EEUU Venezuela: Corolario Trump y guerra al chavismo por recursos

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La Casa Blanca ha intensificado en los últimos meses su antagonismo con Venezuela, culminando en un ataque esta madrugada tras un masivo despliegue militar en la región. Bajo la administración de Donald Trump, la confrontación contra el chavismo y Nicolás Maduro se ha perfilado por una compleja red de intereses que incluyen dimensiones ideológicas, geopolíticas, comerciales y el control de recursos naturales estratégicos. Esta escalada, que ignora el derecho internacional y la posible oposición del Congreso, busca no solo la caída del régimen bolivariano, sino también consolidar lo que se ha denominado el «Corolario Trump» para el Hemisferio Occidental, redefiniendo la política exterior estadounidense en la región y más allá, con implicaciones profundas para la estabilidad continental.

La escalada de tensión de EE.UU. contra Venezuela

La relación entre Estados Unidos y Venezuela ha sido históricamente compleja, pero bajo la presidencia de Donald Trump, esta se transformó en un antagonismo abierto y sostenido. Desde su primer mandato, Trump y su administración han adoptado una postura de confrontación directa con el régimen bolivariano de Nicolás Maduro, marcando una diferencia significativa con la diplomacia más cautelosa de administraciones anteriores. Este enfoque se ha manifestado a través de una retórica cada vez más beligerante, que ha incluido amenazas explícitas de intervención militar y la habilitación de operaciones encubiertas.

La retórica de Trump no se ha limitado a declaraciones diplomáticas. El presidente estadounidense ha utilizado plataformas como mítines y redes sociales para calificar a Maduro de «narcoterrorista» y líder de un cártel, acusaciones que, si bien son graves, no siempre han estado respaldadas por pruebas contundentes o consensuadas internacionalmente. La fijación personal del presidente con la imagen de un líder fuerte que actúa como «martillo de enemigos» ha impulsado gran parte de esta política, buscando proyectar una imagen de determinación y éxito en la escena internacional, incluso si ello implica desafiar el derecho internacional o las prerrogativas del Congreso.

Las sanciones económicas han sido una herramienta central en esta estrategia. Aunque la administración de Barack Obama ya había impuesto sanciones a Caracas en 2015, fue en agosto de 2017, bajo Trump, cuando estas se ampliaron significativamente. Se prohibió a los bancos estadounidenses comprar bonos del Tesoro venezolano o de la petrolera estatal, Pdvsa, asfixiando aún más la ya debilitada economía del país sudamericano. Posteriormente, en 2019, tras las elecciones presidenciales de 2018 que Washington calificó de «farsa y fraude», Trump dio un paso audaz al reconocer a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, redoblando las sanciones económicas, suspendiendo vuelos y rompiendo formalmente las relaciones diplomáticas.

En su segundo mandato, la administración Trump ha continuado con esta línea de acción, ajustando su apoyo a figuras opositoras y manteniendo la presión sobre el régimen. El reconocimiento a Edmundo González como figura clave de la oposición y el estrechamiento de lazos con María Corina Machado, quien ha tenido apariciones en podcasts de los hijos del presidente y mantiene un canal directo con la administración a través de figuras como Marco Rubio y el secretario de estado, demuestran una estrategia flexible pero constante. Estas acciones subrayan la persistencia de una política exterior que busca el cambio de régimen en Venezuela, adaptándose a las dinámicas internas de la oposición y a los intereses geopolíticos de Washington en la región.

La Casa Blanca ha dedicado considerable tiempo y recursos a esta campaña, prometiendo en repetidas ocasiones la inminente caída de Maduro. Este compromiso, impulsado por la visión de Trump de su propio legado y su deseo de proyectar fuerza, ha llevado a una serie de acciones que van desde la presión diplomática y económica hasta, más recientemente, un significativo despliegue militar que presagia una nueva fase en la confrontación. La persistencia en esta política, a pesar de los desafíos y las críticas internacionales, refleja una determinación inquebrantable de la administración Trump para alcanzar sus objetivos en Venezuela, cueste lo que cueste.

