor protector significativo: solo el 17,4% de las víctimas asesinadas ya no compartía domicilio con el asesino, lo que refuerza la idea de que romper con la convivencia es un paso crucial para la seguridad de la mujer. La necesidad de fortalecer los recursos de apoyo, las campañas de concienciación y la capacitación de los profesionales para detectar y actuar en situaciones de riesgo es más apremiante que nunca.
- Porcentaje sin denuncia: El 78,3% de las víctimas no había denunciado previamente.
- Factores que impiden denunciar: Miedo, dependencia, desconfianza, vergüenza.
- Casos con alerta policial: Seis víctimas solicitaron medidas (cuatro vigentes), tres no lo hicieron, y en un caso, medidas de oficio.
- Quebrantamiento de órdenes de alejamiento: Se registraron cuatro casos, incluyendo el de Marta en Villaverde.
- La distancia como antídoto: Solo el 17,4% de las víctimas no convivía con el agresor.
Convivencia con el Agresor: Un Riesgo Creciente en el Hogar
El año 2025 ha dejado una estadística particularmente desoladora: el 82,6% de las mujeres asesinadas por violencia machista convivía con su agresor en el momento del crimen. Este porcentaje no solo es el más alto de toda la serie histórica, sino que supera significativamente los registros de años anteriores, incluyendo el periodo de la pandemia (78,8%) y el inicio de los registros en 2003 (77%). Esta cifra subraya una peligrosa realidad: el hogar, que debería ser un espacio de seguridad y protección, se ha convertido en el principal escenario de riesgo mortal para las mujeres. La intimidad y el aislamiento que a menudo caracterizan las relaciones de convivencia pueden dificultar la detección de la violencia y la búsqueda de ayuda.
La convivencia con el agresor agrava la vulnerabilidad de las víctimas de múltiples maneras. La exposición constante a la violencia, ya sea física, psicológica, sexual o económica, crea un clima de terror que mina la autoestima y la capacidad de reacción de la mujer. La dependencia emocional y material, el miedo a las represalias contra ella o sus hijos, y la falta de redes de apoyo externas son factores que contribuyen a que muchas mujeres queden atrapadas en la relación. Nombres como Josefa (63 años), Rosalía (54), Mercedes (47) o Eva (83), todas ellas víctimas en Andalucía, ilustran la diversidad de edades y circunstancias en las que la convivencia se tornó fatal.
Además de los feminicidios, el balance de 2025 también revela que nueve agresores intentaron suicidarse tras cometer el crimen, y cinco de ellos lo consumaron. Este patrón, aunque no generalizado, añade una capa de complejidad a la dinámica de la violencia machista, donde el agresor busca ejercer un control total hasta el final, incluso sobre su propia vida. El caso de María Ángeles (45 años), asesinada en Torrejón (Madrid), es un ejemplo trágico: aunque existían denuncias previas, el expediente había prescrito y la mujer ya no estaba en el sistema VioGén cuando su agresor la mató y luego se suicidó. Este suceso pone de manifiesto la necesidad de revisar los protocolos de seguimiento y la vigencia de las medidas de protección, incluso cuando las relaciones han terminado o las denuncias han caducado.
La persistencia de la convivencia como factor de riesgo máximo exige una reevaluación de las estrategias de intervención. Es fundamental no solo fomentar la denuncia, sino también proporcionar recursos y vías de escape seguras y eficaces para las mujeres que deciden romper con su agresor. Esto incluye acceso rápido a viviendas de acogida, apoyo psicológico y legal especializado, y programas de empoderamiento que les permitan reconstruir sus vidas lejos de la violencia. La distancia, como se ha demostrado, es un «antídoto» crucial, y facilitar que las mujeres puedan establecer esa distancia de forma segura es una prioridad ineludible. La comprensión profunda de las dinámicas de convivencia violenta es esencial para desarrollar políticas públicas más efectivas y proteger a quienes hoy viven bajo una amenaza constante. Puedes encontrar más información sobre la violencia en el ámbito doméstico en fuentes como la Wikipedia sobre violencia doméstica.
