El reconocido periodista y escritor Martín Llade, figura emblemática de RTVE, se prepara para un nuevo año al frente de la retransmisión del célebre Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena. Llade, conocido por su profundo conocimiento musical y su particular estilo, también ha lanzado recientemente su última obra literaria, ‘El último concierto de Viena’. Esta novela negra transporta a los lectores a los orígenes del icónico evento en 1939, desentrañando la enigmática figura de su creador, Clemens Krauss. En una conversación reveladora, el autor no solo profundiza en los misterios de su libro, sino que también comparte reflexiones personales sobre los «pecados capitales», proponiendo la procrastinación como el octavo, y revelando cómo estas imperfecciones humanas han influido incluso en los más grandes compositores de la historia. Una invitación única para iniciar el año con música, intriga y una pizca de autocrítica.
Índice de Contenidos
Martín Llade: Entre la Música y la Procrastinación
Martín Llade, la voz que acompaña a millones de españoles cada 1 de enero en la retransmisión del Concierto de Año Nuevo de Viena para RTVE, se ha consolidado como una figura indispensable en la divulgación musical y cultural. Sin embargo, detrás de su impecable trayectoria, Llade confiesa una lucha muy humana con los «pecados capitales» de la vida cotidiana. Durante una reciente entrevista, el periodista y escritor abrió su corazón para hablar de sus propias flaquezas, revelando una sorprendente honestidad que lo acerca aún más a su audiencia.
Uno de los «pecados» que Llade admite abiertamente es la gula. Con una sonrisa, confiesa: «No consigo controlar la gula y eso que debería porque soy hipertenso». Esta lucha se intensifica en épocas festivas, donde, según él, la tentación de una bandeja de cigalas o un buen jamón se vuelve irresistible. Esta confesión resuena con muchos, mostrando que incluso aquellos que parecen tener una vida pública ordenada enfrentan desafíos personales que los conectan con la experiencia humana universal.
Pero si hay un pecado que Llade considera merecedor de un puesto de honor en la lista, es la procrastinación. A pesar de su prolífica carrera, que incluye la escritura de libros y la producción de un relato diario durante doce años para su programa ‘Sinfonía de la mañana’, se describe como un «gran procrastinador». Su audaz propuesta es clara: «La procrastinación debería ser el octavo pecado capital». Esta afirmación, lejos de ser una excusa, refleja una reflexión profunda sobre la tendencia humana a posponer tareas, incluso cuando la creatividad y la productividad son evidentes en otras áreas de su vida.
La aparente contradicción entre su autoproclamada pereza y su inmensa producción creativa es notable. Llade explica: «Soy perezoso pero solo de pensamiento, no de obra. Tengo tantas cosas que hacer que no me da tiempo». Esta distinción es clave, sugiriendo que su mente puede divagar o posponer, pero su compromiso con el trabajo y su pasión por la música y la narración lo impulsan a la acción. Su capacidad para encontrar inspiración en el vasto mundo de los compositores y sus anécdotas es, sin duda, la fuente inagotable de sus relatos diarios.
- Martín Llade confiesa su dificultad para controlar la gula, especialmente ante manjares como cigalas o jamón, a pesar de ser hipertenso.
- Propone la procrastinación como el «octavo pecado capital», a pesar de su impresionante ritmo de trabajo.
- Ha mantenido un relato diario en ‘Sinfonía de la mañana’ durante doce años, demostrando una disciplina creativa asombrosa.
- Encuentra inspiración constante en las anécdotas y vidas de los compositores clásicos para sus narraciones.
‘El Último Concierto de Viena’: Un Viaje a los Orígenes y sus Sombras
Más allá de su rol como comentarista musical, Martín Llade se adentra en el mundo de la ficción con su última novela, ‘El último concierto de Viena’. Este libro, catalogado como una novela negra, ofrece una perspectiva fascinante y, en ocasiones, sombría sobre uno de los eventos musicales más queridos y esperados del año. La elección del género no es casual, permitiendo a Llade explorar las complejidades humanas y los contextos históricos que dieron forma al concierto.
