Málaga: Andersen se enamoró en 1862 y tiene escultura hoy

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Málaga, la vibrante capital de la Costa del Sol, fue en el otoño de 1862 el escenario de un idilio inesperado con Hans Christian Andersen, el célebre autor danés de cuentos inmortales como «El Patito Feo» y «La Sirenita». Con 57 años, Andersen arribó a la ciudad el 4 de septiembre de aquel año, buscando la luz del sur y un refugio que, sin saberlo, le marcaría profundamente. Tras un periplo por buena parte de España, fue en esta ciudad andaluza donde el escritor encontró una felicidad y un bienestar que lo llevaron a sentenciar: «En ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso y tan a gusto como en Málaga». Esta declaración de amor incondicional ha sido honrada por la ciudad, que hoy rinde homenaje al literato con una escultura a tamaño natural en la Plaza de la Marina, inmortalizando su paso y su profunda conexión con este rincón mediterráneo.

La Huella Inmortal de Andersen en Málaga: La Escultura de la Plaza de la Marina

El otoño de 1862 marcó un hito en la vida del célebre escritor danés Hans Christian Andersen, un viajero incansable que, a sus 57 años, buscaba inspiración y la luz del sur en su periplo por España. Acompañado del joven Jonas Collin, Andersen arribó a Málaga el 4 de septiembre, iniciando una estancia que se prolongaría por aproximadamente quince días en octubre de ese mismo año. Aunque su viaje lo llevó por otras ciudades españolas como Barcelona, Madrid o Granada, fue la capital de la Costa del Sol la que caló hondo en su espíritu, dejándole una impresión tan vívida y positiva que la inmortalizaría en una frase que hoy sirve de mantra para la promoción turística de la ciudad: «En ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso y tan a gusto como en Málaga».

Esta declaración de amor incondicional no ha sido olvidada por Málaga. La ciudad ha sabido reconocer y honrar la profunda conexión que el literato estableció con ella, manteniendo viva su memoria y su legado. El testimonio más visible de este vínculo se encuentra en uno de los puntos más neurálgicos y concurridos de la urbe: la Plaza de la Marina. Justo en la acera que bordea esta plaza, a escasos pasos de la entrada al Puerto y de la emblemática Alameda Principal, una escultura de bronce a tamaño natural rinde un homenaje permanente a la visita de Andersen, convirtiéndose en un punto de encuentro y admiración para locales y turistas.

La obra, inaugurada el 14 de junio de 2005, es fruto del talento del escultor malagueño José María Córdoba. Su creación no fue un encargo cualquiera, sino una petición directa de la Casa Real Danesa, un gesto que subraya la relevancia de la figura de Andersen y los lazos diplomáticos y culturales que unen a la institución nórdica con la ciudad andaluza. Este encargo de tan alto nivel destaca la importancia de la relación entre Dinamarca y Málaga, cimentada en la admiración por uno de sus hijos más ilustres y su amor por la ciudad.

El monumento representa a Hans Christian Andersen de una manera cercana y accesible, sentado en un banco de metal en una pose relajada y afable. Ataviado con su característico sombrero de copa y pajarita, el escritor parece invitar a la compañía. De hecho, el escultor Córdoba dejó deliberadamente un espacio libre junto a él, una invitación silenciosa para que malagueños y visitantes se sienten, se tomen una fotografía y compartan, aunque sea por un breve instante, la misma vista y el mismo ambiente que tanto cautivaron al genio literario. Este detalle interactivo ha convertido la escultura en uno de los puntos fotográficos más queridos de la ciudad, fomentando la interacción y el recuerdo.

Como un detalle entrañable y sutil, que conecta directamente con su obra más universal, de su maletín de viaje asoma la cabeza de un pequeño pato. Este guiño a «El Patito Feo» añade una capa de significado a la escultura, recordándonos la profunda imaginación y el legado de cuentos que Andersen dejó para la humanidad. Es un símbolo de la magia que el autor traía consigo y que, de alguna manera, encontró un hogar en Málaga.