- Porcentaje histórico: El 82,6% de las víctimas de 2025 convivía con el agresor.
- Comparativa: Superior a la pandemia (78,8%) y a 2003 (77%).
- Casos de suicidio de agresores: 9 intentaron, 5 lo consumaron.
- Vulnerabilidad: La convivencia dificulta la denuncia y la búsqueda de ayuda.
- Necesidad de recursos: Urgente fortalecer las vías de escape y apoyo para las víctimas.
Nacionalidad y Violencia Machista: Desmontando Prejuicios
El análisis de la nacionalidad de las víctimas y agresores en los feminicidios de 2025 aporta una perspectiva crucial y, a menudo, manipulada en el debate público. Los datos indican que en el 40% de los casos, tanto la víctima como el presunto agresor provenían del extranjero, en relaciones de diversas nacionalidades. Esta cifra, aunque significativa, es inferior al 44,8% registrado en 2023, que fue el tope histórico. Resulta fundamental contextualizar estos números para evitar la estigmatización y la instrumentalización política de la violencia de género, como ha ocurrido en ocasiones por parte de formaciones como Vox, que utilizan estas estadísticas para alejarse del consenso en la lucha contra esta lacra.
La realidad es que la violencia machista no conoce de nacionalidades ni de fronteras; es un problema estructural que afecta a todas las sociedades y a personas de cualquier origen. En 2025, el 60% de los casos de feminicidio involucró a víctimas y agresores de nacionalidad española, siendo la nacionalidad predominante. Esto desmiente cualquier intento de vincular la violencia exclusivamente a poblaciones migrantes o de atribuirle un origen cultural específico. Casos como los de Josefa (76 años), Lola (86), Marta (44), María (38), Susana (49), Ainhoa (19), Carmen (60), Cristina (37), Eugenia (49), Mercedes (78), Silvia (38), Ginesa (64), Verónica (46), Natividad (48) y Yoanna (53), todas ellas víctimas españolas de agresores españoles, ilustran que la nacionalidad no es un factor determinante en la comisión de estos crímenes.
No obstante, la diversidad de nacionalidades en el 40% restante de los casos también subraya la complejidad de las relaciones y la necesidad de adaptar las políticas de prevención y protección a las realidades multiculturales. Ejemplos como Maritza, cubana de 61 años, apuñalada en Getafe por Florino, español; Diana, hondureña de 48 años, víctima de un colombiano; o Miriam (35), brasileña, asesinada por su pareja, también brasileña, demuestran que la violencia trasciende las barreras geográficas y culturales. Estos casos exigen una atención específica a las posibles barreras idiomáticas, culturales o legales que puedan dificultar el acceso de las mujeres migrantes a los recursos de ayuda y a la denuncia. La integración de servicios de traducción e interpretación, así como la formación de profesionales en interculturalidad, son esenciales para garantizar que ninguna mujer quede desprotegida por su origen.
Es crucial que el debate sobre la violencia de género se mantenga en el ámbito de la lucha por la igualdad y los derechos humanos, lejos de discursos xenófobos o discriminatorios. La violencia machista es un problema social que requiere una respuesta unificada y transversal, que aborde sus causas profundas y proporcione soluciones efectivas para todas las mujeres, sin importar su nacionalidad. El foco debe permanecer en la erradicación de las actitudes machistas y en el fortalecimiento de los sistemas de protección para todas las víctimas, reconociendo la diversidad de sus realidades pero sin caer en la simplificación o la estigmatización. Para una visión más amplia sobre el feminicidio a nivel global, se puede consultar la página de Wikipedia sobre feminicidio.
- Porcentaje de casos con extranjeros: El 40% de las víctimas y/o agresores eran de origen extranjero.
- Nacionalidad predominante: El 60% de los casos involucró a víctimas y agresores españoles.
- Desmontando prejuicios: La violencia machista no se limita a ninguna nacionalidad o cultura específica.
- Diversidad de casos: Ejemplos de relaciones mixtas y entre personas de la misma nacionalidad.