La trama de la novela se sumerge en los orígenes del Concierto de Año Nuevo, situando su inicio en el año 1939. Este período histórico, marcado por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, añade una capa de tensión y drama a la narrativa. Llade explora cómo un evento de aparente celebración musical pudo nacer en un momento tan convulso, revelando las contradicciones y las intrigas que a menudo subyacen a los grandes acontecimientos culturales. La novela no solo entretiene, sino que también invita a la reflexión sobre la historia y el arte.
En el corazón de la historia se encuentra la enigmática figura de Clemens Krauss, el creador del concierto. Krauss, un director de orquesta prominente de su tiempo, es presentado a través de un lente que examina sus motivaciones y su papel en un contexto político y social complejo. Llade utiliza la ficción para desvelar aspectos menos conocidos de su vida y decisiones, tejiendo una red de misterio que mantiene al lector enganchado. La novela sugiere que los orígenes de este evento no fueron tan idílicos como la imagen que proyecta hoy en día.
La obra de Llade no solo es una pieza literaria, sino también un puente entre el pasado y el presente del Concierto de Año Nuevo. Al desenterrar los orígenes y los personajes involucrados, el autor ofrece una nueva dimensión a la experiencia de ver la retransmisión anual. El libro invita a los espectadores a mirar más allá de la música festiva y a considerar el profundo trasfondo histórico y humano que la envuelve, enriqueciendo así la apreciación de este evento cultural global.
- ‘El último concierto de Viena’ es una novela negra que explora los complejos orígenes del Concierto de Año Nuevo.
- La trama se ambienta en 1939, un año crucial que añade dramatismo y profundidad histórica a la narrativa.
- El libro desvela la figura de Clemens Krauss, el enigmático creador del concierto, y sus motivaciones.
- Ofrece una perspectiva intrigante sobre cómo un evento musical festivo pudo nacer en un contexto de guerra y conflicto.
Los Pecados Capitales en el Mundo de la Composición
Al adentrarse en el universo de los grandes compositores, Martín Llade no solo encuentra inspiración para sus relatos, sino también un terreno fértil para reflexionar sobre los «pecados capitales» que han marcado la historia de la música. Según Llade, si tuviera que elegir un pecado capital que define el mundo de la composición, la respuesta sería inequívoca: la vanidad. Sin embargo, esta vanidad, en el contexto de genios como Mozart o Beethoven, es casi perdonable, incluso esperable. «¿Tú no le perdonarías a un Mozart o a un Beethoven que fueran vanidosos?», pregunta retóricamente, sugiriendo que su talento monumental justificaba, en cierta medida, su elevada autoestima.
La verdadera cuestión, y lo que Llade considera un pecado genuino, surge cuando la vanidad se manifiesta en ausencia de talento. «Lo que me parece pecado es que lo sean aquellos que no tienen talento», afirma, destacando una de las grandes frustraciones de los genios musicales. Esta situación, donde otros sin mérito aparente lograban triunfar o ascender, generaba una profunda molestia en los verdaderos maestros. La intriga y la habilidad para moverse en los círculos adecuados a menudo eran más valoradas que la propia genialidad, lo que provocaba un ambiente de competencia y resentimiento.
El arte de la intriga, a lo largo de las épocas, ha sido una herramienta poderosa en el mundo de la música, permitiendo a individuos con un talento más «normal» asegurar puestos y reconocimientos. Esta realidad era particularmente difícil de aceptar para los grandes genios, quienes veían cómo sus contemporáneos menos dotados prosperaban a través de conexiones y maniobras políticas. Este escenario no solo generaba frustración, sino que servía como caldo de cultivo para otros pecados capitales, como la envidia y la ira, abriendo la puerta a un ciclo vicioso de resentimiento y conflicto.
Llade sugiere que esta dinámica de envidia y confrontación no era una excepción, sino una constante en la vida de muchos compositores. Las cartas y relatos de la época están repletos de anécdotas que ilustran cómo la vanidad inicial, al chocar con la realidad de la intriga y el éxito inmerecido de otros, se transformaba en un torbellino de emociones negativas. Este análisis ofrece una visión más matizada y humana de figuras históricas que a menudo idealizamos, recordándonos que, incluso los más grandes artistas, eran susceptibles a las mismas flaquezas que el resto de la humanidad.
