Bomberos forestales: Despidos 2024 tras campaña incendios España

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Miles de bomberos forestales en España, considerados héroes durante las devastadoras campañas de incendios veraniegas, se enfrentan a un futuro incierto y precario cuando las llamas se apagan, siendo despedidos al concluir la temporada o realizando tareas de prevención en condiciones laborales inaceptables. Este panorama desolador afecta a trabajadores fijos discontinuos en diversas comunidades autónomas, quienes, a pesar de la crítica labor que desempeñan en la protección del medio ambiente y la vida, luchan por el reconocimiento de su categoría profesional y por una estabilidad que les permita vivir dignamente durante todo el año. La descentralización de competencias en materia de incendios y la tardía creación de una categoría profesional específica en 2025, aún no aplicada plenamente, perpetúan una situación de abandono que pone en riesgo tanto su bienestar como la eficacia de la prevención de futuros desastres. La paradoja es clara: España ya no arde, pero la precariedad de quienes la defienden sigue latente, amenazando la sostenibilidad de un servicio esencial.

Héroes de verano, invisibles en invierno: la realidad de los bomberos forestales

Cuando el calor aprieta y las llamas amenazan con devorar vastas extensiones de terreno, los bomberos forestales se convierten en la primera línea de defensa, los rostros visibles de la lucha contra los incendios que asolan España cada verano. Sin embargo, una vez que las temperaturas bajan y los fuegos se extinguen, la cruda realidad de la precariedad laboral se apodera de este colectivo esencial. Miles de estos profesionales, muchos de ellos bajo la modalidad de fijos discontinuos, son despedidos, dejando un vacío no solo en sus vidas personales, sino también en la estrategia de prevención y gestión forestal del país. La frase de Alfonso Ferrero, «Al final no puedes aguantar más trabajar en verano y en invierno no saber de qué vas a comer», encapsula la desesperación y la inestabilidad que marcan la vida de quienes, paradójicamente, garantizan la seguridad de nuestros montes.

Alfonso Ferrero, quien finalmente consiguió una plaza fija como conductor de parque móvil en la Comunidad de Madrid en diciembre de 2024, representa el arduo camino que muchos deben transitar. Antes de esta estabilidad, su trayectoria laboral fue un «baile» constante, alternando entre trabajos verticales, poda en altura, formación y otras ocupaciones, todo ello mientras dedicaba 16 veranos de su vida a lo que él considera su verdadera vocación: ser bombero forestal. Esta narrativa personal no es una excepción, sino el reflejo de una situación sistémica donde la dedicación y el riesgo asumido durante la campaña de incendios no se traducen en un reconocimiento profesional ni en una seguridad laboral a largo plazo. La falta de continuidad en el empleo no solo afecta la economía de las familias, sino que también provoca una pérdida de experiencia y conocimiento vital para el sector.

La naturaleza de los contratos fijos discontinuos, aunque legalmente reconocidos, genera una profunda brecha en la vida de estos trabajadores. Durante unos meses al año, están en primera línea, arriesgando su integridad física y mental para proteger el patrimonio natural y humano. Sin embargo, el resto del año, se ven obligados a buscarse la vida en otros sectores, a menudo con trabajos temporales y mal remunerados, o recurriendo a prestaciones por desempleo que no compensan la falta de un salario estable. Esta intermitencia laboral desincentiva la permanencia en la profesión, provocando que muchos, como indica Ferrero, «abandonen» el sector, privando a España de personal cualificado y con experiencia crucial para la gestión de emergencias forestales.

La situación es aún más alarmante si consideramos el impacto a largo plazo. La inestabilidad fomenta la rotación de personal, lo que dificulta la formación continua y la acumulación de experiencia en un ámbito tan especializado y peligroso. Cada nuevo ciclo de incendios puede encontrarse con equipos menos cohesionados o con un porcentaje significativo de personal nuevo que requiere una inversión adicional en capacitación. Esta dinámica no solo es ineficiente, sino que también puede comprometer la seguridad de los propios bomberos y la efectividad de las operaciones de extinción y prevención. La inversión en personal estable y bien formado debería ser una prioridad estratégica para un país tan vulnerable a los incendios forestales como España.

