Trump Retira EEUU de 66 Organizaciones, 31 de la ONU

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado este miércoles un decreto trascendental que ordena la retirada del país de 66 organizaciones internacionales, un movimiento que la Casa Blanca justifica porque, a su juicio, estas entidades «ya no sirven a los intereses estadounidenses». Este anuncio, difundido a través de la red social X, subraya la firme implementación de la doctrina de «Estados Unidos primero» que el mandatario republicano ha reinstaurado desde su regreso al poder hace cerca de un año. Entre las organizaciones afectadas, la administración ha detallado que 31 están directamente vinculadas a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), una clara señal de la reorientación de la política exterior estadounidense hacia un unilateralismo más pronunciado y una reducción de su compromiso con estructuras multilaterales que considera ineficaces o contrarias a sus prioridades nacionales.

La Doctrina «Estados Unidos Primero» y el Contexto de la Decisión

La reciente orden ejecutiva del presidente Donald Trump de retirar a Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales no es un hecho aislado, sino la culminación de una filosofía política exterior arraigada en su lema «Estados Unidos primero». Desde su retorno a la Casa Blanca, el mandatario republicano ha retomado con vigor su agenda unilateralista, priorizando los intereses nacionales percibidos por encima de los compromisos multilaterales tradicionales. Esta visión, que ya caracterizó su primer mandato, busca redefinir la participación estadounidense en la gobernanza global, argumentando que muchas de estas estructuras ya no proporcionan un valor estratégico o económico directo para el país. La decisión de abandonar un número tan significativo de entidades subraya la determinación de Trump de desmantelar lo que considera un sistema obsoleto.

La política de «Estados Unidos primero» se traduce en una revisión exhaustiva de todos los tratados, acuerdos y membresías internacionales, evaluando cada uno bajo el prisma de su contribución neta a la prosperidad y seguridad estadounidenses. El decreto firmado este miércoles refleja una profunda desconfianza en la efectividad y la imparcialidad de numerosas instituciones globales. Según la Casa Blanca, estas organizaciones se han desviado de sus propósitos originales o han evolucionado de manera que entran en conflicto con la soberanía o los valores nacionales de Estados Unidos. Esta perspectiva contrasta fuertemente con la diplomacia multilateral que ha sido un pilar de la política exterior estadounidense durante décadas, especialmente desde la Segunda Guerra Mundial, período en el que Estados Unidos fue un arquitecto clave de muchas de las instituciones que ahora critica.

Los precedentes de esta nueva ola de desvinculación se encuentran en el primer mandato de Trump. En aquel entonces, Estados Unidos se retiró del Acuerdo de París sobre el clima, un pacto global crucial para abordar el cambio climático, y de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), argumentando sesgos y una carga financiera desproporcionada. Estas decisiones fueron revertidas bajo la presidencia de Joe Biden, quien buscó restaurar el liderazgo estadounidense en el ámbito multilateral. Sin embargo, el regreso de Trump ha significado un rápido retorno a estas políticas, evidenciando una polarización profunda en la forma en que el país aborda su papel en el mundo. La reinserción en estas organizaciones bajo Biden fue vista como un esfuerzo por reconstruir la confianza y la cooperación con los aliados, pero ahora se desmantela nuevamente.

Además de las organizaciones mencionadas, la administración Trump también abandonó previamente la Organización Mundial de la Salud (OMS) durante la pandemia de COVID-19, alegando una gestión deficiente y una supuesta influencia excesiva de China. Aunque la retirada de la OMS fue un punto de inflexión, la actual medida de abandonar 66 entidades de una sola vez representa una escalada significativa. Este enfoque no solo implica una retirada de la membresía, sino también una reevaluación de la ayuda financiera y la participación en programas específicos. La Casa Blanca busca con ello liberar recursos que, según su criterio, pueden ser mejor empleados en iniciativas nacionales o en acuerdos bilaterales que ofrezcan un retorno más tangible para los intereses estadounidenses. Esta estrategia busca maximizar la flexibilidad y la autonomía de Estados Unidos en la arena internacional, reduciendo las ataduras que percibe en los marcos multilaterales.