- La vanidad es identificada por Llade como el principal pecado capital en el mundo de la composición.
- Considera que la vanidad es perdonable en genios como Mozart y Beethoven, pero no en aquellos sin talento.
- La frustración de los grandes compositores surgía cuando otros, con menos talento, triunfaban gracias a la intriga y las conexiones.
- Este ambiente generaba envidia e ira, demostrando cómo un pecado podía abrir la puerta a otros.
Un Compositor para Cada Pecado: Un Recorrido Pecaminoso
La idea de asociar un compositor a cada pecado capital resulta tan ingeniosa como reveladora, y Martín Llade no duda en aceptar el reto. Su profundo conocimiento de la historia de la música y las biografías de sus protagonistas le permite trazar un «mapa pecaminoso» que humaniza a estas figuras legendarias. Este ejercicio, lejos de ser un juicio, es una forma divertida y perspicaz de entender las personalidades y los comportamientos que a menudo se entrelazaban con su genio musical, ofreciendo una perspectiva fresca y accesible sobre su legado.
Comenzando con la lujuria, Llade no titubea al señalar a Giacomo Puccini. El compositor italiano, conocido por óperas como ‘La Bohème’ o ‘Madama Butterfly’, tuvo una vida personal que a menudo estuvo marcada por intensas relaciones y pasiones, lo que lo convierte en un candidato ideal para encarnar este pecado. Su música, a menudo cargada de un romanticismo ardiente y dramático, parece reflejar la intensidad de sus propias emociones y experiencias amorosas, dejando una huella imborrable en la historia de la ópera.
Para la gula y la pereza, Llade elige a Gioachino Rossini. El compositor de ‘El Barbero de Sevilla’ era célebre por su amor por la buena mesa y su tendencia a la indolencia, especialmente después de sus grandes éxitos. La anécdota que Llade comparte es perfecta para ilustrar su pereza: «Una vez estaba tumbado en la cama, se le cayó un aria y, por no levantarse a cogerla, escribió otra». Esta historia, que roza lo cómico, pinta un retrato vívido de un genio que valoraba su comodidad tanto como su arte, y cuya creatividad podía surgir de la más inesperada de las circunstancias.
La avaricia encuentra su mejor representante en Igor Stravinsky. Llade lo confirma: «Stravinsky era muy famoso por ser especialmente avaricioso». El compositor ruso, una figura central de la música del siglo XX, era conocido por su meticulosidad en los negocios y su habilidad para negociar contratos, asegurando siempre el máximo beneficio por sus obras. Esta faceta de su personalidad, aunque menos romántica que su genio musical, es un recordatorio de que incluso los artistas más vanguardistas debían navegar por las realidades económicas de su tiempo.
La envidia, un sentimiento tan humano, es atribuida a Wolfgang Amadeus Mozart. Llade explica que Mozart «tenía mucha envidia de los que triunfaban antes que él y se despachaba contra ellos en sus cartas, como con el pobre Muzio Clementi». Es crucial la aclaración de Llade: «Pero no envidiaba el talento sino el éxito». Esta distinción es fundamental, ya que sugiere que la frustración de Mozart no radicaba en la falta de sus propias habilidades, sino en ver a otros menos talentosos alcanzar la fama y la fortuna antes que él, lo que provocaba su ira epistolar.
La ira, sin duda, tiene un nombre: Ludwig van Beethoven. La personalidad tempestuosa del compositor alemán es legendaria. Llade relata un episodio emblemático: «Cuando su amigo Ferdinand Ries le dijo que su tercera sinfonía era demasiada larga, le tiró un tintero a la cabeza». Este incidente subraya la intensidad de su carácter y su poca tolerancia a la crítica, especialmente cuando se trataba de su obra más personal. La pasión que ponía en su música se reflejaba también en la fuerza de sus emociones, lo que lo convierte en el arquetipo de la ira creativa.