  • La mayoría de los bomberos forestales trabajan bajo contratos fijos discontinuos, siendo despedidos tras la campaña de verano.
  • La inestabilidad laboral fuerza a los profesionales a buscar empleos temporales el resto del año, afectando su calidad de vida.
  • La alta rotación de personal debido a la precariedad dificulta la acumulación de experiencia y formación especializada.
  • La falta de reconocimiento profesional persiste a pesar de la vital labor que desempeñan en la protección del medio ambiente.
💡 Dato: En la Comunidad de Madrid, el número de efectivos de extinción de Tragsa y la parte pública desciende de 650 en verano a solo 300 en invierno, dejando la prevención en niveles mínimos a pesar de que el 50% de su superficie es propensa a incendios.

Un rompecabezas autonómico: la lucha por la categoría profesional

La gestión de los incendios forestales en España es un complejo mosaico de competencias, donde cada comunidad autónoma tiene la potestad de organizar sus propios dispositivos de prevención y extinción. Esta descentralización, si bien permite una adaptación a las particularidades geográficas y climáticas de cada región, ha generado una disparidad abismal en las condiciones laborales de los bomberos forestales. Las diferencias se manifiestan en los tipos de contrato, los salarios, la formación, los equipos e incluso en el reconocimiento oficial de su profesión. Durante décadas, la figura del bombero forestal no existía como categoría profesional unificada, obligando a estos trabajadores a ser encuadrados como «peones de caza» o «conductores», una situación que subraya la falta de valoración institucional de su labor especializada y peligrosa.

La situación comenzó a cambiar, al menos sobre el papel, con la creación de la categoría profesional de bombero forestal en 2025. Sin embargo, esta medida tan esperada no ha sido la panacea que muchos esperaban. Según las denuncias del colectivo, la aplicación de esta nueva categoría está siendo lenta e inconsistente, especialmente en comunidades donde una parte significativa del dispositivo depende de empresas privadas, como es el caso de Castilla y León. En estas regiones, la externalización de servicios a menudo se traduce en condiciones laborales aún más precarias, salarios más bajos y una menor inversión en la profesionalización del personal. La ausencia de un marco legal uniforme y de una voluntad política firme para implementar la categoría en todo el territorio nacional perpetúa la fragmentación y la injusticia. Para comprender mejor la naturaleza de estos contratos, se puede consultar la información sobre el contrato de trabajo fijo discontinuo en España.

Las implicaciones de esta disparidad son profundas. Un bombero forestal en una comunidad puede tener un contrato estable y acceso a formación continua, mientras que su homólogo en una región vecina se enfrenta a la incertidumbre del fijo discontinuo y a la falta de recursos básicos. Esta situación no solo es inequitativa para los trabajadores, sino que también puede afectar la coordinación y la eficacia en la respuesta a grandes incendios que, por su naturaleza, no entienden de fronteras administrativas. La solidaridad entre equipos, como la vivida por la unidad BRIF de Cuenca que compartía avituallamiento con los bomberos de Castilla y León durante los devastadores incendios de 2022, es un testimonio de la resiliencia humana, pero también una señal de las carencias estructurales que deberían ser abordadas a nivel estatal.

La reivindicación de una categoría profesional unificada y su plena aplicación es fundamental para dignificar la profesión y garantizar un servicio de calidad. Implicaría no solo el reconocimiento oficial, sino también la estandarización de requisitos de formación, protocolos de seguridad, salarios justos y condiciones laborales estables. Esto permitiría atraer y retener talento, reducir la rotación y construir equipos más experimentados y preparados para enfrentar el creciente desafío de los incendios forestales en un contexto de cambio climático. La cohesión del sistema de bomberos forestales en España no puede depender únicamente de la buena voluntad o la capacidad presupuestaria de cada comunidad, sino que requiere un compromiso nacional para asegurar un estándar mínimo de calidad y equidad.

