Los experimentados pilotos de Pont Grup, Lorenzo Santolino y Javier Vega, se preparan para su octava incursión en el mítico Rally Dakar, con un objetivo claro para la edición de 2026: «sufrir lo menos posible, no caerme y llegar intacto». Esta prioridad refleja la sabiduría de dos veteranos que, a pesar de la emoción y el «runrún en la barriga» que precede a la carrera, saben que la resistencia física y la integridad de la moto son fundamentales. Mientras Santolino aspira a repetir la euforia de haber cruzado la meta en primer lugar en una etapa anterior, Vega busca reafirmar su maestría en la desafiante categoría ‘Originals’ sin asistencia. Ambos se embarcan hacia Arabia Saudita con la ilusión de dominar las etapas, manteniendo el respeto por el desierto que les han enseñado las ediciones pasadas.
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Preparación y Expectativas ante el Desafío del Dakar 2026
A escasos días del inicio de una de las pruebas de resistencia más exigentes del mundo, los pilotos Lorenzo Santolino y Javier Vega comparten sus sensaciones. Santolino, a pesar de haberse roto el dedo gordo en el último mes, expresa su impaciencia: «Yo con muchas ganas de que pase y estar ya en la carrera. Con ganas de que empiece el sufrimiento este que me gusta». Esta declaración encapsula la mentalidad de un competidor nato, que ve en la adversidad una parte inherente y estimulante del desafío. La cuenta atrás no solo es una espera, sino también una fase de preparación mental intensa, donde el cuerpo y la mente se ajustan a la inminente exigencia física y psicológica.
Por su parte, Javier Vega describe un periodo de relajación estratégica antes de la partida: «Nos quedan unos 10 días para irnos; relajándonos a la hora de entrenar para evitar caídas y cualquier percance y ya con el runrún en la barriga». Para los pilotos, esta fase es crucial para evitar lesiones de última hora que puedan comprometer su participación. El «runrún en la barriga» es un sentimiento compartido, esa mezcla de nerviosismo y excitación que solo el Dakar puede provocar, una señal de que la aventura, con sus peligros y recompensas, está a la vuelta de la esquina.
Sobre el conocimiento de las etapas, ambos coinciden en la escasez de información detallada por parte de la organización. Santolino explica: «Tenemos las pinceladas generales, porque cada vez dan menos información. Nos dijeron kilometrajes, que habrá más que el año pasado; un poco el tipo de terreno, las ciudades por las que pasaremos». Esta ambigüedad obliga a los pilotos a desarrollar una capacidad de adaptación y gestión en tiempo real. La estrategia se basa en la interpretación diaria de la información, anticipando posibles dificultades y estando preparados para cualquier imprevisto, desde terrenos rocosos hasta dunas interminables.
Vega, compitiendo en la categoría ‘Originals’ sin asistencia, debe planificar con mayor meticulosidad el uso de sus recursos limitados. «En mi categoría (Originals, sin asistencia) llevamos seis juegos de ruedas, y tratas de calcular el cambio cada dos días, pero habrá piedras, están diciendo, así que vas eligiendo un poco el neumático que nos dure un poquito más». Esta gestión de los neumáticos es un ejemplo claro de cómo la falta de asistencia convierte cada decisión en una pieza vital para la supervivencia en la carrera. La información general, aunque escasa, permite tomar decisiones previas fundamentales para minimizar riesgos y optimizar el rendimiento.
- Preparación Física y Mental: Adaptación a la lesión de Santolino y relajación estratégica de Vega.
- Gestión de la Incertidumbre: Planificación con información limitada sobre las etapas.
- Objetivos Prioritarios: Minimizar el sufrimiento, evitar caídas y asegurar la integridad física.
- Estrategia de Recursos: Cálculo preciso del uso de neumáticos para la categoría ‘Originals’.
- Ambición Deportiva: Santolino busca destacar en etapas; Vega aspira al top cinco en su categoría.