Finalmente, la soberbia es encarnada por Richard Wagner y Jean-Baptiste Lully. De Wagner, Llade dice: «Wagner era muy soberbio. Lo que pasa es que lo que se creía de sí mismo era cierto». La megalomanía de Wagner se manifestó en su ambición de construir un teatro exclusivamente para sus obras, un acto de autoafirmación sin precedentes. Lully, por su parte, logró un monopolio absoluto de la música teatral en Francia, impidiendo a otros escribir óperas o ballets sin su permiso. Ambos ejemplos ilustran cómo la soberbia, combinada con un talento innegable y una astucia política, podía llevar a los compositores a ejercer un control casi despótico sobre su arte y su entorno. Para más detalles sobre la vida de Wagner, se puede consultar su biografía en Wikipedia.
- Lujuria: Giacomo Puccini, por su vida personal y la pasión en su música.
- Gula y Pereza: Gioachino Rossini, famoso por su buen apetito y la anécdota del aria.
- Avaricia: Igor Stravinsky, conocido por su habilidad para negociar y asegurar beneficios económicos.
- Envidia: Wolfgang Amadeus Mozart, quien envidiaba el éxito de otros, no su talento.
- Ira: Ludwig van Beethoven, cuya impetuosidad se manifestaba ante la crítica, como con Ferdinand Ries.
- Soberbia: Richard Wagner, por su ambición de un teatro propio, y Jean-Baptiste Lully, por su monopolio musical.
Preguntas Frecuentes
¿Quién es Martín Llade y cuál es su rol en RTVE?
Martín Llade es un periodista y escritor español, reconocido por su labor en RTVE. Es el encargado de retransmitir el Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena y presenta el programa ‘Sinfonía de la mañana’, donde ha creado relatos diarios durante doce años.
¿De qué trata el libro ‘El último concierto de Viena’ de Martín Llade?
‘El último concierto de Viena’ es una novela negra que explora los orígenes del Concierto de Año Nuevo en 1939. La trama se centra en la enigmática figura de su creador, Clemens Krauss, y desvela las circunstancias históricas y personales que rodearon el nacimiento de este evento musical.
¿Cuál considera Martín Llade que debería ser el «octavo pecado capital»?
Martín Llade propone que la procrastinación debería ser el «octavo pecado capital». A pesar de su prolífica carrera, se considera a sí mismo un gran procrastinador, aunque aclara que su pereza es más de pensamiento que de obra.
¿Qué pecado capital atribuye Llade a la mayoría de los compositores?
Martín Llade atribuye la vanidad como el pecado capital predominante en el mundo de la composición. Considera que, aunque perdonable en genios como Mozart, es un verdadero pecado en aquellos que carecen de talento y aun así buscan el reconocimiento.
¿Qué compositores son ejemplos de lujuria y avaricia según Llade?
Según Martín Llade, Giacomo Puccini encarnaría la lujuria debido a su vida personal apasionada. Para la avaricia, señala a Igor Stravinsky, conocido por su habilidad para negociar y asegurar beneficios económicos por su trabajo.
¿Cómo ejemplifica Martín Llade la pereza de Rossini?
Llade ejemplifica la pereza de Rossini con una anécdota: una vez, mientras estaba tumbado en la cama, se le cayó un aria y, por no levantarse a recogerla, decidió escribir una nueva. Esto ilustra el carácter indolente del famoso compositor.
Conclusión
La figura de Martín Llade se erige como un puente fascinante entre el rigor periodístico, la narrativa literaria y la profunda apreciación musical. Su retransmisión del Concierto de Año Nuevo de Viena y su novela ‘El último concierto de Viena’ no solo ofrecen entretenimiento de alta calidad, sino que también invitan a una reflexión más profunda sobre la historia y la naturaleza humana. A través de sus confesiones personales y su ingenioso análisis de los «pecados capitales» en el mundo de la composición, Llade nos recuerda que la genialidad a menudo coexiste con imperfecciones muy humanas. Este enfoque multidimensional enriquece nuestra comprensión de los artistas y sus obras, demostrando que la cultura es un espejo donde se reflejan tanto las virtudes como las flaquezas de la humanidad. Empezar el año con Llade es sumergirse en una experiencia que combina lo elevado de la música con la picardía de la introspección personal e histórica.
Palabras clave: Martín Llade, Concierto Año Nuevo Viena, El último concierto de Viena, Pecados capitales, Compositores clásicos