  • Ubicación: Plaza de la Marina, Málaga, cerca del Puerto y Alameda Principal.
  • Inauguración: 14 de junio de 2005.
  • Autor: Escultor malagueño José María Córdoba.
  • Encargo: Directo de la Casa Real Danesa.
  • Características: Escultura de bronce a tamaño natural, Andersen sentado en un banco, espacio libre para interactuar, detalle de un pato asomando del maletín.
💡 Dato: La escultura de Hans Christian Andersen en Málaga fue un encargo directo de la Casa Real Danesa, un gesto que simboliza los profundos lazos culturales y diplomáticos que unen a Dinamarca con la capital de la Costa del Sol, y el reconocimiento de la ciudad como un lugar especial para el célebre autor.

Un Viaje al Corazón de la Málaga del Siglo XIX: La Fonda de Oriente

Para adentrarse en la magnitud del afecto que Hans Christian Andersen profesó por Málaga, es imprescindible recurrir a sus propias palabras, meticulosamente recogidas en su obra «Viaje por España», publicada en 1863. En este libro, el escritor danés narra con detalle sus impresiones y experiencias durante su recorrido por la geografía española, dedicando un espacio significativo a su estancia en la capital malagueña. Sus crónicas no solo revelan su fascinación por la ciudad, sino que también ofrecen una valiosa instantánea de la Málaga del siglo XIX, un retrato vívido de una urbe en plena ebullición.

Durante los aproximadamente quince días de su estancia en octubre de 1862, Andersen se alojó en la renombrada Fonda de Oriente. Este establecimiento, estratégicamente situado en la Alameda Principal —que hoy correspondería al número 8 de esta arteria principal—, no era un hotel cualquiera. Por aquel entonces, la Fonda de Oriente destacaba como uno de los hoteles más modernos y cosmopolitas de la ciudad. Era un punto de encuentro internacional, un crisol de culturas donde el francés y el alemán se escuchaban con tanta frecuencia como el español, un claro reflejo de una Málaga burguesa y comercial, abierta al mundo y conectada con las principales corrientes europeas.

Desde el balcón de su habitación en la Fonda de Oriente, Andersen se convirtió en un observador privilegiado del vibrante teatro de la vida malagueña. Con una capacidad descriptiva asombrosa, narró en sus crónicas el incesante ir y venir de una sociedad diversa y multicultural. Sus escritos dan cuenta de la presencia de beduinos y judíos norteafricanos, que aportaban un toque exótico a las calles, mezclándose con campesinos locales que llegaban a la ciudad con sus productos y elegantes damas ataviadas con mantilla, paseando con distinción. Todo ello transcurría bajo el ritmo pausado pero constante de una ciudad que vivía de cara al mar, marcando su pulso con el ir y venir de los barcos y el comercio portuario.

El autor no solo se detuvo en las escenas diurnas, sino que también capturó la magia de las tardes malagueñas. Detalló cómo, al caer el sol, una banda de música interpretaba en la Alameda Principal fragmentos de óperas, como la célebre «Norma» de Bellini. Esta tradición creaba una atmósfera única, donde lo popular y lo refinado se fusionaban armoniosamente. La música, el bullicio de la gente, los aromas mediterráneos y la luz dorada del atardecer componían un cuadro sensorial que caló hondo en el espíritu del escritor, contribuyendo a la sensación de bienestar y felicidad que experimentó en la ciudad.

La Fonda de Oriente no solo le proporcionó un lugar donde dormir, sino que se convirtió en un observatorio desde donde capturar la esencia de Málaga. Sus descripciones detalladas de la vida cotidiana, la arquitectura, la gente y el ambiente general de la ciudad, han permitido a generaciones posteriores asomarse a una Málaga que ya no existe, pero cuyas huellas perduran en el imaginario colectivo y en los rincones que Andersen tan poéticamente describió. Su estancia allí fue clave para su profundo enamoramiento de la ciudad.