La Estrategia en el Desierto: Dakar Originals y la Gestión del Riesgo
Los objetivos de Santolino y Vega para esta edición del Dakar, más allá de la pura competición, se centran en la supervivencia y la consistencia. Santolino lo resume con claridad meridiana: «Yo espero sufrir lo menos posible, no caerme y llegar intacto. Esa es la prioridad. Y dentro de eso, intentar hacer el resultado. Poder destacar en alguna etapa, e ir sumando para que el final sea óptimo». Esta perspectiva refleja la madurez de un piloto que entiende que el Dakar es una carrera de eliminación, donde la prudencia y la gestión del riesgo son tan importantes como la velocidad pura. La meta es cruzar la línea final, y solo entonces, evaluar el rendimiento general.
Javier Vega, en la categoría ‘Originals’, tiene una visión similar, pero adaptada a las particularidades de su desafío. «Yo voy a hacerlo lo mejor posible en mi categoría. He visto quiénes están inscritos y hay por lo menos tres pilotos más rápidos que yo. Puedo estar en el top cinco. Tienen que pasar muchas cosas; a mí siempre me pasan muchas cosas, pero al resto también. Así que es importante no caerse, mantener la moto intacta e ir día a día». La categoría ‘Originals’, sin asistencia externa, exige una autogestión extrema, donde la habilidad mecánica y la resiliencia son puestas a prueba constantemente. Vega es consciente de que la regularidad y evitar errores son clave para superar a rivales potencialmente más rápidos.
La influencia de la «suerte» en el Dakar es un tema recurrente, y ambos pilotos ofrecen una perspectiva matizada. Santolino argumenta: «Influye la mala suerte. La buena es trabajo. Mala suerte puedes tener con un problema, una caída, algo con lo que no cuentas. Pero la suerte es el trabajo que has hecho desde que te empiezas a preparar el Dakar». Para él, lo que a menudo se percibe como buena suerte es, en realidad, el fruto de una preparación exhaustiva, de la capacidad de resolver problemas en el momento justo y de la experiencia acumulada en navegación y mecánica. La «suerte» es estar preparado para las adversidades, minimizando su impacto.
Vega complementa esta visión, enfatizando la imprevisibilidad de la carrera: «El Dakar son 12 etapas, 13 días, cada día es muy largo y un día te puede ir bien y al siguiente mal. En un Dakar pasan muchas cosas». Esta afirmación resalta que, a pesar de la preparación, el Dakar siempre guarda sorpresas. La capacidad de reponerse de un mal día, de mantener la moral alta y de seguir compitiendo es lo que distingue a los verdaderos dakarianos. La carrera es un maratón de desafíos constantes, donde cada etapa es una batalla única que requiere una estrategia adaptada.
- Prioridad de Seguridad: El objetivo principal es la integridad física y mecánica.
- Estrategia de Consistencia: Ir día a día, evitando errores y manteniendo la moto intacta.
- Dakar Originals: Desafío sin asistencia, enfocándose en la autogestión y la habilidad mecánica.
- La «Suerte» como Trabajo: La buena suerte es resultado de la preparación; la mala suerte, un imprevisto.
- Resiliencia Diaria: La capacidad de gestionar los altibajos de cada una de las 12 etapas.
Dakar: Del Espíritu Sudamericano al Terreno Saudita
Ambos pilotos debutaron en el Dakar en 2019, en Perú, una edición que marcó el final de la era sudamericana del rally. Santolino, que tuvo la oportunidad de correr también en Argentina y Chile antes de su debut en Perú, destaca una diferencia fundamental entre ambos continentes: «Lo que cambia más es el ambiente de la gente. Había muchísima afición, conocían la carrera, estaban en la salida a pie de pista. Y eso en Arabia no hay». La pasión y el fervor de la afición latinoamericana creaban una atmósfera única, un vínculo cultural con el deporte del motor que, según los pilotos, no se replica en el desierto saudita, aunque reconocen un incipiente crecimiento del interés.