  • La política de «Estados Unidos primero» prioriza los intereses nacionales sobre los compromisos multilaterales.
  • El decreto refleja una desconfianza en la efectividad y la imparcialidad de las instituciones globales.
  • Precedentes incluyen la retirada del Acuerdo de París, la UNESCO y la OMS durante el primer mandato de Trump.
  • La administración busca reasignar recursos de la cooperación multilateral a iniciativas nacionales.
  • Esta estrategia busca maximizar la autonomía y flexibilidad de Estados Unidos en la política exterior.
💡 Dato: La Casa Blanca ha detallado que entre ellas se encuentran 31 organizaciones vinculadas a la ONU Leer más sobre organizaciones internacionales.

Impacto Directo en la ONU y Organizaciones Humanitarias

La decisión de Donald Trump de retirar a Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales tendrá un impacto particularmente severo y multifacético en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sus agencias especializadas. Con 31 de las entidades afectadas directamente vinculadas a la ONU, esta medida representa un golpe significativo para el sistema multilateral que fue, en gran parte, diseñado y financiado por Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. La crítica de Trump a la ONU no es nueva; desde la tribuna de la Asamblea General en septiembre, el presidente ya había lanzado un ataque frontal contra la organización, afirmando que está «muy lejos de alcanzar su potencial». Esta retirada masiva refuerza esa percepción y podría debilitar aún más la capacidad operativa y la influencia de la ONU en un momento de crecientes desafíos globales.

Históricamente, Estados Unidos ha sido el mayor contribuyente financiero a la ONU y a muchas de sus agencias. La reducción o cese de estas contribuciones, que ya había comenzado durante el primer mandato de Trump, ha tenido consecuencias directas y tangibles. La administración Trump ya había recortado ampliamente la ayuda estadounidense al extranjero, lo que llevó a una disminución significativa en los presupuestos de numerosas organizaciones de la ONU. Esto obligó a agencias cruciales a disminuir sus actividades sobre el terreno, impactando directamente en poblaciones vulnerables que dependen de su asistencia. Programas vitales de organizaciones como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) o el Programa Mundial de Alimentos (PMA), que brindan ayuda humanitaria a millones de personas, se vieron obligados a reducir su alcance y efectividad.

La retirada de estas 31 organizaciones de la ONU no solo implica una pérdida financiera, sino también una erosión del liderazgo y la experiencia que Estados Unidos aporta a estos foros. La participación estadounidense en comités, grupos de trabajo y procesos de toma de decisiones es fundamental para dar forma a políticas globales en áreas como la paz y la seguridad, los derechos humanos, el desarrollo sostenible y la salud pública. Al retirarse, Estados Unidos cede espacios de influencia que podrían ser ocupados por otras potencias o, peor aún, dejar vacíos que dificulten la coordinación y la respuesta efectiva a crisis internacionales. Este abandono de responsabilidades podría generar un efecto dominó, incentivando a otros países a reconsiderar sus propios compromisos o a buscar alianzas alternativas.

Además de ACNUR y el PMA, otras agencias de la ONU probablemente se verán afectadas, incluyendo aquellas que trabajan en la promoción de la infancia (UNICEF), la salud (OMS, a la que ya se retiró), la educación y la cultura (UNESCO, a la que también se había retirado y luego reincorporado), y el desarrollo (PNUD). La interrupción de la financiación y la participación de Estados Unidos en estas áreas podría tener consecuencias devastadoras para proyectos a largo plazo y para la estabilidad de regiones enteras. Por ejemplo, en zonas de conflicto o post-conflicto, donde las agencias de la ONU son a menudo la única presencia internacional capaz de proporcionar servicios básicos y mediación, la reducción de recursos podría exacerbar la inestabilidad y el sufrimiento humano. La visión de la administración Trump es que estos fondos pueden ser utilizados de manera más eficiente a través de canales bilaterales o en otras prioridades nacionales, pero la infraestructura global de la ONU está diseñada para una cooperación a escala que los esfuerzos bilaterales a menudo no pueden replicar.

