Rusia ha expresado una «extrema alarma» ante la «extracción» forzosa de Nicolás Maduro y su esposa de Venezuela por fuerzas estadounidenses, una operación que ha provocado un problema inmediato de dinero y contratos para Moscú. Esta acción, liderada por la administración Trump, ha sido criticada por el Kremlin como una «violación inaceptable de la soberanía», a pesar de que la propia Rusia intentó una estrategia similar en Kiev en febrero de 2022 para descabezar al gobierno de Zelenski, sin éxito. La caída de Maduro no solo tensa calendarios de pago de deudas ya complejos con Moscú, sino que también representa un revés geopolítico significativo para la influencia rusa en el hemisferio occidental, perdiendo un aliado clave y una vitrina de su postura anti-EEUU.
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La «Extracción» de Maduro: Un Espejo de Kiev
La operación estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela ha resonado profundamente en Moscú, no solo por sus implicaciones geopolíticas directas, sino por la inquietante similitud con una de las estrategias fallidas más notorias de Rusia. La «extracción» o «descabezamiento» rápido del adversario para provocar un colapso político y asumir el control del país fue, precisamente, el objetivo central de la invasión rusa a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. En aquel entonces, las fuerzas rusas se lanzaron hacia Kiev con la clara intención de capturar o eliminar al presidente Volodímir Zelenski y a miembros clave de su gobierno, con la esperanza de instaurar un régimen títere o forzar una rendición incondicional.
La rapidez y la audacia de la operación de Estados Unidos contra Maduro, que se produjo en la madrugada del sábado, contrastan fuertemente con la incapacidad rusa para ejecutar un plan similar en Ucrania. A pesar de las extensas preparaciones y la movilización de recursos militares, el intento de «golpe relámpago» de Moscú sobre Kiev fracasó estrepitosamente. La resistencia ucraniana, tanto militar como civil, y la inquebrantable determinación de su liderazgo, frustraron los planes rusos de desestabilización y control inmediato. La sorpresa y la eficacia de la acción estadounidense en Venezuela, por tanto, han dejado a Rusia en una posición incómoda, forzándola a reaccionar ante un escenario que ella misma intentó replicar sin éxito.
Moscú, a través de su Ministerio de Asuntos Exteriores, no tardó en calificar la operación en Venezuela como «extremadamente alarmante». La retórica utilizada por Rusia para condenar la acción de Washington evoca directamente los argumentos que ha utilizado la comunidad internacional para censurar la invasión de Ucrania. La condena rusa se centra en la violación de la soberanía de un Estado independiente y la injerencia militar externa, principios que Rusia ha ignorado sistemáticamente en su propia política exterior, especialmente en lo que respecta a sus vecinos.
Expertos en seguridad y analistas políticos han señalado que la operación en Venezuela no solo pone de manifiesto la capacidad operativa de Estados Unidos, sino que también subraya las limitaciones de la inteligencia y la planificación rusas en 2022. La apuesta por una desestabilización rápida y un cambio de régimen forzado es una estrategia de alto riesgo, y el éxito de Trump con Maduro contrasta agudamente con el prolongado y costoso conflicto que Putin ha generado en Ucrania. Este paralelismo no solo es evidente para observadores externos, sino que probablemente también genera un análisis interno crítico dentro del Kremlin sobre la efectividad de sus propias tácticas.
La invasión de Ucrania en 2022 fue concebida como un golpe de mano, con equipos de mercenarios y fuerzas especiales infiltrándose para neutralizar al liderazgo ucraniano. Esta estrategia, detallada en investigaciones periodísticas y libros como «Overreach» de Owen Matthews, buscaba una desarticulación total del aparato estatal. Sin embargo, la resiliencia de Kiev y la movilización internacional frustraron estos planes, dejando a Rusia empantanada en un conflicto que dista mucho de ser un «golpe relámpago» exitoso.
- La invasión rusa de Ucrania en 2022 buscaba un «golpe relámpago» para capturar o asesinar a Zelenski.
- Equipos de mercenarios fueron desplegados en Kiev con misiones contra el presidente ucraniano.
- El objetivo era provocar un colapso político y establecer un gobierno títere o una rendición rápida.
- La resistencia ucraniana y el aparato estatal no se quebraron, frustrando el plan ruso.