  • Alojamiento: Fonda de Oriente, Alameda Principal, Málaga (actual número 8).
  • Fecha de estancia: Aproximadamente quince días en octubre de 1862.
  • Características de la Fonda: Uno de los hoteles más modernos y cosmopolitas de la época, centro de actividad internacional.
  • Observaciones desde el balcón: Diversidad de gentes (beduinos, judíos, campesinos, damas), bullicio urbano, banda de música interpretando ópera al atardecer.
  • Fuente: Libro «Viaje por España» (1863).
💡 Dato: La Fonda de Oriente, donde se alojó Hans Christian Andersen en Málaga, era en 1862 uno de los hoteles más modernos y cosmopolitas de la ciudad, con huéspedes que hablaban francés y alemán tan a menudo como español, reflejando una Málaga burguesa y abierta al mundo.

Andersen y la Magia Mediterránea: Bienestar y Cosmopolitismo

La combinación única de factores que encontró Hans Christian Andersen en Málaga fue lo que verdaderamente conquistó su corazón y su espíritu. La luz mediterránea, con su intensidad y calidez, el clima benévolo que ofrecía un respiro del rigor de los inviernos nórdicos, y un ambiente cosmopolita y vibrante, crearon un cóctel perfecto que se alineó con las necesidades del escritor. Málaga le ofreció una experiencia sensorial y emocional que pocas otras ciudades de su vasto recorrido lograron igualar, transformando temporalmente su temperamento.

Andersen, conocido por su carácter a menudo melancólico, hipocondríaco y propenso a la introspección, experimentó en Málaga una inusual y bienvenida sensación de bienestar físico y anímico. La suavidad del clima, el aire puro del mar y la vitalidad de la vida urbana parecieron obrar una especie de milagro en su salud y su estado de ánimo. Este contraste con su habitual disposición lo hizo aún más receptivo a los encantos de la ciudad, reforzando la idea de que Málaga poseía una cualidad curativa y revitalizante para él, un refugio donde sus inquietudes se disipaban bajo el sol andaluz.

La acogida que recibió en la Fonda de Oriente también jugó un papel crucial en este idilio. Tras su regreso de Granada, el escritor fue recibido en el hotel malagueño con una calidez y familiaridad que él mismo describió, asegurando que le trataron «como a un viejo amigo». Esta hospitalidad, combinada con la belleza del entorno y el ambiente vibrante, terminó por sellar su idilio con la ciudad. Sentirse valorado y bienvenido en un lugar tan ajeno a su Dinamarca natal fue un factor determinante para que Málaga se grabara tan profundamente en su memoria y en su corazón.

Las descripciones de Andersen en «Viaje por España» no solo son un registro de su ruta, sino un testimonio de cómo la ciudad influyó en su percepción y en su obra. La riqueza de los detalles sobre la vida en la Alameda, la diversidad de sus gentes y la música al atardecer, no son meras anotaciones; son el reflejo de un alma que encontró en Málaga un oasis de felicidad y creatividad. La ciudad le proporcionó una fuente de inspiración y una pausa vital, alejada de las presiones de su vida habitual, permitiéndole disfrutar plenamente de la experiencia española.

Este episodio en la vida de Andersen es un recordatorio de cómo los lugares pueden tener un impacto profundo en el espíritu humano, especialmente en aquellos con una sensibilidad artística. Málaga no fue solo una parada en su itinerario, sino un destino que le ofreció una conexión emocional y un respiro, consolidando su reputación como una ciudad de acogida, luz y alegría, cualidades que el escritor danés supo capturar y transmitir para la posteridad. Su experiencia se ha convertido en una parte intrínseca de la identidad malagueña.

  • Factores de atracción: Luz mediterránea, clima benévolo, ambiente cosmopolita.
  • Impacto personal: Inusual sensación de bienestar físico y anímico, a pesar de su carácter melancólico e hipocondríaco.
  • Hospitalidad: Recibido «como a un viejo amigo» en la Fonda de Oriente tras su regreso de Granada.
  • Consecuencia: Selló su idilio con Málaga, convirtiéndola en su ciudad española favorita.
  • Legado: Sus escritos en «Viaje por España» reflejan esta profunda conexión y bienestar.
💡 Dato: Hans Christian Andersen, conocido por su carácter melancólico, experimentó en Málaga una «inusual sensación de bienestar físico y anímico», lo que subraya el profundo impacto positivo que la ciudad tuvo en su espíritu.