  • La gestión descentralizada de incendios genera grandes diferencias en las condiciones laborales entre comunidades autónomas.
  • La categoría profesional de bombero forestal, creada en 2025, no se aplica de manera uniforme ni efectiva en todo el territorio.
  • La externalización de servicios en algunas comunidades agrava la precariedad y dificulta el reconocimiento profesional.
  • La falta de un marco unificado compromete la coordinación y la eficacia en la lucha contra grandes incendios transfronterizos.
  • La dignificación de la profesión exige la plena implementación de una categoría profesional con estándares homogéneos.
💡 Dato: Hasta la creación de la categoría profesional de bombero forestal en 2025, muchos trabajadores eran encuadrados bajo categorías genéricas como «peones de caza» o «conductores», sin reconocer la especificidad y el riesgo de su labor.

La prevención, el eslabón débil: un riesgo constante para España

Mientras la extinción de incendios acapara titulares y la atención pública durante los meses de verano, la prevención, la pieza fundamental para evitar que los fuegos se descontrolen, languidece en la sombra, a menudo con recursos insuficientes y personal limitado. La precariedad laboral de los bomberos forestales, especialmente la reducción drástica de efectivos fuera de la campaña estival, tiene un impacto directo y devastador en las tareas preventivas. Alfonso Ferrero lamenta que en la Comunidad de Madrid, donde el 50% de la superficie es propensa a incendios, la falta de personal reduce la actuación preventiva a menos del 1% del territorio. Esta negligencia en la prevención no solo es una oportunidad perdida, sino una bomba de relojería que se reactiva con cada nueva temporada de sequía y altas temperaturas.

La labor de prevención implica un conjunto de tareas complejas y continuas que van mucho más allá de la simple limpieza de matorrales. Incluye la creación y mantenimiento de cortafuegos, la gestión de la biomasa, la educación ambiental, la vigilancia del monte y la realización de quemas controladas, entre otras acciones. Estas actividades requieren personal cualificado y disponible durante todo el año para ser efectivas. Sin embargo, al despedir a miles de bomberos forestales en invierno, se desmantela una parte crucial de este dispositivo, dejando los bosques vulnerables a la acumulación de combustible vegetal y a la propagación incontrolada de incendios. Los incendios forestales son un problema multifactorial, y la falta de prevención es uno de los elementos clave que los agrava. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico destaca la importancia de una gestión forestal integral para mitigar estos riesgos.

El capataz Antonio Mármol, de una cuadrilla BRIF en Cuenca, ilustra perfectamente el contraste entre la necesidad de prevención y la realidad de los recursos. Su equipo, incluso en un frío día de noviembre, realiza tareas de mantenimiento y desbroce en una pista forestal, una labor esencial que, si no se hiciera, convertiría el camino en un desfiladero intransitable y un foco potencial de incendios. Sin embargo, estas cuadrillas son la excepción, no la regla. La inversión en prevención es significativamente menor que la destinada a la extinción, a pesar de que numerosos estudios demuestran que cada euro invertido en prevención puede ahorrar muchos más en costes de extinción y en daños ambientales y económicos. La mentalidad reactiva, que prioriza la extinción una vez que el fuego ha comenzado, en lugar de una proactiva de prevención, sigue siendo predominante.

La falta de personal cualificado para la prevención tiene consecuencias directas en la magnitud y la virulencia de los incendios. Un monte bien gestionado y limpio es más resistente al fuego y, en caso de incendio, facilita la labor de los equipos de extinción. Por el contrario, la acumulación de combustible y la ausencia de cortafuegos efectivos convierten pequeños focos en grandes incendios incontrolables, con un impacto devastador en la biodiversidad, la calidad del aire y la seguridad de las poblaciones. La precariedad de los bomberos forestales no solo es un problema laboral, sino una amenaza directa para la resiliencia de nuestros ecosistemas y la seguridad de nuestros ciudadanos. Es urgente un cambio de paradigma que priorice la prevención y garantice la estabilidad laboral de quienes la hacen posible.