  • 31 organizaciones de la ONU están afectadas por la retirada.
  • La decisión es una continuación de las críticas de Trump a la ONU por su falta de potencial.
  • Recortes de ayuda ya habían obligado a ACNUR y PMA a reducir sus actividades.
  • La retirada debilita la capacidad operativa de la ONU y su influencia global.
  • Se pierden espacios de liderazgo y experiencia estadounidense en foros internacionales.
  • Otras agencias como UNICEF, UNESCO y PNUD podrían verse afectadas.
💡 Dato: La administración Trump también ha recortado ampliamente la ayuda estadounidense al extranjero, reduciendo los presupuestos de numerosas organizaciones de la ONU, obligadas a disminuir sus actividades sobre el terreno, como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados o el Programa Mundial de Alimentos.

Implicaciones Geopolíticas y la Redefinición del Rol Global de EE.UU.

La retirada de Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales, especialmente aquellas vinculadas a la ONU, trasciende las meras formalidades burocráticas para generar profundas implicaciones geopolíticas. Este movimiento representa una redefinición drástica del rol de Estados Unidos en la escena mundial, alejándose del papel de arquitecto y garante del orden liberal internacional que ha desempeñado durante las últimas ocho décadas. Al optar por una postura más aislacionista y unilateral, la administración Trump no solo busca proteger lo que considera sus intereses nacionales directos, sino que también envía un mensaje claro a aliados y adversarios sobre su preferencia por la autonomía sobre la interdependencia. Este cambio estratégico podría tener efectos duraderos en la dinámica de poder global y en la forma en que los países abordan los desafíos comunes.

El vacío de liderazgo que Estados Unidos podría dejar en estas plataformas multilaterales es una de las preocupaciones más apremiantes. Históricamente, la presencia y el compromiso de Estados Unidos han sido cruciales para impulsar agendas globales, mediar en conflictos y movilizar recursos para crisis humanitarias. Cuando Estados Unidos se retira, no solo disminuye su propia influencia, sino que también abre la puerta para que otras potencias, como China y Rusia, aumenten su peso en estas organizaciones. Estos países, con visiones a menudo divergentes de la gobernanza global y los derechos humanos, podrían intentar remodelar las instituciones según sus propios intereses, alterando el equilibrio de poder y los valores fundamentales que han guiado a estas entidades. La preocupación es que un orden internacional menos anclado en los principios democráticos y de cooperación podría emerger.

Para los aliados tradicionales de Estados Unidos, como los países europeos, Canadá, Japón y Australia, esta retirada masiva es probable que genere consternación y la necesidad de recalibrar sus propias estrategias diplomáticas. Estos países, que a menudo comparten valores e intereses con Estados Unidos, se encontrarán con un socio menos predecible y menos comprometido con los marcos de cooperación existentes. Esto podría llevar a una mayor divergencia transatlántica y a la búsqueda de nuevas alianzas o el fortalecimiento de bloques regionales para abordar problemas que antes se manejaban con una participación estadounidense más activa. La confianza en la estabilidad de la política exterior estadounidense podría verse mermada, obligándolos a buscar soluciones alternativas a problemas globales como el cambio climático, la seguridad cibernética o la migración.

Además, esta postura unilateralista podría socavar los esfuerzos globales para abordar desafíos transnacionales que por naturaleza requieren una coordinación internacional. El cambio climático, las pandemias, el terrorismo y la proliferación nuclear no respetan fronteras y no pueden ser resueltos eficazmente por un solo país actuando en solitario. Al debilitar las estructuras diseñadas para facilitar esta cooperación, Estados Unidos podría inadvertidamente hacerse más vulnerable a estos mismos problemas. La retórica de «Estados Unidos primero» a menudo prioriza la seguridad y la prosperidad nacionales, pero la interconexión del mundo moderno sugiere que una retirada de los foros globales podría, a largo plazo, comprometer precisamente esos objetivos. La comunidad internacional, por su parte, se verá obligada a buscar nuevos mecanismos de cooperación y liderazgo para llenar el vacío dejado por Washington, lo que podría llevar a un sistema global más fragmentado y menos eficiente.