  • Escalada Retórica: Trump ha elevado el tono, amenazando con ataques y acusando a Maduro de crímenes graves.
  • Sanciones Económicas: Ampliadas desde 2017, afectando a bonos y a Pdvsa, y endurecidas en 2019 tras desconocer las elecciones.
  • Reconocimiento Opositor: Apoyo a Juan Guaidó, Edmundo González y María Corina Machado como figuras clave.
  • Operaciones Encubiertas: Luz verde a la CIA para operar en el país, mostrando una postura más agresiva.
  • Fijación Personal: La imagen de Trump como «martillo de enemigos» impulsa la política exterior hacia Venezuela.
💡 Dato: La Casa Blanca lleva meses perfilando su antagonismo con Venezuela por cuestiones ideológicas, geopolíticas, comerciales y el control de los recursos naturales y enclaves estratégicos.

Los múltiples ejes del antagonismo: ideología, geopolítica y recursos

La compleja relación y la obsesión de Donald Trump y el trumpismo con Venezuela y Nicolás Maduro se articulan sobre numerosos y muy diferentes ejes, cada uno con un peso específico no desdeñable. Estos ejes abarcan desde lo mediático y lo personal hasta lo ideológico, geopolítico, económico, migratorio y petrolero, revelando una estrategia multifacética que busca desestabilizar y, en última instancia, cambiar el régimen en Caracas. La combinación de estos factores ha creado un escenario de tensión constante y creciente.

Desde el punto de vista ideológico, el chavismo representa una antítesis al modelo de democracia liberal y capitalismo que Estados Unidos busca promover, o al menos mantener, en su «patio trasero». La retórica antiimperialista y socialista del gobierno venezolano choca directamente con los principios que históricamente ha defendido Washington. A esto se suma la dimensión personal, donde la imagen de un Maduro desafiante y la respuesta de un Trump que no tolera la disidencia a sus políticas, han alimentado una rivalidad casi personal entre ambos líderes, amplificada por los medios de comunicación y las redes sociales.

En el ámbito geopolítico y económico, el control de los recursos naturales y los enclaves estratégicos de Venezuela es un factor primordial. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, un activo de incalculable valor estratégico. La administración Trump ha expresado abiertamente su interés en estos recursos, acusando a Maduro de ser un «narcoterrorista» y reclamando que los recursos naturales del país deberían ser para «el pueblo venezolano», una frase que a menudo se interpreta como una justificación para una intervención. Este control sobre el petróleo no solo implica beneficios económicos directos, sino también una palanca de influencia global considerable.

El eje migratorio ha sido otro punto clave en la retórica de Trump. Desde la campaña electoral de 2024, el expresidente ha repetido obsesivamente la afirmación de que Venezuela ha enviado a decenas, si no cientos de miles, de criminales a Estados Unidos, vaciando sus cárceles y psiquiátricos para destruir el país. Estas afirmaciones, aunque carecen de pruebas sustanciales y han sido desmentidas por expertos, han servido para galvanizar a su base electoral y justificar políticas migratorias restrictivas. Paradójicamente, mientras se acusa a Venezuela de exportar criminales, la administración Trump ha retirado el estatus de refugiados a cientos de miles de venezolanos huidos de la crisis, y ha multiplicado los vuelos de deportación de vuelta al país.

Finalmente, la lucha contra el narcotráfico ha sido utilizada como una coartada para justificar la presión sobre Venezuela. Trump ha acusado a Maduro de ser el líder del Cártel de los Soles, una organización que, si bien no existe como entidad formal, describe la presunta relación de altos mandos del gobierno bolivariano y del ejército con el narcotráfico. A pesar de que la principal amenaza de drogas definida por la Casa Blanca, el fentanilo, no transita predominantemente por Venezuela, esta acusación ha servido para añadir una capa de criminalidad a la narrativa contra Maduro. Este enfoque ha permitido a la administración Trump justificar una serie de acciones, incluyendo la fluctuación en las restricciones para que empresas petroleras estadounidenses operen en Venezuela, a menudo influenciadas por las peticiones de aliados y amigos en lugares clave como Miami.

  • Eje Mediático y Personal: La rivalidad entre Trump y Maduro amplificada por los medios y redes.
  • Eje Ideológico: Choque entre el chavismo socialista y la visión capitalista de EE.UU.
  • Eje Geopolítico y Económico: Interés por el control de las vastas reservas petroleras y recursos naturales de Venezuela.
  • Eje Migratorio: Acusaciones de Trump sobre Venezuela enviando criminales a EE.UU., a pesar de las deportaciones masivas de venezolanos.
  • Eje de Narcotráfico: Acusaciones de Maduro como líder del «Cártel de los Soles» para justificar la presión.
💡 Dato: La fijación de Donald Trump con Venezuela se entrelaza con intereses geopolíticos por el control de recursos naturales y enclaves estratégicos en el continente.