  • La reducción de efectivos en invierno compromete seriamente las tareas de prevención de incendios.
  • La prevención abarca desde la gestión de biomasa hasta la vigilancia y educación ambiental, requiriendo personal constante.
  • La inversión en prevención es desproporcionadamente menor que en extinción, a pesar de su mayor rentabilidad a largo plazo.
  • Un monte sin gestión preventiva es más vulnerable a incendios virulentos y difíciles de controlar.
  • La estabilidad laboral de los bomberos forestales es crucial para una estrategia de prevención eficaz y continua.
💡 Dato: Expertos en gestión forestal estiman que por cada euro invertido en prevención de incendios se pueden ahorrar entre 4 y 7 euros en gastos de extinción y recuperación de áreas afectadas.

Historias de dedicación y precariedad: voces desde el frente

Detrás de las estadísticas y las cifras de incendios, existen historias personales de dedicación inquebrantable y de una lucha constante por la dignidad laboral. Alfonso Ferrero, con 16 veranos de experiencia en la extinción de incendios, se considera bombero forestal aunque el sistema no se lo reconozca plenamente. Su travesía por diversos empleos para subsistir fuera de la temporada de fuegos es un testimonio del sacrificio personal que exige esta profesión. La precariedad no solo mina la economía familiar, sino que también erosiona la moral y el sentido de pertenencia a un colectivo vital. La frase «Al final no puedes aguantar más trabajar en verano y en invierno buscarte la vida y no saber de qué vas a comer» no es una queja aislada, sino el grito de muchos que se ven forzados a abandonar su vocación.

A poco más de dos horas de Madrid, en la Serranía de Cuenca, Antonio Mármol, capataz de una cuadrilla BRIF, encarna otra faceta de esta dedicación. Con 42 años y 20 de ellos en el dispositivo de incendios, las últimas 11 campañas en Cuenca, Mármol ha forjado su vida alrededor de esta profesión. «Conocí el amor y me compré una casa», relata, un testimonio que subraya la necesidad de una carrera estable para construir un futuro. Su experiencia en el devastador verano de 2022 en Castilla y León, donde las «peleas que tuvimos con el fuego las perdimos. Todas», es un recordatorio de la dureza y la frustración que enfrentan. La imagen de los bomberos de Castilla y León con «un bocadillo de mortadela que olía mal» mientras sus compañeros de Castilla-La Mancha compartían sus raciones, es un símbolo de las profundas desigualdades y la camaradería forjada en la adversidad.

Estas narrativas personales revelan que la precariedad de los bomberos forestales no es solo un problema de contrato, sino una cuestión que afecta la identidad, la estabilidad familiar y la capacidad de planificar el futuro. La falta de continuidad en el empleo dificulta el acceso a hipotecas, la formación de familias o la inversión en bienes duraderos, anclando a muchos en una situación de vulnerabilidad constante. La decisión de «abandonar» la profesión, mencionada por Ferrero, no es una elección fácil, sino una renuncia forzada a una vocación por la imposibilidad de sostener una vida digna. Esto tiene un coste incalculable para la sociedad, que pierde a profesionales con una experiencia invaluable en un campo donde cada segundo y cada decisión cuentan.

La extensión de la actividad de los bomberos forestales y la estabilidad de sus contratos son argumentos clave que esgrimen estos profesionales. No se trata solo de garantizar un salario, sino de reconocer la importancia de su labor durante todo el año, no solo en la extinción, sino también en las cruciales tareas de prevención. Un empleo estable permitiría una mayor profesionalización, con acceso a formación continua y a la especialización necesaria para enfrentar los desafíos futuros, como los mega-incendios impulsados por el cambio climático. Las historias de Alfonso y Antonio son un llamado a la acción, a mirar más allá de la temporada de incendios y a construir un sistema que valore y proteja a quienes nos protegen. La resiliencia de estos trabajadores es admirable, pero su vulnerabilidad es una responsabilidad colectiva que exige soluciones urgentes y estructurales.