  • La retirada redefine el papel global de EE.UU., alejándose del liderazgo multilateral.
  • Se genera un vacío de liderazgo que otras potencias podrían ocupar.
  • Aliados tradicionales se ven forzados a recalibrar sus estrategias diplomáticas.
  • La confianza en la política exterior estadounidense se erosiona.
  • Se socavan los esfuerzos globales para abordar desafíos transnacionales.
  • El unilateralismo podría llevar a un orden internacional más fragmentado y menos eficiente.
💡 Dato: Desde su regreso a la Casa Blanca hace cerca de un año, el presidente republicano está poniendo en práctica su visión de «Estados Unidos primero». Conoce más sobre la política «America First».

Reacciones Internacionales y Perspectivas a Largo Plazo

La orden de Donald Trump de retirar a Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales no tardará en provocar una oleada de reacciones a nivel global, tanto de aliados como de adversarios. Se espera que los países tradicionalmente cercanos a Estados Unidos expresen su preocupación y decepción ante lo que perciben como un debilitamiento del orden multilateral y una falta de compromiso con los desafíos globales compartidos. La Unión Europea, por ejemplo, que ha sido una defensora acérrima de la cooperación internacional, probablemente emitirá comunicados condenando la medida y reafirmando su propio compromiso con estas instituciones. Este tipo de acciones estadounidenses tienden a fortalecer la determinación de otros bloques y naciones para asumir un mayor liderazgo en la escena mundial, buscando llenar el vacío dejado por Washington y proteger los principios de la gobernanza global.

Por otro lado, potencias como China y Rusia podrían ver en esta retirada una oportunidad para expandir su propia influencia y promover sus agendas en los foros internacionales. Beijing, en particular, ha estado invirtiendo estratégicamente en instituciones multilaterales y buscando un mayor protagonismo en la ONU y sus agencias, presentándose como un defensor de la estabilidad global y la cooperación en contraste con el unilateralismo estadounidense. La ausencia de Estados Unidos en estas mesas de negociación podría facilitar la aprobación de resoluciones o la dirección de políticas que no necesariamente se alinean con los valores occidentales o los intereses de los aliados tradicionales de Washington. Esto podría reconfigurar el panorama diplomático y estratégico de manera significativa, alterando las alianteras y las estructuras de poder existentes.

Las implicaciones para la cooperación global en temas críticos son vastas y preocupantes. Si Estados Unidos se retira de organizaciones que abordan el cambio climático, las pandemias, el desarrollo sostenible o la seguridad alimentaria, los esfuerzos para coordinar respuestas efectivas a estos problemas se verán seriamente obstaculizados. La financiación y la experiencia que Estados Unidos aporta son difíciles de reemplazar, y la fragmentación de la respuesta internacional podría llevar a soluciones menos eficaces y a un mayor sufrimiento humano. Por ejemplo, en la lucha contra futuras pandemias, la ausencia de Estados Unidos en foros clave podría dificultar la rápida distribución de vacunas o la coordinación de medidas de contención, dejando al mundo más vulnerable.

Mirando hacia el futuro, la durabilidad de estas decisiones dependerá en gran medida de la continuidad de la administración Trump. Si Trump permanece en el poder más allá de su actual mandato, es probable que esta política de desvinculación se consolide, llevando a una reestructuración más profunda del compromiso global de Estados Unidos. Sin embargo, si un futuro gobierno adopta una postura más multilateralista, podría intentar revertir algunas de estas retiradas, como ya hizo Joe Biden. No obstante, la reinserción en estas organizaciones no es un proceso instantáneo ni sencillo; a menudo implica negociaciones, el pago de cuotas atrasadas y la reconstrucción de la confianza. La volatilidad de la política exterior estadounidense, con cambios tan drásticos entre administraciones, podría generar una desconfianza duradera en la fiabilidad de Estados Unidos como socio internacional, lo que tendría consecuencias a largo plazo para su credibilidad y poder blando en el mundo.