El ‘Corolario Trump’: Estrategia de Seguridad Nacional y despliegue militar

El reciente ataque ocurrido esta madrugada, cuyos detalles aún están en el aire, no surge de la nada. Es el punto álgido de un proceso de escalada que ha visto a Estados Unidos efectuar el mayor despliegue naval y militar en décadas en la región. La concentración de un portaaviones, destructores, submarinos, helicópteros, cazas y decenas de miles de soldados y marineros en las proximidades de Venezuela hacía prever, de manera casi inevitable, que esta acumulación de fuerza militar no permanecería inactiva. Este escenario recuerda la acumulación de tropas rusas en la frontera con Ucrania, donde la presencia masiva de recursos militares suele ser un preludio a la acción.

Este despliegue masivo es una manifestación tangible de la estrategia delineada por la administración Trump en su segundo mandato. Hace aproximadamente un mes, el Gobierno de Donald Trump publicó su Estrategia de Seguridad Nacional, un documento fundamental que articula los objetivos de la política exterior estadounidense, sus prioridades y su cosmovisión global. Este tipo de documentos son cruciales para entender la dirección que tomará un país en el ámbito internacional, y el de Trump ha sido particularmente revelador por su franqueza y sus implicaciones.

El documento de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump es clarísimo en sus postulados. Además de despreciar a Europa y relativizar la amenaza rusa, dedicó un espacio detallado a definir la agenda para el Hemisferio Occidental. Este mensaje, que ahora, visto lo ocurrido en Caracas, debería hacer que toda Europa reevalúe las advertencias sobre Panamá y Groenlandia, establece un nuevo «Corolario Trump» para la región. Este corolario, una adaptación moderna de la Doctrina Monroe y su corolario Roosevelt, sugiere que Estados Unidos se reserva el derecho de intervenir en los asuntos de las naciones del hemisferio que considere inestables o que amenacen sus intereses, con un énfasis particular en la seguridad y el control de recursos.

La referencia explícita a Panamá y Groenlandia en el contexto de la Estrategia de Seguridad Nacional no es baladí. Panamá, por su canal interoceánico, es un enclave estratégico de comercio global y seguridad. Groenlandia, por su parte, ha sido objeto de interés estadounidense por su posición geoestratégica en el Ártico y sus vastos recursos naturales, llegando incluso a plantearse su compra. Estas menciones, junto con la acción en Venezuela, pintan un cuadro de una política exterior que prioriza el control de puntos neurálgicos y el acceso a recursos, bajo la premisa de «garantizar la seguridad» y la «prosperidad» estadounidense.

En esencia, el «Corolario Trump» para el Hemisferio Occidental se perfila como una doctrina que legitima una intervención más directa y enérgica en la región, bajo el pretexto de la seguridad nacional y la protección de los intereses estadounidenses. No solo busca la caída de regímenes percibidos como hostiles, como el de Maduro, sino que también establece un marco para justificar acciones preventivas o reactivas en cualquier nación del continente que pueda ser vista como una amenaza o una oportunidad estratégica. Este enfoque, que combina una retórica nacionalista y proteccionista con una demostración de fuerza militar sin precedentes, marca un giro significativo en la política exterior de Washington hacia su esfera de influencia histórica. Más información sobre la política exterior de EE.UU.

  • Despliegue Militar Sin Precedentes: Mayor concentración naval y militar en décadas en la región, con portaaviones, destructores y cazas.
  • Estrategia de Seguridad Nacional: Documento clave que define los objetivos y la cosmovisión de la política exterior de Trump.
  • El ‘Corolario Trump’: Una doctrina que reafirma el derecho de EE.UU. a intervenir en el hemisferio por seguridad y recursos.
  • Enclaves Estratégicos: Mención explícita de Panamá y Groenlandia como puntos de interés geoestratégico.
  • Preludio a la Acción: La acumulación de fuerzas militares se interpreta como un paso previo a la intervención.
💡 Dato: El despliegue naval y militar sin precedentes de EE.UU. en la región, sumado a la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Trump, señala una redefinición agresiva de su política exterior hacia América Latina.