Legado Vivo: Más Allá de la Escultura, el Rastro de Andersen en la Ciudad

La conexión de Hans Christian Andersen con Málaga trasciende la imponente escultura de bronce en la Plaza de la Marina. Las huellas de su paso y el eco de sus palabras continúan resonando en el callejero y en la memoria colectiva de la ciudad, demostrando que su idilio con la capital de la Costa del Sol fue mucho más que una visita fugaz. Málaga ha sabido tejer la figura del autor danés en su propia narrativa, consolidándolo como una parte entrañable de su patrimonio cultural y turístico.

Uno de los homenajes más significativos, aunque quizás menos visible para el transeúnte despistado, se encuentra en la entrada del edificio que hoy ocupa el solar de la antigua Fonda de Oriente, en la Alameda Principal. Allí, un hermoso mosaico de cerámica, donado por la colonia danesa en 1987, reproduce la famosa cita de Andersen sobre su felicidad en Málaga. Este mosaico no solo es un recordatorio del lugar exacto donde el escritor se hospedó, sino también un testimonio duradero de la gratitud de sus compatriotas por el amor que Andersen profesó a la ciudad y la forma en que Málaga ha correspondido a ese afecto. Es un punto de interés para aquellos que buscan seguir los pasos del autor.

Además, el Cementerio Inglés, el camposanto protestante más antiguo de la península ibérica, constituye otro punto clave en la ruta anderseniana por Málaga. Durante su estancia, Andersen visitó este lugar y lo describió con admiración, cautivado por su belleza serena y su significado histórico. Hoy en día, el Cementerio Inglés sigue utilizando los textos del danés como uno de sus grandes reclamos históricos y culturales, ofreciendo a los visitantes una perspectiva única a través de los ojos del célebre escritor. La descripción de Andersen añade una capa de profundidad y romanticismo a este espacio, invitando a la reflexión y al descubrimiento de su historia.

La Málaga actual, transformada en un referente cultural y turístico de primer orden, ha sabido capitalizar su rica historia y su patrimonio. La gestión inteligente de sus recursos ha puesto en valor no solo sus museos, su gastronomía y sus playas, sino también las historias y las personalidades que la han configurado. La figura de Hans Christian Andersen, con su emotiva declaración de amor, se ha integrado perfectamente en esta estrategia, sirviendo como un poderoso imán para visitantes que buscan conexiones auténticas con la historia y la cultura de los lugares que exploran.

En esencia, la Málaga de hoy sigue siendo esa ciudad de luz, de acogida y de vitalidad que enamoró al escritor hace más de un siglo y medio. La escultura de José María Córdoba en la Plaza de la Marina, con su invitación a la interacción, permanece allí como un testigo de bronce de esa verdad intemporal: que, efectivamente, en ningún otro lugar se respira la dicha y la autenticidad como en Málaga. El legado de Andersen es un recordatorio constante de la capacidad de la ciudad para cautivar y dejar una huella imborrable en el corazón de quienes la visitan, perpetuando su eslogan turístico más orgánico y sincero.

  • Mosaico de cerámica: En la Alameda Principal, en el solar de la antigua Fonda de Oriente, reproduce la cita de Andersen.
  • Donación: Realizado por la colonia danesa en 1987.
  • Cementerio Inglés: Visitado y descrito con admiración por Andersen, hoy utiliza sus textos como reclamo histórico.
  • Impacto turístico: La figura de Andersen contribuye al atractivo cultural y turístico de Málaga.
  • Legado continuo: La ciudad sigue siendo la «ciudad de la dicha» que Andersen describió.
💡 Dato: El Cementerio Inglés de Málaga, el camposanto protestante más antiguo de la península, sigue utilizando hoy las descripciones de Hans Christian Andersen en sus textos como uno de sus principales atractivos históricos y culturales.