A pesar de la menor afluencia de público, Santolino elogia la diversidad y espectacularidad del entorno en Arabia Saudita: «En cuanto a entorno, Arabia tiene sitios espectaculares, mucha variedad, con todo tipo de terreno: arenoso, piedras, cañones, planos, mucha duna, poca duna. Hay mucha opción. Pero sí me gustaría salir a otro país». Esta variedad de paisajes y superficies representa un desafío técnico constante para los pilotos, que deben adaptar su estilo de conducción y la configuración de sus motos a cada tipo de terreno. Sin embargo, la nostalgia por la interacción con la gente sigue presente, y la idea de explorar nuevas geografías para el rally es atractiva.
Javier Vega añade otra observación clave sobre la transición: «Aparte de la afición la diferencia entre el de Suramérica y el primero de Arabia es que pensábamos que íbamos al desierto y pasamos un frío tremendo. En eso ha cambiado mucho el Dakar». La percepción de un desierto cálido contrastó con las bajas temperaturas experimentadas, añadiendo una capa inesperada de dificultad. Esta variabilidad climática es un factor más a considerar en la preparación y estrategia, demostrando que el desierto puede ser tan impredecible como fascinante.
La evolución del Dakar, especialmente desde su integración en el campeonato mundial, ha llevado a reflexiones sobre si la carrera ha perdido parte de su esencia aventurera. Vega comenta: «Lo que sí noté es cuando pasó a formar parte del mundial. Se perdió parte de la dureza de un Dakar, que es el recorrido, los enlaces de tantísimos kilómetros, y que era como un casino: al segundo día te podías ir a casa. Ahora no, ahora te puedes reenganchar hasta tres veces». Si bien la posibilidad de reengancharse ofrece una segunda oportunidad a los competidores (especialmente importante dado el alto coste de la participación), algunos veteranos sienten que ha disminuido la implacabilidad de la prueba, aquella sensación de «apostar por el rojo o el negro» sin red de seguridad. Este cambio es un reflejo de la modernización y profesionalización del evento, buscando un equilibrio entre la tradición de aventura y las exigencias de un deporte de élite global.
- Ambiente y Afición: Gran contraste entre la pasión sudamericana y el aislamiento saudita.
- Diversidad del Terreno: Arabia Saudita ofrece una riqueza paisajística y técnica inigualable.
- Condiciones Climáticas: El factor sorpresa del frío en el desierto saudita.
- Evolución del Formato: El impacto de la integración al mundial y la opción de reengancharse.
- Pérdida de Dureza: Debate sobre si la modernización ha restado algo de la esencia «casino» del Dakar.
Un Día de Extrema Aventura y las Anécdotas Inolvidables
El relato de un día en el Dakar pinta un cuadro vívido de la brutalidad y la belleza de la carrera. Santolino describe una jornada típica: «El inicio de la especial, digamos la zona cronometrada, siempre es cuando amanece, porque es cuando pueden volar los helicópteros. Previamente hay un enlace; si es largo, y suelen ser entre 100 y 200 kilómetros, toca madrugar mucho. Te sueles despertar sobre las tres y media o cuatro». Después de la especial, que puede durar entre cuatro y seis horas, sigue otro enlace al siguiente campamento, sumando un total de horas sobre la moto que agotarían a cualquiera. La rutina es implacable, diseñada para exprimir al máximo la resistencia de los participantes.
Para Javier Vega, un día es similar, pero con matices adicionales debido a su categoría ‘Originals’. «Para mí es todo igual, pero un poco más lento. Quitar la tienda de campaña, guardar el saco, hacer la maleta, la llevamos al camión que nos transporta la organización. El día anterior ya dejamos preparada la caja de herramientas. Desayunamos y cogemos la moto para salir». La logística de ir sin asistencia implica tareas adicionales que roban tiempo y energía. Además, la posición de salida influye significativamente: «Si estás del 50 para atrás, te empiezan a pasar muchos coches y camiones y cada vez te retrasas más». Esta situación le obliga a intentar una prólogo fuerte para evitar el polvo y las trazas de otros vehículos, buscando una carrera más limpia.