- Necesidad de adaptación: Políticas de prevención y protección deben considerar la multiculturalidad.
Preguntas Frecuentes
¿Cuántos asesinatos machistas se registraron en España en 2025?
En 2025, se registraron 46 asesinatos machistas en España, la cifra más baja desde que se inició el registro oficial en 2003. Esta cantidad representa una disminución de tres víctimas respecto a 2024 y 25 menos que en 2003, cuando se registraron 71 feminicidios.
¿Cuál fue el porcentaje de víctimas que convivían con su agresor en 2025?
En 2025, un alarmante 82,6% de las víctimas de violencia machista convivía con su agresor en el momento del asesinato. Esta cifra constituye el porcentaje más alto registrado en la historia, superando los datos de la pandemia y el inicio de los registros en 2003, y subraya la peligrosidad del ámbito doméstico.
¿Cuántas víctimas habían presentado denuncia previa en 2025?
En 2025, el 78,3% de las víctimas de feminicidio no había interpuesto ninguna denuncia previa por violencia de género. Este porcentaje es el más alto en cuatro años y resalta la persistente falta de confianza en el sistema o las barreras que impiden a las mujeres buscar y obtener ayuda a tiempo.
¿Qué comunidad autónoma concentró más asesinatos machistas en 2025?
Andalucía fue la comunidad autónoma que concentró el mayor número de asesinatos machistas en 2025, con hasta un 31% del total. Este dato subraya la necesidad de reforzar las políticas de prevención y los recursos de protección específicos en esta región para abordar la alta incidencia de estos crímenes.
¿La nacionalidad influye en la violencia de género según los datos de 2025?
Los datos de 2025 muestran que la nacionalidad predominante en los casos de feminicidio fue la española (60%). Aunque el 40% de los casos involucró a extranjeros, esta cifra es inferior al pico de 2023. Esto indica que la violencia machista es un problema transversal que afecta a todas las nacionalidades y no debe ser estigmatizada.
¿Qué ocurre cuando hay denuncias previas pero las medidas prescriben?
Cuando las denuncias previas prescriben o las medidas de protección dejan de estar vigentes, la víctima puede quedar desprotegida. El caso de María Ángeles en Torrejón (Madrid), donde el expediente había prescrito, ilustra la necesidad de revisar los protocolos de seguimiento y la vigencia de las medidas para evitar que las mujeres vuelvan a quedar expuestas al riesgo.
Conclusión: Desafíos y Perspectivas en la Lucha contra la Violencia de Género
El balance de 2025 en materia de violencia machista en España presenta una doble cara: si bien la reducción de los feminicidios a un mínimo histórico es un avance que debe ser reconocido, los datos también revelan tendencias preocupantes que exigen una profunda reflexión y una acción urgente. El aumento récord de víctimas que convivían con sus agresores y la persistente baja tasa de denuncias señalan fallas críticas en el sistema de protección y en la percepción de seguridad de las mujeres. La invisibilidad de la violencia en el ámbito doméstico y la falta de confianza en las instituciones para ofrecer una salida segura son desafíos fundamentales que deben abordarse con determinación.
Es imperativo fortalecer los mecanismos de prevención, detección temprana y protección integral, adaptándolos a las realidades complejas de las víctimas. Esto incluye no solo fomentar la denuncia, sino también garantizar que cada mujer que dé el paso reciba el apoyo necesario, desde asistencia psicológica y legal hasta recursos de vivienda segura. La formación de profesionales, la sensibilización social y la educación en igualdad son pilares esenciales para erradicar las actitudes machistas que subyacen a esta violencia. Además, la revisión constante de los protocolos de actuación, especialmente en casos donde las denuncias prescriben o las órdenes de alejamiento son quebrantadas, es crucial para cerrar las brechas de seguridad. La lucha contra la violencia de género es una responsabilidad colectiva que requiere el compromiso de toda la sociedad y de todas las instituciones para asegurar un futuro donde ninguna mujer viva con miedo. Para más recursos y estadísticas, se puede visitar la página oficial del Ministerio de Igualdad.
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