Preguntas Frecuentes

¿Cuándo visitó Hans Christian Andersen Málaga?

Hans Christian Andersen llegó a Málaga el 4 de septiembre de 1862, y su estancia más significativa se prolongó por aproximadamente quince días durante el mes de octubre de ese mismo año, como parte de un extenso viaje por España.

¿Qué eslogan turístico dejó Andersen para Málaga?

Andersen dejó una frase icónica que hoy es el mejor eslogan turístico de la ciudad: «En ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso y tan a gusto como en Málaga». Esta declaración refleja su profunda conexión y felicidad en la capital andaluza.

¿Dónde se encuentra la escultura de Hans Christian Andersen en Málaga?

La escultura de Hans Christian Andersen se ubica en la Plaza de la Marina, en pleno centro de Málaga. Está en la acera que linda con la plaza, muy cerca de la entrada al Puerto y de la Alameda Principal, invitando a la interacción con los visitantes.

¿Quién encargó la escultura de Andersen en Málaga?

La escultura fue un encargo directo de la Casa Real Danesa, lo que subraya la importancia de la figura de Andersen y los lazos culturales entre Dinamarca y Málaga. El escultor malagueño José María Córdoba fue el autor de la obra, inaugurada en 2005.

¿En qué hotel se hospedó Andersen durante su estancia en Málaga?

Hans Christian Andersen se hospedó en la histórica Fonda de Oriente, situada en la Alameda Principal. En su época, era uno de los hoteles más modernos y cosmopolitas de Málaga, y hoy en su solar un mosaico recuerda su famosa cita sobre la ciudad.

¿Qué otros homenajes existen a Andersen en Málaga además de la escultura?

Además de la escultura, Málaga rinde homenaje a Andersen con un mosaico de cerámica en la Alameda Principal, en el lugar de la antigua Fonda de Oriente. Asimismo, el Cementerio Inglés utiliza sus descripciones como reclamo histórico, manteniendo vivo su legado.

Conclusión

La historia de Hans Christian Andersen y Málaga es un testimonio perdurable de cómo un lugar puede cautivar el alma de un viajero, transformando una visita en un idilio que trasciende el tiempo. La declaración de amor del célebre autor danés, quien se sintió «dichoso y a gusto» como en ninguna otra ciudad española, se ha convertido en el mejor embajador de Málaga, resonando aún hoy con una fuerza innegable. La ciudad, con una admirable gestión de su patrimonio y su memoria, ha sabido honrar este vínculo, inmortalizando al escritor en una escultura en la Plaza de la Marina que invita a la interacción y al recuerdo, y manteniendo su rastro vivo en otros puntos emblemáticos como la antigua Fonda de Oriente y el Cementerio Inglés.

El encanto de la Málaga del siglo XIX, con su luz mediterránea, su clima benévolo y su ambiente cosmopolita, obró un efecto sanador en el, a menudo melancólico, Andersen, proporcionándole un bienestar físico y anímico que no encontró en otros destinos. Este impacto profundo y personal es lo que confiere a su conexión con Málaga una autenticidad única. La ciudad no fue solo una parada en su itinerario, sino un refugio espiritual y una fuente de inspiración que dejó una huella imborrable tanto en el autor como en la propia identidad malagueña.

Hoy, la Málaga moderna, convertida en un referente cultural y turístico de primer orden, sigue siendo esa ciudad acogedora y vibrante que enamoró al cuentista. La figura de Hans Christian Andersen y su legado son un recordatorio constante de la capacidad de la ciudad para cautivar a quienes la visitan, invitándolos a sentarse junto a su escultura y compartir, aunque sea por un instante, la misma dicha que experimentó el genio de las letras. Su historia es un capítulo fundamental en el rico tapiz cultural de Málaga, una prueba fehaciente de que el encanto de la ciudad es tan eterno como sus cuentos.

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