Las anécdotas, tanto divertidas como aterradoras, son parte intrínseca de la experiencia del Dakar. Santolino recuerda con humor: «El año pasado yo le dije al equipo, con los mecánicos de Sherco: ‘si ganamos una etapa, le cortamos el pelo a uno de los mecánicos’. Lo tenía muy guay, larguito. Y resultó que ganamos la etapa 3 y ese día cogimos la maquinilla y… trazas por aquí, trazas por allá, pelo largo por aquí. Un destrozo impresionante». Esta historia refleja la camaradería y la euforia que se viven en el equipo cuando se alcanzan los objetivos, incluso en medio del agotamiento.
Vega comparte una anécdota que ilustra la soledad y los pequeños desafíos cotidianos de los ‘Originals’: «En mi caso, a pesar de ir sin equipo, todo mi equipo son los pilotos ‘originals’, que somos unos 30. Cuando llegamos al campamento cada uno va montando su tienda de campaña, que son todas iguales. La pones aquí, la mueves allá. Cuando acabas la mecánica te vas a cenar. Y cuando regresas a la zona, de noche, a oscuras, no sabes cuál es la tuya, ni sabes en cuál te metes». Este detalle, aparentemente trivial, subraya la constante necesidad de autonomía y la capacidad de resolver problemas en condiciones extremas, incluso encontrar la propia tienda en la oscuridad.
Pero el Dakar también tiene momentos de verdadero miedo. Santolino relata una experiencia escalofriante con Nasser Al-Attiyah: «Llegó Nasser Al-Attiyah, que era el primero de los coches y me fue alcanzando. Me sonó el sentinel… Lo vi, me pasó y empezó a acelerar, y me envolvió en polvo y no veía nada. Esperé para volver a ir rápido… y a los tres o cuatro minutos me pitó de nuevo el sentinel. Miré para atrás y no vi a nadie, y me volví a girar hacia delante y me encontré con Nasser de frente, que se había equivocado y volvía directo hacia mí. No pasó nada, pero la sensación fue de que estábamos muy muy cerca. Ahí me asusté». Este incidente subraya los peligros inherentes a la carrera, donde los errores de navegación pueden tener consecuencias graves.
Vega también vivió un momento crítico en su primer Dakar en Sudamérica: «Perdí mucho tiempo en arreglar una moto y tenía que pasar por una puerta o nos la cerraban y quedaba descalificado… Se me hizo de noche y me perdí totalmente. De repente vi las luces de un camión, que era Jordi Juvanteny de KH7 y le dije, ‘tío, me he perdido'». Seguir a un camión en la oscuridad y el polvo fue una experiencia «inhumana», pero le salvó de la descalificación. Al llegar, se encontró con otro desafío menor pero frustrante: la falta de esterillas para dormir, mientras Santolino, que llegó antes, había acaparado tres. «Yo, yo me cogí tres. Ya era tarde, no venía nadie más y dije ‘bueno, pues hacemos un poquito más de cama'». Estas historias, que combinan el heroísmo con lo absurdo, son el corazón del Dakar.
- Rutina Extenuante: Madrugones, largos enlaces y especiales de varias horas.
- Logística ‘Originals’: Tareas adicionales y desafíos como encontrar la tienda en la oscuridad.
- Anécdotas Divertidas: La promesa de cortar el pelo tras una victoria de etapa.
- Momentos de Peligro: Encuentros cercanos con otros vehículos y pérdidas de rumbo en la oscuridad.
- Camaradería y Supervivencia: Ayuda entre pilotos y la lucha por las comodidades básicas.