Rusia Condena la «Agresión Armada» de Trump
La respuesta oficial de Rusia a la operación estadounidense en Venezuela fue inmediata y contundente, aunque cargada de una notoria hipocresía. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso afirmó que estaba «extremadamente alarmado» por las noticias de la captura de Maduro y su esposa, y rápidamente emitió una declaración condenando la acción. «Tales acciones constituyen una violación inaceptable de la soberanía de un Estado independiente, cuyo respeto es un principio clave del derecho internacional», afirmó el Ministerio, exigiendo la liberación inmediata del líder venezolano de la custodia de Estados Unidos.
Esta declaración resalta la doble moral de la política exterior rusa. Mientras el Kremlin condena vigorosamente la «agresión armada» y la violación de la soberanía en Venezuela, sus propias fuerzas militares llevan a cabo bombardeos diarios contra ciudades ucranianas desde hace más de cuatro años, en una clara y flagrante violación de la soberanía de un Estado vecino. El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, conversó telefónicamente con la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, expresando su «solidaridad con el pueblo venezolano frente a la agresión armada», un gesto que contrasta con la falta de solidaridad hacia Ucrania, a la que Rusia busca subyugar.
Desde la Duma, el parlamento ruso, las reacciones también fueron enérgicas. Los parlamentarios, conocidos por su lealtad incondicional al Kremlin, pidieron una convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para abordar lo ocurrido en Venezuela. Esta demanda subraya la intención de Rusia de utilizar los foros internacionales para proyectar su narrativa y condenar las acciones de Estados Unidos, mientras simultáneamente bloquea cualquier intento de condena internacional de sus propias acciones en Ucrania dentro de ese mismo Consejo de Seguridad, donde ejerce su poder de veto.
El Kremlin, en un mensaje separado, denunció los ataques estadounidenses en Venezuela como injustificados y llamó al diálogo para evitar una mayor escalada. «Se debe garantizar a Venezuela el derecho a determinar su propio futuro sin interferencias externas destructivas, en particular de carácter militar», declaró el Kremlin. Esta postura es diametralmente opuesta a la que Rusia ha adoptado con Ucrania, donde ha demandado un nuevo régimen y limitaciones significativas en su soberanía, interviniendo militarmente para imponer su voluntad. La retórica rusa, por tanto, se presenta como un estudio de caso en la aplicación selectiva del derecho internacional para avanzar sus propios intereses geopolíticos.
La comunidad internacional ya ha condenado a Rusia por violar la soberanía de Ucrania con su invasión a gran escala en 2022. La operación en Venezuela, aunque diferente en su naturaleza y alcance, permite a Rusia presentarse como defensora de los principios del derecho internacional, intentando desviar la atención de sus propias transgresiones. Sin embargo, la evidente contradicción entre sus palabras y sus actos dificulta que esta postura gane credibilidad más allá de sus aliados más cercanos. La condena rusa a Trump resuena hueca para muchos, dada la persistente agresión de Moscú en Europa del Este.
- Rusia condenó la operación como «violación inaceptable de la soberanía» y «agresión armada».
- El Ministerio de Asuntos Exteriores exigió la liberación de Maduro y su esposa.
- Serguei Lavrov expresó «solidaridad con el pueblo venezolano» frente a la agresión.
- La Duma solicitó una convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.
- El Kremlin llamó al diálogo y a respetar el derecho de Venezuela a determinar su futuro sin injerencias.
El Coste Económico y Geopolítico para Moscú
La caída de Nicolás Maduro en Venezuela no es solo un revés político para Rusia, sino que abre un problema inmediato y tangible de dinero y contratos. Venezuela arrastra una notable deuda reestructurada con Rusia, que incluye préstamos significativos vinculados a compras militares y otros acuerdos bilaterales. Antes incluso de la «extracción» de Maduro, los calendarios de pago de esta deuda ya eran extremadamente tensos, reflejando la precaria situación económica del país latinoamericano. Con un cambio de poder, la capacidad y la voluntad del nuevo gobierno para honrar estos compromisos financieros son altamente inciertas, poniendo en riesgo miles de millones de dólares para Moscú.
Además de la deuda soberana, la relación entre Rusia y Venezuela abarcaba una serie de contratos lucrativos en sectores clave como la energía y la minería. Empresas rusas tenían importantes inversiones y operaciones en Venezuela, aprovechando las vastas reservas de petróleo y otros recursos naturales del país. La inestabilidad política y el posible cambio de orientación del nuevo gobierno venezolano podrían llevar a la revisión o cancelación de estos contratos, impactando negativamente los intereses económicos rusos y la rentabilidad de sus empresas estatales y privadas. Este escenario representa un golpe financiero directo que Moscú deberá gestionar.