Implicaciones para el Hemisferio Occidental y la política exterior

La frase «Queremos garantizar que el Hemisferio O…» con la que concluye el fragmento del documento de Estrategia de Seguridad Nacional, aunque incompleta, es profundamente reveladora. Implica una visión de control y hegemonía estadounidense sobre la región, una renovada aplicación de la Doctrina Monroe, pero bajo el prisma del «Corolario Trump». Esta doctrina no solo se enfoca en la no intervención de potencias externas en América, sino que subraya la prerrogativa de Estados Unidos para intervenir activamente en los asuntos internos de los países del continente cuando considere que sus intereses de seguridad o económicos están en juego. Las implicaciones de esta política son vastas y de largo alcance para toda la región.

Para Venezuela, las consecuencias son inmediatas y dramáticas. Un ataque militar, incluso si sus detalles son aún inciertos, representa una escalada sin precedentes que podría sumir al país en una crisis humanitaria y política aún más profunda. La inestabilidad interna, ya exacerbada por años de sanciones y conflictos, podría alcanzar niveles críticos, afectando no solo a la población venezolana sino también a los países vecinos que han acogido a millones de migrantes. La viabilidad de una solución negociada o una transición pacífica se vería seriamente comprometida por la fuerza militar, estableciendo un peligroso precedente para la diplomacia en la región.

Más allá de Venezuela, el «Corolario Trump» envía un mensaje claro a otros países del Hemisferio Occidental. La mención de Panamá y Groenlandia en la Estrategia de Seguridad Nacional no es accidental. Panamá, con el control de su canal, es un punto vital para el comercio global y la seguridad marítima, y cualquier intento de influir en su autonomía tendría repercusiones internacionales. Groenlandia, un territorio autónomo danés, representa un interés creciente para EE.UU. por su ubicación estratégica en el Ártico y sus recursos naturales, lo que sugiere una expansión del alcance de la política de seguridad estadounidense a nuevas fronteras, incluso fuera de la América continental. Aprende más sobre la Doctrina Monroe.

La política exterior de Trump, caracterizada por su unilateralismo y su desprecio por las instituciones y normas internacionales, plantea serios desafíos al orden global. Al ignorar el derecho internacional y la posible oposición del Congreso, la administración Trump establece un modelo de acción que prioriza la fuerza y los intereses nacionales por encima de la cooperación multilateral. Esta actitud puede erosionar aún más la confianza en las alianzas tradicionales, como las que mantiene con Europa, y fomentar un clima de incertidumbre y desconfianza en las relaciones internacionales. El documento de seguridad nacional ya «desprecia a Europa y relativiza la amenaza rusa», indicando un cambio de prioridades y una redefinición de los aliados.

En última instancia, el «Corolario Trump» para el Hemisferio Occidental es una reafirmación de la potencia estadounidense en su esfera de influencia histórica, pero con una agresividad y una falta de tacto diplomático que podrían generar resistencia y resentimiento. La búsqueda de la seguridad y el control de recursos, aunque presentados como esenciales para Estados Unidos, corren el riesgo de desestabilizar la región, provocar reacciones adversas de otros actores internacionales y, en el proceso, comprometer la propia visión de un hemisferio «seguro» y «próspero». La historia juzgará si esta audaz y controvertida estrategia logra sus objetivos o si, por el contrario, siembra las semillas de conflictos futuros y una mayor polarización global. Conoce el Corolario Roosevelt, antecedente histórico.

  • Hegemonía Regional: El «Corolario Trump» busca reafirmar el control y la influencia de EE.UU. en el Hemisferio Occidental.
  • Riesgo de Inestabilidad: Un ataque militar en Venezuela podría agravar la crisis humanitaria y política, con efectos regionales.
  • Alerta para Otros Países: La mención de Panamá y Groenlandia subraya la expansión del interés estratégico estadounidense.
  • Desafío al Derecho Internacional: La política de Trump prioriza la fuerza y los intereses nacionales sobre las normas globales y la cooperación.
  • Erosión de Alianzas: El unilateralismo y el «desprecio» por Europa pueden debilitar las relaciones tradicionales.
💡 Dato: La Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump busca redefinir la influencia estadounidense en el Hemisferio Occidental, con implicaciones directas para la soberanía y estabilidad de naciones como Venezuela, Panamá y Groenlandia.