  • Alfonso Ferrero ha dedicado 16 veranos a la extinción, sintiéndose bombero forestal sin el pleno reconocimiento laboral.
  • La inestabilidad laboral impacta directamente en la capacidad de los profesionales para construir una vida estable, como adquirir una vivienda.
  • Antonio Mármol, con 20 años de servicio, ha sido testigo de las duras condiciones y la falta de recursos en algunas comunidades.
  • La solidaridad entre regiones durante los incendios evidencia las disparidades en medios y condiciones laborales.
  • Muchos profesionales se ven obligados a abandonar la vocación debido a la imposibilidad de una vida digna y estable.
💡 Dato: La experiencia acumulada por bomberos forestales veteranos es un activo invaluable que se pierde con la alta rotación de personal, impactando negativamente en la eficacia operativa y la transmisión de conocimientos.

Preguntas Frecuentes

¿Por qué los bomberos forestales sufren precariedad laboral en España?

La precariedad se debe principalmente a los contratos fijos discontinuos, que implican despidos tras la campaña de incendios, la falta de una categoría profesional unificada hasta 2025 y la descentralización de competencias en las comunidades autónomas, que genera disparidades en las condiciones laborales y salariales.

¿Qué significa ser un bombero forestal «fijo discontinuo»?

Un bombero forestal fijo discontinuo es un trabajador con un contrato indefinido, pero cuya actividad se interrumpe y reanuda periódicamente, generalmente ligada a la temporada de incendios. Esto implica periodos de inactividad laboral sin sueldo, forzándolos a buscar otros trabajos o depender de prestaciones.

¿Cómo afecta la descentralización de competencias a estos profesionales?

La gestión autonómica de los incendios crea un mosaico de condiciones laborales distintas. Cada comunidad decide sobre contratos, salarios, y recursos, lo que lleva a grandes desigualdades y dificulta la coordinación o la implementación de una categoría profesional única a nivel nacional.

¿Se ha creado una categoría profesional específica para bomberos forestales?

Sí, en 2025 se creó una categoría profesional específica. Sin embargo, su aplicación está siendo lenta e inconsistente, especialmente en comunidades con servicios externalizados, donde muchos siguen sin ver reconocida su labor bajo esta nueva figura.

¿Cuál es el impacto de la precariedad en la prevención de incendios?

La precariedad y los despidos invernales reducen drásticamente el personal dedicado a tareas de prevención y mantenimiento durante los meses fuera de la campaña. Esto deja los montes vulnerables a la acumulación de combustible, aumentando el riesgo y la virulencia de futuros incendios.

¿Qué soluciones se proponen para mejorar la situación de los bomberos forestales?

Se propone la plena aplicación de la categoría profesional, la extensión de los contratos para cubrir tareas de prevención durante todo el año, la unificación de criterios a nivel nacional y una mayor inversión en recursos humanos y materiales para garantizar la estabilidad y dignificación de la profesión.

Conclusión

La situación de los bomberos forestales en España es un claro ejemplo de la paradoja entre el reconocimiento social en momentos de crisis y la precariedad laboral estructural. Tras las peores campañas de incendios de las últimas décadas, miles de profesionales que arriesgan su vida para proteger nuestros montes y poblaciones se ven abocados al desempleo o a condiciones laborales inestables una vez que las llamas se apagan. La figura del fijo discontinuo, la gestión fragmentada por comunidades autónomas y la lenta implementación de una categoría profesional unificada, creada apenas en 2025, son factores que perpetúan esta vulnerabilidad, empujando a muchos a abandonar una vocación esencial.

La precariedad no solo impacta en la vida personal de estos trabajadores, afectando su capacidad para construir un futuro estable, sino que también tiene graves consecuencias para la eficacia de la prevención de incendios en España. La reducción de efectivos en invierno deja desatendidas tareas cruciales de gestión forestal, convirtiendo nuestros bosques en polvorines latentes. Es imperativo un cambio de paradigma que priorice la prevención como una inversión estratégica y que garantice la estabilidad y el reconocimiento de quienes la hacen posible. Solo así podremos construir un sistema más resiliente y justo, capaz de enfrentar el creciente desafío de los incendios forestales en un contexto de cambio climático. La dignidad de los bomberos forestales es la seguridad de nuestros montes.

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