El impacto económico no se limita solo a la deuda y los contratos directos. La situación en Venezuela, un importante productor de petróleo, puede afectar al mercado energético global. Cualquier interrupción significativa en la producción o exportación de petróleo venezolano podría influir en los precios internacionales del crudo. Si bien Rusia es un gran exportador de energía, un contexto de precios volátiles o un aumento descontrolado no siempre le conviene, especialmente si busca estabilidad en sus ingresos y prefiere un mercado predecible. La incertidumbre generada por la caída de Maduro añade una capa más de complejidad al ya frágil panorama energético mundial, afectando indirectamente los intereses rusos.
El segundo coste, y quizás el más significativo a largo plazo, es de naturaleza geopolítica. Venezuela se había consolidado como una vitrina fundamental de la cada vez más difusa «alianza anti-EEUU» en el hemisferio occidental. Bajo el liderazgo de Hugo Chávez y luego de Nicolás Maduro, Venezuela se erigió como un bastión de resistencia a la influencia estadounidense, cultivando estrechos lazos con Rusia, China e Irán. Esta alianza, aunque a menudo más retórica que práctica, proporcionaba a Rusia un punto de apoyo estratégico y una plataforma para proyectar su poder e influencia en una región históricamente dominada por Washington.
La pérdida de Venezuela como un aliado clave en América Latina debilita la narrativa de un mundo multipolar liderado por Rusia y sus socios. Moscú pierde no solo un socio comercial y deudor, sino también un símbolo de su capacidad para desafiar la hegemonía estadounidense en su propio «patio trasero». Este revés geopolítico se suma a otros desafíos que Rusia enfrenta en su búsqueda por restaurar su estatus de gran potencia y reconfigurar el orden mundial a su favor. La caída de Maduro es un recordatorio de que, a pesar de sus ambiciones, la influencia rusa todavía tiene límites, especialmente cuando se enfrenta a acciones decisivas de Estados Unidos.
- Venezuela mantiene una notable deuda reestructurada con Rusia, incluyendo préstamos militares.
- Los calendarios de pago ya eran tensos antes del cambio de poder en Caracas.
- Empresas rusas tenían importantes contratos e inversiones en los sectores energético y minero venezolano.
- La inestabilidad puede afectar el mercado energético global, impactando los precios del petróleo.
- Venezuela era un pilar de la «alianza anti-EEUU» en el hemisferio occidental, un punto de apoyo geopolítico para Rusia.
La Hipocresía Rusa y el Derecho Internacional
La vehemente condena de Rusia a la operación estadounidense en Venezuela pone en evidencia una profunda hipocresía en su política exterior, especialmente en lo que respecta al respeto por la soberanía y el derecho internacional. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso criticó la acción de Trump como una «violación inaceptable de la soberanía de un Estado independiente», una postura que contrasta drásticamente con la invasión a gran escala de Ucrania en 2022. En Ucrania, Rusia no solo violó la soberanía de un país vecino, sino que también anexó ilegalmente territorios, impuso un bloqueo naval y llevó a cabo ataques indiscriminados contra infraestructura civil, actos que han sido ampliamente condenados por la comunidad internacional.
El Kremlin, que ha demandado un nuevo régimen en Ucrania y ha buscado imponer limitaciones a su soberanía, ahora aboga por el derecho de Venezuela a determinar su propio futuro «sin interferencias externas destructivas, en particular de carácter militar». Esta doble moral es un patrón recurrente en la diplomacia rusa, que a menudo invoca el derecho internacional y la no injerencia cuando le conviene, pero los ignora cuando sus intereses estratégicos están en juego. La «extracción» de Maduro, aunque controvertida, se utiliza por Moscú para proyectar una imagen de defensor de la legalidad internacional, mientras sus propias acciones en Europa del Este son una flagrante violación de esos mismos principios.
La invocación de «principios clave del derecho internacional» por parte de Rusia resuena con un eco vacío para muchos observadores. La Carta de las Naciones Unidas, un pilar del derecho internacional, prohíbe explícitamente el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. Rusia, como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, tiene una responsabilidad especial de defender estos principios, pero ha utilizado su poder de veto para bloquear resoluciones que condenan sus propias acciones en Ucrania, mientras busca condenas contra Estados Unidos por Venezuela. Para más información sobre la Carta de la ONU, se puede consultar el sitio oficial de las Naciones Unidas.
Este patrón de comportamiento subraya la instrumentalización del derecho internacional por parte de Rusia. No se trata de una defensa consistente de la soberanía de los Estados, sino de una táctica para desacreditar a sus rivales geopolíticos y desviar la atención de sus propias transgresiones. La condena a la operación de Trump en Venezuela sirve para reforzar la narrativa rusa de que Estados Unidos es el principal violador de la soberanía global, un argumento que busca ganar tracción entre países del Sur Global que también pueden sentir el peso de la influencia estadounidense.