Preguntas Frecuentes
¿Cuál es el objetivo principal de Santolino y Vega para el Dakar 2026?
El objetivo primordial de ambos pilotos es «sufrir lo menos posible, no caerme y llegar intacto». Priorizan la seguridad y la integridad física y mecánica sobre el resultado, aunque Santolino aspira a destacar en alguna etapa y Vega a entrar en el top cinco de su categoría.
¿Qué diferencia hay entre el Dakar en Sudamérica y en Arabia Saudita?
La principal diferencia es la afición: en Sudamérica había una gran pasión y presencia del público, mientras que en Arabia Saudita es más aislado. Sin embargo, Arabia ofrece una mayor variedad de terrenos espectaculares, aunque con sorpresas climáticas como el frío.
¿Cómo se prepara un piloto para las etapas desconocidas del Dakar?
Los pilotos reciben solo «pinceladas generales» sobre kilometrajes y tipos de terreno. La preparación se basa en la capacidad de gestionar la incertidumbre, interpretar la información día a día y estar preparados para cualquier circunstancia imprevista que pueda surgir en el desierto.
¿Qué implica la categoría ‘Originals’ en la que compite Javier Vega?
La categoría ‘Originals’ significa competir sin asistencia externa. Javier Vega debe realizar todas las reparaciones y el mantenimiento de su moto, además de gestionar sus propios recursos como los neumáticos, lo que exige una gran autonomía y habilidad mecánica.
¿Cómo influye la suerte en el rendimiento de un piloto en el Dakar?
Según Santolino, la «mala suerte» son problemas inesperados, pero la «buena suerte» es el resultado del trabajo y la preparación. La capacidad de resolver problemas, gestionar la navegación y ser competitivo en cada etapa es el fruto del esfuerzo constante, no de la fortuna.
¿Qué impacto tiene el Dakar en los pilotos al regresar a la vida normal?
Al regresar, los pilotos experimentan un «bajón» y cambios en sus patrones de sueño. Santolino describe despertarse fresco a las cinco de la mañana y sentir que «va tarde» si se levanta a las seis, mostrando cómo el ritmo extremo del Dakar altera la percepción del tiempo y la energía.
Conclusión
La octava aventura de Lorenzo Santolino y Javier Vega en el Rally Dakar se presenta como un testimonio de su pasión inquebrantable por el desafío, la aventura y la superación personal. A pesar de los años y la experiencia, el «gusanillo» de la espera y la emoción siguen intactos, impulsándolos a enfrentar el desierto saudita con una mezcla de ambición y pragmatismo. Su enfoque en la seguridad, la gestión del riesgo y la resiliencia subraya la madurez que han adquirido a lo largo de sus numerosas participaciones.
Desde la exigente preparación física y mental, pasando por la minuciosa planificación de recursos en la categoría ‘Originals’, hasta la adaptación a las condiciones cambiantes del terreno y la escasa información de la organización, cada aspecto del Dakar es un reto que abordan con profesionalidad. Han sido testigos de la evolución de la carrera, desde el fervor de Sudamérica hasta la diversidad paisajística de Arabia Saudita, y han aprendido a respetar la imprevisibilidad del desierto y las «muchas cosas» que pueden ocurrir en sus 12 etapas.
Las anécdotas compartidas, desde el divertido corte de pelo tras una victoria hasta los aterradores encuentros con otros vehículos o la lucha por una esterilla, humanizan la imagen de estos héroes del desierto, mostrando que, más allá de la competición, el Dakar es una experiencia vital que forja lazos y deja recuerdos imborrables. Al regresar a casa, el cuerpo y la mente tardan en readaptarse, prueba de la intensidad de lo vivido. Santolino y Vega encarnan el espíritu indomable del Dakar, una carrera donde la verdadera victoria es, a menudo, simplemente llegar intacto y haberlo disfrutado al máximo.
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