  • Se esperan reacciones de preocupación y decepción de aliados tradicionales.
  • China y Rusia podrían aprovechar el vacío para expandir su influencia.
  • La cooperación global en temas críticos como el clima y las pandemias se verá obstaculizada.
  • La financiación y experiencia de EE.UU. son difíciles de reemplazar.
  • La continuidad de estas políticas dependerá de la duración de la administración Trump.
  • La volatilidad de la política exterior estadounidense podría dañar su credibilidad a largo plazo.
💡 Dato: Al igual que durante su primer mandato, decidió retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el clima y de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), a las que Estados Unidos se había reincorporado bajo la presidencia de Joe Biden. Explora el sistema de las Naciones Unidas.

Preguntas Frecuentes

¿Qué motivó a Donald Trump a retirar a EE.UU. de estas organizaciones?

La principal motivación es la doctrina «Estados Unidos primero», que prioriza los intereses nacionales. Trump argumenta que estas organizaciones «ya no sirven a los intereses estadounidenses» y que sus recursos pueden ser mejor empleados en iniciativas nacionales o acuerdos bilaterales más ventajosos para el país.

¿Cuántas organizaciones están vinculadas a la ONU entre las afectadas?

La Casa Blanca ha especificado que, de las 66 organizaciones internacionales de las que Estados Unidos se retirará, 31 están directamente vinculadas a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esto representa una parte significativa de la medida y subraya el impacto en el sistema multilateral.

¿Qué organizaciones ya había abandonado EE.UU. bajo Trump anteriormente?

Durante su primer mandato, Donald Trump retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el clima, de la UNESCO y de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estas retiradas fueron revertidas por la administración Biden, pero ahora Trump retoma esta línea política con mayor intensidad.

¿Cómo afectará esta decisión a la ayuda exterior estadounidense?

La administración Trump ya había recortado sustancialmente la ayuda exterior, reduciendo los presupuestos de numerosas organizaciones de la ONU. Esta nueva retirada implicará más recortes, obligando a estas entidades a disminuir aún más sus actividades humanitarias y de desarrollo sobre el terreno, afectando a millones de personas.

¿Cuál es la visión de Trump sobre la ONU?

Donald Trump ha expresado una visión crítica de la ONU, afirmando que está «muy lejos de alcanzar su potencial». Considera que la organización es ineficiente y no siempre alinea sus intereses con los de Estados Unidos, lo que justifica la desvinculación de sus agencias.

¿Qué significa la política de «Estados Unidos primero»?

«Estados Unidos primero» es una doctrina política exterior que prioriza los intereses y la soberanía de Estados Unidos por encima de los compromisos multilaterales. Busca maximizar la autonomía del país en la arena internacional, reevaluando tratados y alianzas bajo un prisma de beneficio directo para la nación.

Conclusión

La orden ejecutiva de Donald Trump de retirar a Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales marca un punto de inflexión significativo en la política exterior del país, reafirmando con contundencia la doctrina de «Estados Unidos primero». Este movimiento, que afecta directamente a 31 entidades vinculadas a la ONU, subraya una profunda desconfianza en el multilateralismo tradicional y una preferencia por la autonomía nacional. Las implicaciones son vastas, desde el debilitamiento de la capacidad operativa de agencias humanitarias clave hasta la reconfiguración del liderazgo global y la erosión de la cooperación en desafíos transnacionales como el cambio climático y las pandemias. Si bien la administración Trump busca maximizar los intereses estadounidenses, la comunidad internacional se enfrenta al reto de llenar el vacío de liderazgo y recursos, lo que podría conducir a un orden mundial más fragmentado. Las reacciones globales serán de preocupación y la durabilidad de estas decisiones dependerá de la evolución política interna de Estados Unidos, aunque sus efectos a largo plazo en la credibilidad y la influencia del país son innegables.

Palabras clave: Donald Trump, Política exterior EE.UU., Organizaciones internacionales, Retirada ONU, Estados Unidos Primero

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