Preguntas Frecuentes

¿Cuáles son las principales razones del antagonismo de EE.UU. con Venezuela?

Las razones son multifacéticas: incluyen cuestiones ideológicas por el modelo chavista, intereses geopolíticos por el control de recursos naturales como el petróleo, motivos comerciales, y la percepción de Venezuela como una amenaza a la seguridad regional y los intereses estadounidenses.

¿Desde cuándo se han intensificado las sanciones contra Caracas?

Las sanciones de EE.UU. a Venezuela comenzaron en 2015 bajo Obama, pero se intensificaron drásticamente en agosto de 2017 y nuevamente en 2019 bajo la administración Trump. Estas incluyeron prohibiciones a la compra de bonos venezolanos y la ruptura de relaciones diplomáticas.

¿Qué papel ha jugado Donald Trump en la política hacia Venezuela?

Donald Trump ha sido una figura central, escalando la retórica, imponiendo sanciones severas, reconociendo a Juan Guaidó y otros líderes opositores, y desplegando una estrategia de presión máxima impulsada por una fijación personal con la caída de Nicolás Maduro.

¿Qué es el «Corolario Trump» en el contexto de la política exterior?

El «Corolario Trump» es una doctrina que, inspirada en precedentes históricos, reafirma el derecho de EE.UU. a intervenir en el Hemisferio Occidental para proteger sus intereses, seguridad y control de recursos, a menudo con un enfoque unilateral y de demostración de fuerza.

¿Qué implicaciones tiene el despliegue militar estadounidense en la región?

El masivo despliegue militar en la región tiene implicaciones de desestabilización, señalando una posible intervención. Refleja una estrategia de fuerza para lograr objetivos políticos y geopolíticos, y podría generar una mayor crisis humanitaria y reacciones internacionales adversas.

¿Quiénes son los líderes opositores venezolanos mencionados en el contexto actual?

En el contexto actual, la administración Trump ha reconocido y estrechado lazos con figuras como Juan Guaidó en su primer mandato, y más recientemente con Edmundo González y María Corina Machado, buscando apoyar alternativas al régimen de Nicolás Maduro.

Conclusión

La «guerra al chavismo» liderada por la administración Trump ha trascendido de una confrontación retórica y diplomática a una demostración de fuerza militar sin precedentes en el Hemisferio Occidental. La escalada de antagonismo hacia Venezuela se asienta sobre un entramado complejo de intereses ideológicos, geopolíticos, económicos y migratorios, exacerbados por la fijación personal del presidente Trump y su visión de la política exterior. Las sanciones, las acusaciones de narcoterrorismo y el apoyo a la oposición venezolana han sido componentes clave de esta estrategia, que ahora parece culminar en una acción militar directa.

El «Corolario Trump», delineado en la reciente Estrategia de Seguridad Nacional, representa una reafirmación agresiva del poder e influencia de Estados Unidos en la región, priorizando el control de recursos y enclaves estratégicos por encima del derecho internacional o la cooperación multilateral. Este enfoque unilateralista no solo tiene profundas implicaciones para la estabilidad de Venezuela, sino que también envía un mensaje contundente a otras naciones del continente, redefiniendo las reglas del juego en la esfera de influencia tradicional de Washington. La comunidad internacional, especialmente Europa, se ve ahora obligada a reevaluar las advertencias y amenazas que emanan de esta nueva doctrina, cuya aplicación podría generar un precedente peligroso y una mayor polarización global.

El futuro de Venezuela y la dinámica geopolítica del Hemisferio Occidental penden de un hilo, sujetos a las decisiones de una administración estadounidense dispuesta a ignorar las convenciones en pos de sus objetivos. La tensión actual no solo subraya la fragilidad de la paz regional, sino que también plantea interrogantes fundamentales sobre el respeto a la soberanía nacional y el papel de las grandes potencias en un mundo cada vez más interconectado. La «guerra al chavismo» se ha convertido en un capítulo crítico que definirá, en gran medida, la política exterior estadounidense para los años venideros y el destino de una región marcada por la inestabilidad.

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