Sin embargo, la comunidad internacional no ha pasado por alto esta contradicción. La mayoría de los países occidentales y muchos otros han mantenido una postura firme contra la agresión rusa en Ucrania, imponiendo sanciones y brindando apoyo a Kiev. La respuesta rusa a la situación venezolana, aunque vocal, probablemente no alterará la percepción global de Moscú como un actor que ha violado el derecho internacional fundamental. Más bien, refuerza la imagen de una potencia que aplica las reglas de manera selectiva, dependiendo de sus propios intereses nacionales y su estrategia de confrontación con Occidente. La credibilidad de Rusia como adalid de la soberanía está seriamente comprometida por sus propias acciones.
- Rusia condena la violación de la soberanía en Venezuela mientras viola la soberanía de Ucrania.
- El Kremlin exige la no injerencia militar en Venezuela, pero interviene militarmente en Ucrania.
- Rusia invoca el derecho internacional de forma selectiva para desacreditar a Estados Unidos.
- La Carta de la ONU prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de un Estado.
- La hipocresía rusa debilita su credibilidad internacional y su papel como defensor de la legalidad.
Preguntas Frecuentes
¿Por qué la caída de Maduro representa un problema financiero para Rusia?
Venezuela tiene una considerable deuda reestructurada con Rusia, que incluye préstamos militares. La caída de Maduro genera incertidumbre sobre la capacidad y voluntad del nuevo gobierno para honrar estos pagos, además de poner en riesgo contratos e inversiones de empresas rusas en el país.
¿Cuál es el paralelismo entre la operación en Venezuela y la invasión de Ucrania?
Ambas operaciones, la estadounidense en Venezuela y la rusa en Ucrania en 2022, compartían el objetivo de «descabezar» rápidamente al liderazgo adversario (Maduro y Zelenski, respectivamente) para provocar un colapso político. La diferencia clave radica en el éxito de la primera y el fracaso de la segunda.
¿Cómo ha reaccionado oficialmente Rusia a la captura de Maduro?
Rusia expresó «extrema alarma» y condenó la acción como una «violación inaceptable de la soberanía». El Ministerio de Asuntos Exteriores exigió la liberación de Maduro y su esposa, y la Duma pidió una convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.
¿Qué significa el revés geopolítico para Rusia en Venezuela?
Venezuela era un símbolo clave de la «alianza anti-EEUU» en América Latina y un punto de apoyo para la proyección de influencia rusa en el hemisferio occidental. Su caída debilita la narrativa de un mundo multipolar y reduce la capacidad de Moscú para desafiar la hegemonía estadounidense en la región.
¿Por qué se considera «hipócrita» la postura rusa?
Rusia condena la violación de la soberanía en Venezuela, pero ha invadido y violado la soberanía de Ucrania en 2022, exigiendo un cambio de régimen y limitaciones a su autodeterminación. Esta doble moral en la aplicación del derecho internacional ha sido ampliamente criticada por la comunidad global.
¿Qué impacto podría tener la situación en Venezuela en el mercado energético?
Venezuela es un productor de petróleo importante. Cualquier interrupción significativa en su producción o exportación debido a la inestabilidad política podría influir en los precios internacionales del crudo, lo que no siempre conviene a Rusia, que busca estabilidad en sus ingresos energéticos.
Conclusión
La «extracción» de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha desencadenado una compleja reacción en Rusia, que se debate entre la condena a la «violación de la soberanía» y la dolorosa comparación con su propio intento fallido de «descabezar» al gobierno ucraniano en 2022. Para Moscú, la caída del mandatario venezolano no es solo un revés ideológico, sino un problema inmediato y multifacético, con graves implicaciones financieras debido a las deudas y contratos pendientes, y un significativo coste geopolítico al perder un aliado clave en el hemisferio occidental. La retórica rusa, que denuncia la agresión y la injerencia externa, se ve empañada por su propia conducta en Ucrania, revelando una hipocresía que debilita su credibilidad internacional. En el futuro, este evento podría forzar a Rusia a reevaluar sus estrategias de influencia en regiones distantes y a gestionar las repercusiones económicas y diplomáticas de la pérdida de un socio que representaba un pilar de su desafío a la hegemonía estadounidense.
Palabras clave: Rusia, Venezuela, Trump, Maduro, Ucrania, Zelenski, soberanía, geopolítica, deuda, derecho internacional